Mayo es el mes de las
flores, de la primavera.
Mayo es un mes dedicado a
la Virgen. Y tratar a María es una buena forma de acercarse a su Hijo. En una
de sus catequesis, el Papa Francisco afirmaba: «María es la madre que con
paciencia y ternura nos lleva a Dios, para que desate los nudos de nuestra
alma».
Todos saben que este mes es
el ideal para estar al aire libre, rodeado de la belleza natural de nuestros
campos. Precisamente por esto, porque todo lo que nos rodea nos debe recordar a
nuestro Creador, este mes se lo dedicamos a la más delicada de todas sus
creaturas: la santísima Virgen María, alma delicada que ofreció su vida al
cuidado y servicio de Jesucristo, nuestro redentor.
Vamos a meditar en los
cuatro dogmas acerca de la Virgen María que son:
- Su inmaculada concepción: A la única mujer
que Dios le permitió ser concebida y nacer sin pecado original fue a la Virgen
María porque iba a ser madre de Cristo.
- Su maternidad divina: La Virgen María es
verdadera madre humana de Jesucristo, el hijo de Dios.
- Su perpetua virginidad: María concibió por
obra del Espíritu Santo, por lo que siempre permaneció virgen.
- Su asunción a los cielos: La Virgen María,
al final de su vida, fue subida en cuerpo y alma al Cielo.
María nos cuida siempre y
nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y
conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo.
María es la Madre de la Iglesia.
María era una mujer de
profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde,
es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los
demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial,
atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su
familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.
Se trata de que nos
esforcemos por vivir como hijos suyos. Esto significa:
- Mirar a María como a una
madre. Saber acudir a ella
en todo momento.
- Demostrarle nuestro cariño:
Hacer lo que ella espera de nosotros y recordarla a lo largo del día.
- Confiar plenamente en ella:
Todas las gracias que Jesús nos da, pasan por las manos de María, y es ella
quien intercede ante su Hijo por nuestras dificultades.
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