El Evangelio de la
multiplicación de los panes es una figura de la Eucaristía prefigurada y
anticipada.
Aparecen los cuatro verbos
eucarísticos: "tomar el pan, dar gracias, partir y dar".
Es el signo que anuncia que
el Señor multiplicará en abundancia su Pan en la Eucaristía para su Iglesia,
como signo del Banquete del Reino.
Es así como el Señor
convoca a su pueblo y lo alimenta en su peregrinación.
Cristo alimenta a una
multitud de pobres que le seguían "en despoblado", desierto, como la
peregrinación del pueblo de Dios hacia la tierra prometida a los Padres.
El milagro de las
multiplicaciones de los panes es de los pocos relatos comunes a los cuatro
Evangelios.
Es un don sobreabundante,
como la figura bellísima de los "doce cestos" que el Señor reserva
para el nuevo Israel de Dios, la Iglesia.
Aparece siempre una ley
cristiana: la persona humana tiene poco y Dios le da en abundància, como los
cinco panes y los dos peces, o como el vino agotado en Caná.
De lo que es poco Dios hace
un don superabundante para la multitud reunida, "unos cinco mil hombres,
sin contar mujeres y niños".
No hay negocio entre Dios y
su criatura, todo es dado gratuitamente y con abundancia.
No se trata de una
manifestación del poder de Dios sino de Dios que se ha hecho pobre para
enriquecernos a todos.
No hay más negocio que el
descrito en la primera lectura: "Oíd, sedientos todos, acudid por agua;
venid, también los que no tenéis dinero: comprad trigo y comed, venid y
comprad, sin dinero y de balde, vino y Leche".
Los dones de Dios son
impagables.
Todo es gratis.
También en el Evangelio se
dice: "Dadles vosotros de comer".
Cuando compartimos lo que
tenemos, hay para todos y aún sobra.
El Señor multiplica el pan
para una multitud de pobres, pero bendice nuestra generosidad para dar de comer
a todo el mundo.
Lo pequeño, mínimo e
insignificante, ofrecido al Señor, Él lo hace grande por su bendición.
El Salmo responsorial es
muy apropiado: "Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la
comida a su tiempo".
El final del capítulo 8º de
la carta a los Romanos es una oda al amor de Cristo:"¿Quién nos separará
del amor de Cristo?"
Son palabras que deben ser
esculpidas en lo más íntimo del corazón.
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