...Es con esta penúltima
invocación con la que nuestro diálogo con el Padre celestial entra, por así
decirlo, en el corazón del drama, es decir, en el terreno de la confrontación
entre nuestra libertad y las trampas del maligno.
...Leemos en la Carta del
Apóstol Santiago: «Ninguno, cuando sea probado, diga: “es Dios quien me
prueba”; porque Dios ni es probado por el mal ni prueba a nadie»» (1, 13).
Más bien al contrario: el
Padre no es el autor del mal, a ningún hijo que pide un pez le da una culebra
(cf. Lucas 11, 11), como enseña Jesús, y cuando el mal aparece en la vida del
hombre, lucha contra él, a su lado, para que pueda ser liberado. Un Dios que
siempre lucha por nosotros, no contra nosotros. ¡Él es el Padre! Es en este
sentido en el que rezamos el Padre Nuestro.
...Dios no nos ha dejado
solos, sino que en Jesús se manifiesta como el «Dios con nosotros» hasta las
consecuencias extremas. Él está con nosotros cuando nos da la vida, está con
nosotros durante la vida, está con nosotros en la alegría, está con nosotros en
las pruebas, está con nosotros en las tristezas, está con nosotros en las
derrotas, cuando pecamos, pero siempre está con nosotros porque es Padre y no
puede abandonarnos.
...Aleja, pues, de
nosotros, oh Dios, el tiempo de la prueba y de la tentación. Pero cuando llegue
ese momento, Padre nuestro, muéstranos que no estamos solos. Tú eres el Padre.
Muéstranos que Cristo ya ha tomado sobre sí también el peso de esa cruz. Muéstranos
que Jesús nos llama a llevarla con él, abandonándonos confiados a tu amor de
Padre.
Papa
Francisco Catequesis del Padre nuestro 1 de mayo 2019
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