DÍA
DE LA IGLESIA DIOCESANA:
UNA
HISTORIA POR DESCUBRIR
Nuestra parroquia, la que
tengamos más cercana, quizá la de nuestro barrio, o donde vayamos habitualmente
a misa. ¿Qué vemos? Una construcción más o menos reciente, o que puede tener
varios siglos, y con un determinado valor artístico.
Pero ese lugar, ese
edificio, es la casa del Señor y de su Pueblo, que se congrega para celebrar
los misterios de la fe y experimentar la fraternidad cristiana. Las piedras de
antaño o los ladrillos de hoy son exponentes de una gran cantidad de historias
personales y comunitarias.
Pasamos de lo visible a lo
invisible porque los edificios, las iglesias, nos descubren el rostro de los
que forman parte de ella. Nuestras parroquias deben ser, por eso, lugares de
acogida, de creatividad, siempre como una madre de brazos abiertos para recibir
a todos y no excluir a nadie. La Iglesia no es una historia pasada, sino un
acontecimiento vivo.
Vamos a cuidar nuestra
parroquia, siendo lo que somos, «piedras vivas del templo de Dios», unidos a
nuestra diócesis. Como dice el papa Francisco: una diócesis es una familia
dentro de la gran familia que es la Iglesia.
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