El lunes 30 de mayo se conmemora nuestro Santo Patrón, San Fernando.
San Fernando, el rey Fernando III el Santo, fue el
personaje más importante de toda la Edad Media española. Su vida está repleta
de gestos humanos que resultaron decisivos, de decisiones que devinieron estratégicas,
y de acciones cuyos efectos llegan a nuestros días.
Una vida llena de avatares dignos del guion de la
mejor película. A medida que uno se adentra en su vida, también se pregunta
cómo es posible que no hayan surgido ensayistas, editorialistas, escritores,
guionistas o cineastas que, convenientemente analizado y explotado, no hayan
podido ver en el personaje el filón filosófico, histórico y mediático que puede
suponer. Es cierto que nuestra historia, la historia de nuestro Arma, está
llena de ellos, pero nuestro Santo Patrón es otra cosa. ÉL, está por encima.
Nunca mejor dicho.
Son innumerables los hechos, los detalles, detalles
transcendentales, los méritos y las hazañas que se podrían citar de su azarosa
vida. Pero me voy a fijar en la que probablemente sea la de mayor
trascendencia, aquella que mejor representa su capacidad de ver más allá de los
límites de sus reinos, más allá que sus coetáneos, más allá del tiempo que le
tocó vivir, virtud esencial en un ingeniero, pero que, en el caso de Fernando,
devino en la construcción …… de una nación.
Nuestro Fernando unificó las coronas de Castilla y
León, con tanta eficacia, que jamás volvieron a separarse. Dio a la Reconquista
un impulso sin precedentes, conquistó la práctica totalidad de Andalucía, y ensanchó
Castilla hasta alcanzar el mar por el sur, tanto el Atlántico como el
Mediterráneo. Llevó a cabo una magnífica labor integradora, repoblando las
tierras reconquistadas e instaurando el castellano como lengua oficial en
sustitución del latín. Y, al contrario de lo que era práctica habitual entre
los monarcas medievales, no dividió su herencia, haciendo prevalecer su unidad.
Es el precursor, el gran precursor, de nuestra España actual. Es el Patrón del
Arma de Ingenieros, pero bien podría serlo de España.
Su trascendencia como hombre, sus virtudes y su
ejemplaridad dejaron un poso de devoción hacia él entre el pueblo, que lejos de
decaer con el paso de los años, se acrecentó. Hasta el punto de que más de dos
siglos después de su muerte es subido a los altares. Nuestro rey Fernando III,
pasa a ser nuestro San Fernando.
Transcurre casi siglo y medio más. Su influencia sigue
sin decaer. En 1805 es propuesto como Santo Patrón de los Ingenieros Militares.
Su demostrada habilidad para rendir plazas fuertes y castillos, su impulso de
la construcción, la construcción en mayúsculas (catedrales como las de Burgos,
León y el inicio de la de Toledo), su ingenio, demostrado en múltiples
ocasiones, pero especialmente durante la conquista de Sevilla, donde sus capacidades
de innovación brillaron, por ejemplo, en la inédita combinación de fuerzas
navales y terrestres, y, por su puesto, su fomento del conocimiento, esencial
en el ingeniero, al dedicar una atención sin precedentes a las universidades de
Salamanca, fundada por su padre, y de Valladolid, que inauguró su madre, lo
convertían sin duda en la figura más inspiradora posible.
La figura de Fernando III el Santo infunde, a través
de sus hechos, fortaleza, la necesaria para vencer los innumerables obstáculos
que dificultaban sus empresas; lealtad, a sus vasallos, a su idea de España, y
a sus vencidos: en las plazas conquistadas, los derrotados, mudéjares y
hebreos, coexistían pacíficamente, bajo la atenta mirada del monarca, con los
cristianos; valor, el necesario para acometer arriesgadas empresas
aparentemente imposibles, y como ya quedó dicho anteriormente, capacidad de
innovación y destreza en su aplicación.
A lo largo de esta reseña se han mencionado muchos de
los talentos que adornan la figura del Patrón, pero no seríamos justos con la
grandeza del personaje si nos limitásemos a parcelarlo así. Animo a cualquiera
a zambullirse en la historia, en la vida de este hombre, guerrero y rey, y
podrá comprobar que el compendio de sus virtudes humanas, habilidades
castrenses, dotes de liderazgo, y capacidades para sobreponerse a las
adversidades, lo convierten no sólo en el referente de todo militar, sino en el
paradigma de todo militar, de todo soldado español.
Fernando, hombre, guerrero, rey y santo.
¡Viva San Fernando!
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