Mt 11, 25-30 25 En aquel
tiempo Jesús dijo: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque
has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y se las has
manifestado a los sencillos. 26 Sí, Padre, porque así lo has querido. 27 Mi
Padre me ha confiado todas las cosas; nadie conoce perfectamente al Hijo sino
el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo
quiera manifestar. 28 Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos, y
yo os aliviaré. 29 Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy afable y
humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi
yugo es llevadero y mi carga ligera».
NOTAS
PARA EL EVANGELIO DE HOY
Esta oración tiene el esquema clásico de los himnos de bendición
judíos: comienza con la alabanza a Dios y expresa el motivo de esta alabanza.
Estos dos elementos, los cristianos los mantenemos en la plegaria eucarística, concretamente en el prefacio: es justo y
necesario... darte gracias siempre y en todo lugar... porque...
Hay dos características más de esta oración de Jesús. Una, también de
la tradición judía, es el reconocimiento de Dios como "Señor de cielo y tierra" (25). La otra, que no falta en
ninguna oración de Jesús, es que invoca a Dios como "Padre" (25). Es, pues, una oración de Hijo. También las oraciones de los cristianos, que
rezamos unidos a Él por la acción del Espíritu Santo, son oraciones de hijos e
hijas.
El motivo de la alabanza es que el Reino de Dios y todo lo que a él
se refiere es acogido por la "gente sencilla" y rechazado por
"sabios y entendidos". Es "todo esto" (25) lo que Jesús
anuncia y manifiesta con su vida, con su acción y su palabra. Si leemos el capítulo 11
entero, tendremos delante "todo esto", es decir, un resumen del
ministerio de Jesús a propósito de la respuesta que él mismo da a los enviados
de Juan Bautista: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan
limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia
la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí! (Mt
11,5-6). También encontraremos el contraste con esta oración: la indignación de
Jesús ante los que lo rechazan (Mt 11,16-24).
Después de la oración explícita (25-26), el texto de Mateo pasa a
recoger unas palabras de Jesús en las que revela el misterio de su relación con
el Padre (27). En estas palabras, que manifiestan su conciencia de ser Hijo de
Dios, Jesús se sitúa a la vez como quien recibe del Padre su amor (=conocimiento)
y quien lo comunica a los demás.
Aquellos a quien "el Hijo quiere revelar" quien es el
Padre, si hemos leído todo lo que recoge este capítulo 11 lo vemos, son
prioritariamente la "gente sencilla" (25) o, en las palabras de los
versículos anteriores (Mt 11,5-6), los ciegos, sordos... Esta prioridad es la del Padre, que así lo ha querido (26). Una prioridad, sin
embargo, que no excluye a nadie: por eso Jesús se indigna de que otros no
acojan el Reino (Mt 11,16-24).
Jesús hace una nueva llamada a seguirlo. Llama especialmente a los
que están "cansados y agobiados" (28) -los mismos pobres y pequeños
que lo acogenque han de soportar la carga de mandamientos y prescripciones que
les es impuesta por los maestros de la Ley (Mt 23,4). La imagen del yugo (29)
era usada para hablar de la Ley de Moisés y de sus numerosas prescripciones (Jr
2,20; 5,5; Sir 51,26-27; Hch 15,10). Aquí, pues, Jesús denuncia las interpretaciones
restrictivas que hacen los maestros de la Ley y contrapone su enseñanza
liberadora a la enseñanza legalista del judaismo contemporáneo.
“El Evangelio en medio de la vida”
(Domingos y fiestas del Ciclo-A)
Josep Maria Romaguera
Colección Emaús
Centro de Pastoral Litúrgica
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