El pueblo de dios ha vivido
un sorprendente ayuno eucarístico que ha avivado el deseo del encuentro con el
señor en la escucha de la palabra, en la oración doméstica y en el servicio a
los pobres. Incluso las celebraciones a través de los medios nos han ayudado a
reconocernos como pueblo de la eucaristía que experimenta que sin el domingo no
puede vivir. Parece muy conveniente
impulsar esta experiencia de profundización en el significado de la
celebración eucarística, sacramento de nuestra fe y fuente viva de amor fraterno y de
esperanza.
Por ello, finalizado el estado de alarma y modificadas
las circunstancias, conviene animar al pueblo de dios a la celebración presencial de la eucaristía,
especialmente el domingo, con las prudentes medidas de prevención de contagios.
Por ello, la comisión permanente de la cee recomienda a los obispos, teniendo
en cuenta las circunstancias de sus diócesis,
proponer el criterio habitual de la iglesia respecto a la participación
de los fieles en la misa dominical recogido en el catecismo de la iglesia
católica (2180-2183).
Este nuevo impulso,
prudente por la pandemia que permanece entre nosotros, ha de recordar la
llamada a todo fiel católico a participar, de manera presencial, en la
celebración común de la eucaristía dominical como testimonio de pertenencia y
fidelidad a cristo y a su iglesia.
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