Jesús se manifiesta de
manera gloriosa "ocho días después" y trae de su regreso de la Cruz,
de la muerte y de los infiernos, la paz.
También entrega a los
discípulos (exhalando sobre ellos) el Espíritu Santo y los capacita para el
perdón de los pecados.
La comunidad apostólica
será siempre pneumatófora (portadora del Pneuma divino), por ello podrá
perdonar los pecados.
La duda de Tomás, su falta
de fe es motivo para que el Señor proclame la última bienaventuranza, la más
nuestra, la de quienes sin ver, hemos creído en él: "Bienaventurados los
que crean sin haber visto".
También la profesión de fe
de Tomás en la divinidad de Jesús es uno de los puntos culminantes del IV
Evangelio: Jesús, Crucificado y Resucitado, es Dios "¡Señor mío y Dios
mío!".
Tomás, por su falta de fe
se había alejado de la comunidad: aquello que mantiene la comunidad de fe es la
Eucaristía celebrada cada ocho días.
Como
canta el Salmo: "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su
misericòrdia".
Este Domingo se conocía en los
libros litúrgicos antiguos como Dominica in albis, ya que los neófitos se
desvestían de la túnica blanca, la que se les había impuesto en la noche de
Pascua, como signo de que habían sido revestidos de Cristo en el Bautismo.
La oración colecta es de
las más bellas del Misal; se pide que todos comprendan mejor "qué Bautismo
nos ha purificado, qué Espíritu nos ha hecho renacer y qué sangre nos ha
redimida".
Se mencionan así los tres
sacramentos de la Iniciación cristiana.
La antífona de entrada obedece a
esta misma liturgia bautismal: "Como niños recién nacidos".
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