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domingo, 22 de mayo de 2022

DOMINGO DE LA PAZ

  

Como primera lectura se lee la asignada al Domingo VI de Pascua, con su correspondiente Salmo responsorial; en cambio la segunda lectura y el Evangelio pueden ser o bien los de este Domingo VI, o bien, puede al  D   omingo VII.

Con la no muy feliz solución, desde el punto de vista litúrgico, de trasladar la Ascensión del Señor al Domingo, hay que advertir que es grave omitir siempre el VII Domingo de Pascua.

En este Domingo se lee parte de la   "Plegaria sacerdotal" de Jesús.

Si se omite por defecto, la asamblea jamás podrá escuchar este importante y decisivo texto del Evangelio.

Es recomendable leer la segunda lectura y el Evangelio del   VII Domingo de Pascua.

Nadie puede obligar a las asambleas cristianas a no escuchar nunca la "Oración sacerdotal" del Señor, en la cual, como sacerdote de la nueva alianza pide epicléticamente al Padre el don del Espíritu Santo.

Es su epíclesis sobre la Iglesia.

La "Oración sacerdotal" de Jesús nos introduce en el     Misterio de Pentecostés.

 

Misa: Hch 15, 1-2. 22-29; Sal 66 2-3. 5.6 y 8; Ap 21, 10-14. 22-23; Jn 14, 23-29

 

El Señor nos regala su paz.

Si Él nos   la da es nuestra para siempre, nada ni nadie nos la puede arrebatar.

Nos pertenece.

La paz que proviene de Él de una  manera única y verdadera.

La del mundo, a menudo, es un armisticio precario  o una guerra fría.

El que por amor hace  caso de las palabras de Cristo es amado     por el Padre y el Espíritu.

En el interior  del creyente será "memoria del Señor" y maestro interior.

He aquí que toda la Trinidad habita en el corazón del justo.

Es la doctrina luminosa de la "inhabitatio Trinitatis".

Si Jesús no hubiera ido hacia el Padre no tendríamos estos dones, por ello, debemos alegrarnos de que vaya hacia el Padre.

La verdadera paz se manifiesta en la nueva Jerusalén, segunda lectura,  donde los dos testamentos han sido superados, ya que "los fundamentos llevan el nombre de las doce tribus de Israel".

Del  mismo modo como las puertas llevan el    nombre de los doce apóstoles.

Todos están delante del trono del Cordero.

En el fragmento de los Hechos se confirma que la paz dentro de la Iglesia se construye en el diálogo fraterno, pero también exige renuncias.

Nunca un partido tendrá toda la razón y la otra          no tendrá ninguno.

Hay que valorar las posiciones de la parte contraria y no absolutizar las propias.

Hay ciertos problemas en la Iglesia que sólo se resuelven en la oración y en la obediencia y, si no es posible la unidad de las opiniones, siempre ha sido posible la unidad en el amor.

No hay que olvidar que las palabras de Jesús inspiran la oración por la paz de la Iglesia, previa al ósculo de la paz, que nos prepara para recibir la sagrada Comunión.

La oración de Jesús, llamada "Plegaria   sacerdotal” es culminante porque se sitúa en el momento, la hora, del tránsito       de este mundo al Padre.

En el Evangelio     de este ciclo C aparece esta oración,  Jn 17, 20 ss.

Nosotros debemos comprenderla como la oración de su éxodo de este mundo al Padre por la Muerte y la Resurrección.

También por su ascensión y                                   

donación del Espíritu Santo.

La plegaria sacerdotal de Cristo es su "anáfora" antes de la oblación de su propia persona; Él, que, en la Cruz, es "altar, víctima y sacerdote".

 

 

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