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jueves, 2 de abril de 2026

JUEVES SANTO


"Con esta Misa, que se celebra en la tarde del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el santo Triduo pascual, y desea conmemorar aquella última cena en la que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, amando hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies de pan y vino, y lo entregó a los apóstoles para que lo tomaran, ordenándoles a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio que lo ofrecieran" (Ceremonial de los obispos n. 297).

La celebración de hoy es como unas primeras Vísperas del Tríduum, vivido litúrgica y espiritualmente como una unidad de tiempo, marcado por las Horas de oración, las Horas Santas, y las convocatorias eclesiales.

Por esa razón se omite el rito de despedida.

Se dirá solemnemente en la Vigilia pascual, con el doble aleluya, para significar el final del triduo.

La antífona de introducción: "Nos autem gloriari", propiamente la antífona de entrada de todo el triduo, es como la Iglesia inicia la gran celebración de la Pascua: "Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo".

¿De qué otra cosa puede gloriarse la Iglesia sino de ésta?

Así la asamblea se introduce y se dispone a participar de la Hora de Jesús (Jn 13,1) en la que el Señor nos ama hasta el extremo, "télos".

Se tocan las campanas en el momento del Gloria para anunciar a todos que los cristianos han iniciado la celebración de la Pascua.

Las campanas que resonarán la noche de Pascua están relacionadas asimismo con el momento en que los creyentes cantarán el aleluya de la Resurrección.

La palabra del Señor sobre el mandamiento del amor, verso antes del Evangelio, viene acompañada del icono del lavatorio de los pies, significativa y visual: el "Mandatum Domini".

No es "mimesis" pura, es un gesto cuasi sacramental, "en Mystêriô"; es tener parte en el sacerdocio real del Señor: "Si non lavero te, non habes partem mecum.

El mandamiento nuevo, nunca envejece, siempre es nuevo, los cristianos sólo podemos vivirlo por la recepción del Espíritu del amor del Hijo, "como yo os he amado" tiene un valor causal: "porque yo os he amado y os he demostrado mi amor".

Este amor es lo que subsiste: "En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor" (1 Cor 13,13).

Es la única celebración del año en que el Misal indica el contenido de la homilía sobre los grandes misterios que hoy se conmemoran: la institución de la Eucaristía y del Orden sacerdotal, y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna.

La densidad sacramental de la celebración es altísima en el Canon Romano, en el relato de la institución), cuando se dice: "El cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de todos los Hombres"; también cuando se toma el cáliz se dice: "hunc praeclarum calicem".

Con este realismo, la Liturgia nos hace participar de la Cena del Señor y, de hecho, todos estamos espiritualmente en el Cenáculo.

Después prosigue la adoración silenciosa, amorosa y agradecida, ante el sacramento del Amor, hasta la medianoche, cuando comienza el misterio del gran Viernes de la Muerte del Señor.

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