Los cristianos
no somos hombres y mujeres excepcionales. Sino que somos hijos del Padre
celestial, el que es bueno y no nos decepciona y pone en su corazón el amor por
los hermanos. Esta verdad no se dice tanto con los discursos, es un modo de
existir, un modo de vivir y se ve en cada obra (cf. Santiago 2, 18). Pero se
comporta como verdadero, como verdadera. Dice la verdad, actúa con la verdad.
Un hermoso modo de vivir para nosotros.
... No dirás
falso testimonio quiere decir vivir como hijo de Dios, que nunca, nunca se
desmiente a sí mismo, nunca dice mentiras; vivir como hijos de Dios, dejando
emerger en cada obra la gran verdad: que Dios es Padre y que nos podemos fiar
de Él. Yo me fío de Dios: esta es la gran verdad. De nuestra confianza en Dios,
que es Padre y me ama, nos ama, nace mi verdad y el ser verdadero y no
mentiroso.
“Será el momento
en el que nos toque abandonarnos definitivamente al amor del Padre y confiarnos
a su misericordia. ¡Ninguno puede huir de este momento, ninguno de nosotros! La
astucia que con frecuencia ponemos en nuestros comportamientos para acreditar
la imagen que queremos ofrecer, ya no servirá. Al mismo tiempo, el poder del
dinero y de los medios económicos con los cuales pretendemos con presunción
comprar todo y a todos, ya no podrá ser usado. Solo tendremos con nosotros lo
que hayamos realizado en esta vida creyendo en Su Palabra: el todo o la nada de
cuanto hayamos vivido o dejado de cumplir. Con nosotros solo llevaremos lo que
hayamos dado”.
Papa Francisco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario