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sábado, 28 de mayo de 2022

MAYO ES EL MES DE MARÍA


 

La Madre de Jesús y Madre nuestra nos acompaña en el camino de la fe y del amor:

Su presencia activa y ejemplar en la vida de la Iglesia… María, como Madre de Cristo, está unida de modo particular a la Iglesia. «Haced lo que él os diga»… “En Caná María aparece como la que cree en Jesús; su fe provoca la primera ‘señal’ y contribuye a suscitar la fe los discípulos… se trata de una mediación maternal”. “Esta ‘nueva maternidad de María’, engendrada por la fe, es fruto del nuevo amor, que maduró en ella definitivamente junto a la Cruz, por medio de su participación en el amor redentor del Hijo”. “El Evangelio de Juan… ninguno puede percibir el significado si antes no ha posado la cabeza sobre el pecho de Jesús y no ha recibido de Jesús a María como Madre”.

Su maternidad continúa como presencia activa y materna:

“Las palabras que Jesús pronuncia desde lo alto de la Cruz significan que la maternidad de su madre encuentra una ‘nueva’ continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia … Así la que está presente en el misterio de Cristo como Madre, se hace -por voluntad del Hijo y por obra del Espíritu Santo- presente en el misterio de la Iglesia. También en la Iglesia sigue siendo una presencia materna, como indican las palabras pronunciadas en la Cruz: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»… « Ahí tienes a tu madre»”. “No sólo se dirigen con veneración y recurren con confianza a María como a su Madre, sino que buscan en su fe el sostén para la propia fe. Y precisamente esta participación viva de la fe de María decide su presencia especial en la peregrinación de la Iglesia como nuevo Pueblo de Dios en la tierra”.

Es “Medianera” y colaboradora como Madre:

“Mantiene así continuamente su solicitud hacia los hermanos de su Hijo. Efectivamente, la mediación de María está íntimamente unida a su maternidad y posee un carácter específicamente materno … Esta función constituye una dimensión real de su presencia en el misterio salvífico de Cristo y de la Iglesia”. “En virtud de este amor… desde el principio ella acogió y entendió la propia maternidad como donación total de sí, de su persona, al servicio de los designios salvíficos del Altísimo… A través de esta colaboración en la obra del Hijo Redentor, la maternidad misma de María conocía una transformación singular, colmándose cada vez más de «ardiente caridad» hacia todos aquellos a quienes estaba dirigida la misión de Cristo”. “Después de la ascensión del Hijo, su maternidad permanece en la Iglesia como mediación materna”.

Si la dejamos entrar, aprenderemos de ella a ser Iglesia misionera y madre:

“Se puede afirmar que la Iglesia aprende también de María la propia maternidad”. “La maternidad de María, que se convierte en herencia del hombre, es un don: un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. …. Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, «acoge entre sus cosas propias» a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su «yo» humano y cristiano”. “María acoge, con su nueva maternidad en el Espíritu, a todos y a cada uno en la Iglesia, acoge también a todos y a cada uno por medio de la Iglesia. En este sentido María, Madre de la Iglesia, es también su Modelo”. “Toda la Iglesia es invitada a vivir más profundamente el misterio de Cristo, colaborando con gratitud en la obra de la salvación. Esto lo hace con María y como María, su madre y modelo: es ella, María, el ejemplo de aquel amor maternal que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres”

La ternura materna de María se expresa en la vocación y vida de cada apóstol:

“Junto con el sacrificio de su corazón de madre, junto con su "fiat" definitivo” … la llamamos también Madre de la misericordia… el tacto singular de su corazón materno… su especial aptitud para llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de parte de una madre”. “Madre de la Iglesia, que con los discípulos en el Cenáculo implorabas el Espíritu para el nuevo Pueblo y sus Pastores: … acoge desde el principio a los llamados al sacerdocio, protégelos en su formación y acompaña a tus hijos en su vida y en su ministerio, oh Madre de los sacerdotes”. “La presencia de María tiene una importancia fundamental tanto para la vida espiritual de cada alma consagrada, como para la consistencia, la unidad y el progreso de toda la comunidad… La persona consagrada encuentra, además, en la Virgen una Madre por título muy especial  … amándola e imitándola con la radicalidad propia de su vocación y experimentando, a su vez, una especial ternura materna… Por eso, la relación filial con María es el camino privilegiado para la fidelidad a la vocación recibida y una ayuda eficacísima para avanzar en ella y vivirla en plenitud”

El “sí” de María se inserta en nuestro “amén” al celebrar la Eucaristía:

Por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios... hay una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor". “Vivir en la Eucaristía el memorial de la muerte de Cristo implica también recibir continuamente este don. Significa tomar con nosotros –a ejemplo de Juan– a quien una vez nos fue entregada como Madre. Significa asumir, al mismo tiempo, el compromiso de conformarnos a Cristo, aprendiendo de su Madre y dejándonos acompañar por ella. María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas".

 

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