Segundo día del Triduo Pascual
«Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto
al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso a los
infiernos... y esperando con la oración y el ayuno su resurrección. Se
recomienda con insistencia la celebración del Oficio de Lectura y de las Laudes
con participación del pueblo» (Carta sobre las fiestas pascuales, 73).
Hoy es un día alitúrgico y de ayuno; efectivamente,
desde el siglo III, el Viernes y el Sábado Santos son los días típicos de
ayuno, porque falta el Esposo: "Días vendrán en que el novio les será
arrebatado "(Lc 5,35).
La Iglesia se reúne sólo para la celebración de las
Horas santas.
Todos los Salmos están transidos del misterio de la
muerte y de la sepultura del Señor.
El Oficio de lectura es bueno que sea en forma
prolongada, escuchando los textos
de la carta a los Hebreos y la Homilía antigua sobre el grande y santo Sábado,
realmente admirable.
Hoy hacemos memoria del artículo del Credo:
«Descendió a los infiernos».
El Señor, después de su muerte, aún salva: desciende
hacia lo más profundo y oscuro, para salvarlo.
Fue así porque la divinidad quedó unida a su
humanidad incluso cuando fue sepultada, «para destruir la muerte y manifestar
la resurrección», dice la Prex Eucharistica II.
La Iglesia contempla únicamente la cruz de su Señor
y, cerca del sepulcro, como las santas
mujeres, en llanto y tristeza, va meditando todo lo que Cristo sufrió,
pensó, dijo, amó.
Es precisamente la ausencia de Eucaristía lo que
hace sentir más vivamente al "Gran Ausente".
Este “día de reposo del cuerpo del Señor”, como lo
llamaban los antiguos, está lleno de serenidad y de esperanza.
Así lo expresa la bella oración colecta que se
repite en todas las Horas: «Te pedimos que concedas a todos tus fieles,
sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida
eterna».
Evocamos a María, la única que hoy tuvo fe en la
resurrección de su Hijo.
El grano de trigo ha muerto y ha sido sepultado en
el suelo, también en el corazón de la Iglesia y de los fieles.
Todos esperamos el fruto que dará en la noche de
Pascua que preparamos.
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