La corresponsabilidad de
los laicos adquiere su sentido pleno en el sacramento del bautismo, por el que
todos los miembros de la Iglesia, participando de la triple función de Cristo,
somos protagonistas activos en su misión evangelizadora.
El papa Francisco,
siguiendo la estela del Concilio Vaticano II, resume a la perfección esta
dinámica cuando afirma que por el bautismo todo el Pueblo de Dios es discípulo
misionero (cf. EG, n. 120). La corresponsabilidad, en el pontificado de
Francisco, tiene nombre de “sinodalidad”, que significa “caminar juntos” entre
pastores, vida religiosa y laicos; entre Movimientos y Asociaciones, y en
relación a la diócesis y las parroquias.
La sinodalidad se
caracteriza también por la escucha, el acompañamiento y el cuidado de las
relaciones personales. Si somos capaces de entender y vivir la
corresponsabilidad en la vida de la Iglesia evitaremos algunos males endémicos,
como el clericalismo. Y lo más importante: seremos más eficaces en nuestra
misión evangelizadora.
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