Luego que María Santísima oyó del ángel Gabriel que su prima Isabel también esperaba un hijo, sintióse iluminada por el Espíritu Santo y comprendió que debería ir a visitar a aquella familia y ayudarles y llevarles las gracias y bendiciones del Hijo de Dios que se había encarnado en Ella. San Ambrosio anota que fue María la que se adelantó a saludar a Isabel puesto que es la Virgen María la que siempre se adelanta a dar demostraciones de cariño a quienes ama.
EL
MAGNIFICAT
Proclama mi alma la
grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado
la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su
nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en
generación.
Él hace proezas con su
brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y
enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos
despide vacíos.
Auxilia a Israel su siervo,
acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en
favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y
al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los
siglos.
Amén.
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