Contemplad
al Hijo en manos de su Madre
Hemos comenzado el
Adviento, y con él nuestro nuevo curso pastoral. En este año queremos recordar
que "Somos Comunidad Orante". Como en todos los tiempos litúrgicos de
nuestro Plan de Pastoral, cada una de las Iglesias de nuestra Diócesis contará
con un cartel.
Para este Adviento y
Navidad el lema es "Contemplad al Hijo en manos de su Madre". Les
ofrecemos las catequesis para el Adviento realizadas por nuestro Vicario de
Evangelización, don Juan Pablo Ferrer.
Con esta invitación os
proponemos seguir el camino de la fe en este tiempo de Adviento y Navidad,
poniendo nuestra mirada contemplativa en Jesús. Él está en el origen de nuestra
fe. Él es la raíz de nuestro existir y él es quien la lleva a su plenitud.
Quien nos va a ayudar es su Madre, Santa María, por el camino de la oración
contemplativa.
“Contemplad al Hijo…”
¿Quién no se ha quedado
estupefacto delante de un niño en brazos de su madre? Sigue siendo un momento
de eternidad, de plenitud, de asombro… especialmente para la madre y el padre:
“¿Cómo ha podido surgir esta maravilla de mis entrañas, de mi ser?” –dicen
ellos. La maravilla de la vida nos sigue sobrepasando, por más explicaciones
que oigamos. El misterio de la vida les viene a visitar a esos padres que se
sienten agraciados con su hijo. Esta experiencia está más allá de una simple
diversión o ilusión, toca la experiencia humana más profunda y se sienten ellos
ante una Presencia mayor.
Actitudes del corazón
Esta contemplación de un
niño en brazos de su madre nos hace también sentirnos inmensamente queridos
queridos gratuitamente, sin que hayamos hecho nada por merecer tanto amor. Esta
contemplación nos hace sentirnos abrazados abrazados por esas manos maternas
que no hacen sino sabernos seguros y confiados por Alguien que nos ama:
“Creemos en el amor que Dios nos tiene” 1 Juan 4, 16
“… en manos de su Madre”
Con esta doble actitud de
poner la mirada en Él y de dejarnos querer por Aquel que nos busca, os
proponemos aprender de María a orar, a dedicar tiempo dedicar tiempoa la
relación con Jesús a la relación con Jesús a la relación con Jesús.
PRIMERA SEMANA DE ADVIENTO:
Es María OYENTE en
comunidad: La Madre sostiene en brazos a su Hijo; toda su atención está puesta
en su Hijo. Ella es, por eso, el modelo de modelo de“escucha” “escucha”. Ahí
está nuestra vocación cristiana esencial: “Somos comunidad orante”, a la
escucha de la Palabra de Dios, especialmente en la Sagrada Biblia: su lectura y
escucha interior es ocupación importante de los miembros de la comunidad en este
tiempo de adviento y navidad. Como decía Jesús en Betania a Marta que lo había
acogido en su casa: “Solo esto es lo más necesario y María, tu hermana, ha
escogido esta parte mejor” Lucas 10, 42
SEGUNDA SEMANA DE ADVIENTO:
Es María ORANTE en
comunidad: Al contemplar al Hijo en brazos de su Madre, nos sentimos también en
brazos de María, como se sentían los discípulos tras la ascensión del
Resucitado a la derecha del Padre en los cielos: “Se dedicaban a la oración,
junto con María, la Madre de Jesús” Hechos 1, 12 Unidos en la oración con María
Unidos en la oración con María recibieron la efusión del Espíritu Santo: El
mismo Espíritu que le hizo a ella ser Madre fecunda, es el que hace a la
“comunidad orante” ser madre fecunda de tantos hijos de Dios, en la Iniciación
Cristiana.
TERCERA SEMANA DE ADVIENTO:
Es María OFERENTE en
comunidad: Contemplando a la Madre, vemos que con sus brazos no retiene
posesivamente a su Hijo, sino que más bien “nos lo da”, como, cuando a los
cuarenta días de nacer, lo presenta en el Templo, donde está Dios con su
Pueblo. En esta actitud de María, también nosotros no vemos reflejados, como
“comunidad orante”, especialmente en la Eucaristía. Somos esa comunidad que
comparte su esperanza con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, exhortando como María a los camareros de las bodas de Caná: “Haced lo que Jesús os diga” Juan 2, 5
CUARTA SEMANA DE ADVIENTO:
Es María VIGILANTE en
comunidad: “María guardaba todas estas cosas en su corazón” Lucas 2, 19 y 51
Dicen que los corazones de las personas que se quieren y están cerca unas de
otras se acompasan en su palpitar. También dicen que las palpitaciones de los
bebés palpitan con mayores pulsaciones que los adultos. María siente la
urgencia de urgencia de estar atenta y vigilante ante el futuro que se abre a
su Hijo. Su futuro, como el nuestro, es la Resurrección, justicia para todos.
Esta fe en el Padre, que hará justicia a su Hijo y en él a todos sus hijos, le
hace exclamar: “El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”
Lucas 1, 51 Esta oración, llena de esperanza, alimenta su actitud vigilante
ante los acontecimientos de la vida de su Hijo. Se trata también de la misma
oración de nuestra “comunidad orante” que espera vigilante la venida del
Resucitado, en cada hermano y en cada acontecimiento de la historia, hasta que
llegue esta a su plenitud. Es la oración del Magníficat que la “comunidad
orante” canta todas las tardes al declinar el día en la liturgia de la hora de
vísperas. Especialmente, durante este tiempo de adviento y navidad, este himno
de María adquiere el carácter de vigilancia ante lo que Dios hace al
visitarnos.

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