LUNES DE LA III SEMANA DE CUARESMA
Para cualquiera de los días de esta semana, principalmente los años B y C, cuando el Domingo III de Cuaresma no se ha leído el Evangelio de la Samaritana, es muy oportuno utilizar las lecturas propias de la Misa "ad libitum".
En estas Misas se dicen las oraciones de la feria correspondiente y el Prefacio propio del Domingo III de Cuaresma.
El baño del agua de Naamán, el leproso de Siria, en el Jordán, en obediencia a la palabra del profeta, prefigura el Bautismo de las naciones.
Cristo es nuestro Jordán.
En la fuente bautismal todos los pecados serán purificados.
El Bautismo y la profesión de fe siempre van juntos.
El Señor, en la sinagoga de Nazaret, les afea su incredulidad mostrando la fe de Naamán y de la viuda de Sarepta.
Lucas se manifiesta hoy como el evangelista de los paganos: en el fondo, es un discurso misionero.
El relato de Naamán, el leproso de Siria fue empleado para catequizar a los catecúmenos, en la predicación de los Padres sobre el Bautismo.
MARTES DE LA III SEMANA DE CUARESMA
Es de la oración de Azarías, que se proclama en la primera lectura, de donde proviene la oración que el celebrante pronuncia en voz baja durante la presentación de las ofrendas en el Ordinario de la Misa: “In spiritu humilitatis”.
La ofrenda de la Iglesia siempre va acompañada de un espíritu contrito y humillado.
La didascalia del Evangelio es sobre el perdón de las ofensas.
También sobre la pregunta: ¿Cómo osamos suplicar el perdón de nuestras ofenses, si nosotros no estamos dispuestos a perdonarnos unos a otros?
“Setenta veces siete” significa “siempre”.
No olvidemos que la Cuaresma era un tiempo de especial intensidad para los penitentes, “Ordo paenitentium”, que recibían la reconciliación la mañana del Jueves santo.
MIÉRCOLES DE LA III SEMANA DE CUARESMA
La Ley que Dios ha entregado al pueblo como cláusula de la Alianza se debe cumplir “hasta la última letra o tilde de la ley”.
No será el pueblo santo quien la cumplirá, sino el Señor Jesús.
Él, que ha venido no a desautorizar la Ley, sino a completarla, lo hará en su misterio Pasqual.
En la Nueva Alianza, con la presencia del Espíritu y de la Eucaristía, con mayor motivo el predicador del Deuteronomio puede exclamar: “¿Dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos?”
Con razón la Iglesia, nueva Jerusalén, debe glorificar al Señor, como cantamos en el Salmo.
JUEVES DE LA III SEMANA DE CUARESMA
El Señor, con su muerte y Resurrección, se ha manifestado como “el más fuerte” que ha entrado en la casa, donde vivíamos bajo el poder del Maligno, lo ha derrotado y nos ha liberado.
Así ha manifestado que el Reino de Dios ha llegado a nosotros.
También así muestra quién está con Él: “el que no está conmigo está contra mí”.
En la travesía cuaresmal del desierto la Iglesia no ha de endurecer el corazón y debe escuchar “hoy” la voz del Señor, como se canta en el Salmo: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón”.
La didascalia versa sobre la dureza de corazón.
Tampoco deberíamos abrir ninguna puerta al Maligno ya que puede apoderarse de todo y quitarnos todo lo que en nosotros hay de cristiano.
VIERNES DE LA III SEMANA DE CUARESMA
La enseñanza de hoy versa sobre el primer mandamiento de la Ley de Dios.
Porque Dios nos ha amado “con todo el corazón, con toda su alma, con toda su mente, y con todo su ser”, por lo tanto, debemos amarlo de la misma manera.
No tiene la primacía sobre el primer mandamiento de la ley el precepto, sino la correspondència, nadie ama por obligación.
Este amor se manifiesta en el amor a nuestro prójimo.
Así los dos mandamientos confluyen en uno solo, como las dos caras de la misma moneda.
Oseas, en uno de los fragmentos más poéticos de su profecía, canta el amor de Dios a su pueblo con estas palabras: “curaré su deslealtad, los amaré generosamente”.
SÁBADO DE LA III SEMANA DE CUARESMA
VIII ANIVERSARIO DE LA ELECCIÓN DEL PAPA FRANCISCO
Los fieles, durante la Cuaresma, se identifican con la actitud y la oración del publicano: “Oh Dios, ten compasión de este pecador”.
Con esta actitud se recibe la justificación que Cristo nos ha obtenido por su muerte y Resurrección.
En el fragmento de Oseas de hoy, los Padres y la Liturgia vislumbraron el “triduum paschalis”: “En dos días nos volverá la vida y el tercero nos hará resurgir”.
Esta lectura, en el “Ordo vetus”, se proclamaba en la liturgia de los Pre-santificados del Viernes Santo.
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