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viernes, 3 de abril de 2026

VIERNES SANTO


En este día, en que "Cristo nuestro Cordero pascual ha sido inmolado", la Iglesia, meditando sobre la Pasión de su Señor y Esposo y adorando la Cruz, conmemora su nacimiento del costado de Cristo dormido en la Cruz e intercede por la salvación de todo el mundo.

Por una antiquísima tradición, hoy, la Iglesia no celebra la Eucaristía.

La celebración comienza en silencio, con la postración de los ministros y toda la asamblea arrodillada: esta es la condición del viejo Adán, si Cristo no la hubiera elevado.

Sin decir "oremos", la asamblea ya está orando, el celebrante recita una de las dos oraciones colectas, en el Misal, cuando se proponen dos oraciones no significa que la primera sea mejor que la segunda, son simplemente alternativas.

La segunda opción de esta oración colecta está más acorde con el signo previo de la postración.

La encontramos testimoniada en el "Sacramentario Gelasiano".

El centro de la Liturgia es la proclamación de la Palabra: ésta, más que nunca, es actualización del Misterio de la Muerte Salvadora del Señor.

Nos sitúa en "la hora de la Cruz".

El fragmento de la carta a los Hebreos proclama la obediencia del Señor hasta la muerte, una obediencia vivida en el sufrimiento, a fin de ser el autor de la salvación eterna.

En la proclamación de la Pasión se omiten incienso y cirios.

También la salutación inicial.

Todo ello obedece a los usos más antiguos de la Iglesia.

En el momento en que el diácono o el lector narra la muerte del Señor, se interrumpe la lectura y toda la asamblea se arrodilla en silencio.

Este silencio, sin ser excesivo, debe ser significativo.

Antiguamente, los fieles se postraban o besaban el suelo.

La "Oración de los fieles" es hoy inequívocamente universal: ruega por todo y por todos, porque no hay nada ni nadie que quede excluido de la redención de Cristo.

Bajo la Cruz del Redentor, la Iglesia, en pie como María, se acuerda también de todos sus hijos e hijas, por los que ha muerto el Salvador.

La Iglesia adora con un inmenso amor la Cruz del Señor y se une a sus sufrimientos,incluso con la comunión eucarística.

Una Eucaristía que sólo hoy no rompe el ayuno.

Del cual el Concilio Ecuménico afirma: "... Téngase como sagrado el ayuno pascual; que ha de celebrarse en todas partes el Viernes de la Pasión y Muerte del Señor y aún extenderse, según las circunstancias, al Sábado Santo, para que de este modo se llegue al gozo del Domingo de Resurrección con ánimo elevado y entusiasta» (SC 110).

La Cruz , presentada, desvelada, adorada por todos, es entronizada en el altar y la antífona antiquísima y ecuménica se entona: "Tu Cruz adoramos, Señor, y tu santa Resurrección alabamos y glorifica- mos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero".

Dicha antífona expresa admirablemente el gesto litúrgico, casi sacramental.

Hay que hacer un esfuerzo para que la asamblea cante el trisagio en los improperios. El trisagio, "Agios o Theós" se canta cuando se manifiesta la santidad de Dios y la Cruz es manifestación suprema de la santidad divina, de su amor.

Ciertamente, es un día velado por el llanto de la hija de Sión que llora la muerte del Hijo Unigénito, pero en su llanto se vislumbra ya su victoria: por eso los ornamentos del día no son morados, sino rojos, ya que el Señor es el Rey de los mártires.

Es ya un presentimiento de gloria.