Esta solemnidad, antigua y
celebrada por todas las Iglesias, influye poderosamente en el desarrollo del
Año cristiano ya que se creía universalmente que ese día Dios había creado el
mundo, que era el día de la muerte del Señor y, al mismo tiempo, el día que el
Señor había sido concebido por obra del Espíritu Santo.
Fue así como se determinó
el día de la Navidad del Señor.
Disposiciones conciliares
antiquísimas disponen que este día se celebre como si fuera el Día del Señor.
El artículo del Credo ocupa
el centro: "Incarnatus est de Spiritu Sancto, ex Maria Virgine et homo
factus est".
En plena Cuaresma nos puede
hacer descubrir la relación intrínseca entre Encarnación y Pascua: la muerte de
Jesús es salvadora porque es la muerte del Hijo de Dios, de lo contrario nada
tiene sentido. Se proclama, como no puede ser de otra manera, el Evangelio
primero, el de la Anunciación.
Realmente es el Evangelio
alpha.
El acento de la solemnidad
es más cristológico que mariano.
La Anunciación del Señor es
un texto verdaderamente "maior" de la Escritura.
Realmente, está repleto de
significados dogmáticos y espirituales, y en este sentido es inagotable.
El contexto es la teofanía
del ángel (mensajero de Dios y mediador de Dios mismo).
Éste saluda a la joven de
Nazaret, desposada con José.
Tanto el saludo
"Alégrate", como la expresión "no temes", tienen
resonancias de los relatos de las apariciones del Resucitado.
La llama "llena de
gracia" y le dice "el Señor está contigu" (Emmanuel).
Le anuncia que será la
madre del Mesías: "Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le
pondrás por nombre Jesús".
El ángel comunica el
Misterio con elementos del Misterio pertenecientes a las categorías bíblicas
del Antiguo Testamento: "Será grande (Dios mismo), se llamará Hijo del
Altísimo (hijo del Dios inaccesible y trascendente), el Señor Dios le dará el
trono de David, su padre y su reino no tendrá fin".
Reinar, bíblicamente,
significa salvar.
Las últimas palabras,
"non eris finis", entraron en la Profesión de fe.
Ante la turbación y el anuncio, la virgen
de Nazaret pregunta comprensiblemente: "¿Cómo será eso, pues no conozco
varón?" (lit: "¿Cómo se hará esto?).
Será por obra del Espíritu Santo, que
"la cubrirá con su sombra", como la nube que acompañaba al pueblo
santo de Dios en el desierto.
El fruto que nacerá de ella será el
"Santo", el gran Sacerdote, y será "Hijo de Dios",
consustancial con el Padre como Dios y consustancial a la madre como ser
humano.
La virgen de Nazaret acepta total y
humildemente la Palabra-Evento: "Hágase en mi (por parte de Dios) según tu
palabra "(que son la Palabra de Dios).
El anuncio viene acompañado de la
buena nueva de la concepción de Isabel.
No es una cuestión menor. Como en las
mujeres bíblicas estériles (Sara), la fecundidad resplandece más como un don de
Dios, Señor, incluso, de lo imposible, que la virginidad de la "Siempre
Virgen María".
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