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viernes, 19 de abril de 2019

LA PASIÓN DEL SEÑOR




En este día, en que  "Cristo nuestro Cordero pascual ha sido inmolado", la Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su nacimiento del costado de Cristo dormido en la Cruz e intercede por la salvación de todo el mundo.

El centro de la celebración es la proclamación de la Pasión y Muerte de Jesús, que, según antigua tradición es de San Juan "el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero".

La cima del relato son las palabras de Jesús. "Está cumplido": el designio del Padre, la obediencia del Hijo y la entrega del Espíritu Santo.

La oración hoy es más que nunca universal, ruega por todo y por todos, porque no hay nada ni nadie que quede excluido de la redención de Cristo.

Adora con un inmenso amor la Cruz del Señor y se une a sus sufrimientos, incluso con la comunión eucarística.

Una Eucaristía que sólo hoy no rompe el ayuno. Del cual el Concilio Ecuménico afirma: "Téngase como sagrado el ayuno pascual; que ha de celebrarse en todas partes el Viernes de la Pasión y Muerte del Señor y aun extenderse, según las circunstancias, al Sábado Santo, para que de este modo se llegue al gozo del Domingo de Resurrección con ánimo elevado y entusiasta" (SC n. 110).


De la mistagogía de los Padres:

"Gloria a Ti, amigo de los hombres.
Gloria a Ti, oh misericordioso.
Gloria a Ti, oh magnífico.
Gloria a Ti, que ha venido a salvar nuestras almas.
Gloria a Ti, que fuiste atado a la columna.
Gloria a Ti, que fuiste flagelado.
Gloria a Ti, que fuiste escarnecido.
Gloria a Ti, que fuiste clavado en la Cruz.
Gloria a Ti, que fuiste sepultado y has resucitado.
Gloria a Ti, glorificado por los hombres que han creído en Ti.
Gloria a Ti, que has subido a los cielos.
Gloria a Ti, que te has dignado salvar al pecador, por tu misericordiosa bondad»

San Efrén (Sermón IX)

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