La importancia del anuncio
de la Resurrección se manifiesta en la Octava de Pascua ya que constituye
litúrgicamente un solo día: se proclaman las siete epifanías de la
Resurrección.
Cada día se proclama una
aparición de Cristo resucitado a la comunidad apostólica.
Como también cada día se
repite el mismo verso del aleluya: "Hoy es el día que hizo el Señor".
Hay que recordar que estos
Evangelios se proclaman también en las Vigilias prolongadas dominicales (unas
vigilias que frecuentemente se olvidan).
Teológicamente, es
importante la simbología del "Día octavo".
Es un día único y octavo,
en el sentido que sale del septenario, forma parte del otro "eón":
del tiempo del mundo al tiempo de Dios.
La Iglesia no sustituyó el
sabbat por el Domingo.
El sabbat según la
tradición de los Padres forma parte de la creación y de la alianza.
Pero el "octavo y
único día" es una nueva creación.
En la celebración cristiana
participamos sacramentalmente del misterio del octavo y único día.
La octava de Pascua contiene
esta significación.
Nota sobre la lectura de
los Hechos de los Apóstoles en tiempo pascual
En la Misa del día de
Pascua se inicia la lectura de los Hechos de los Apóstoles.
Reservar la lectura de este
libro bíblico para el tiempo de Pascua es una costumbre ecuménica y
antiquísima.
Lucas, que transmitió el
relato de la concepción por obra del Espíritu Santo de la humanidad de Jesús,
en el libro de los Hechos relata el nacimiento del Cuerpo eclesial de Cristo
por la gracia de Pentecostés y su crecimiento.
El protagonista real de la
historia de la Iglesia naciente es el Espíritu Santo.
El libro de los Hechos, en
sentido espiritual, es inacabado porque cada comunidad eclesial está llamada a
escribir capítulos de su historia que no terminará hasta que el Señor venga en
la gloria de su Reino.
En la liturgia bizantina la
lectura de los Hechos ya empieza la Noche de Pascua.
El Señor regala a la
comunidad de todos los tiempos un solo corazón y una sola alma.
La vida de la Iglesia
naciente, sus desarrollos misioneros, sus dificultades, siempre serán un
referente paradigmático para la vida de la Iglesia de todos los tiempos.
De este libro escuchamos la
predicación kerigmática de los apóstoles; para los que creen en Jesús, el
Señor, es el perdón de los pecados y para todos es el juez de vivos y muertos.
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