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viernes, 11 de septiembre de 2026

DOMUND!!!

 


Obras Misionales Pontificias estrena una web interactiva que recupera fotografías, carteles, huchas, películas y testimonios de un siglo de historia, y permite comprobar con datos cómo ha crecido la Iglesia en los territorios de misión.

Hay imágenes que forman parte de la memoria de varias generaciones: niños recorriendo las calles con aquellas inconfundibles huchas del Domund, carteles en las parroquias, testimonios de misioneros en colegios, sobres para la colecta o películas que acercaban mundos entonces muy lejanos. Cien años después de la institución de esta Jornada Mundial de las Misiones, Obras Misionales Pontificias (OMP) ha reunido buena parte de esa historia en domund100.es, una nueva web interactiva creada para celebrar el centenario.

El Domund nació en 1926 por iniciativa del papa Pío XI, que quiso que toda la Iglesia dedicara el penúltimo domingo de octubre a rezar por las misiones y colaborar con el sostenimiento de la evangelización en los territorios de misión. En España, aquella iniciativa arraigó especialmente y acabó convirtiéndose en una de las jornadas eclesiales más reconocibles incluso fuera de los ambientes estrictamente religiosos.

«100 años contigo»: la memoria del Domund

La nueva web propone un recorrido dividido en tres grandes espacios. El primero, «100 años contigo», mira precisamente a esa memoria compartida. Fotografías históricas, los carteles publicados a lo largo de las décadas, las populares huchas del Domund o materiales audiovisuales permiten comprobar cómo fue cambiando la manera de comunicar la misión.

Entre las curiosidades que pueden encontrarse aparecen incluso las películas misioneras promovidas en su momento por OMP, en las que participaron nombres tan conocidos del cine español como Fernando Fernán Gómez o Sara Montiel. Más que una simple colección de recuerdos, el archivo permite asomarse también a la evolución de la sociedad española y a la forma en la que la misión fue entrando durante décadas en parroquias, colegios y hogares.

Un siglo que también se puede contar con cifras

La segunda parte, «100 años por ellos», cambia la mirada hacia los territorios de misión. OMP ha estudiado datos de los Anuarios Pontificios de 1925, 1950, 1975, 2000 y 2025 y los presenta mediante mapas e infografías interactivas.

Las cifras ayudan a comprender la magnitud de la transformación. Según los cálculos ofrecidos por OMP, durante estos cien años se han producido, como promedio diario, 9.000 bautismos, dos ordenaciones sacerdotales y cinco consagraciones religiosas, mientras se construían una parroquia y tres escuelas cada día. El número de diócesis en territorios de misión se ha multiplicado por cuatro durante este periodo.

Un mapamundi permite observar gráficamente esta expansión y comprender cómo comunidades que hace un siglo dependían prácticamente por completo de misioneros llegados de otros países han ido convirtiéndose en Iglesias locales con sus propios sacerdotes, religiosas, catequistas y estructuras pastorales.

La web se detiene, por ejemplo, en Nakuru, en Kenia, para mostrar cómo el apoyo misionero ha acompañado durante décadas el nacimiento y crecimiento de una Iglesia local: parroquias, conventos, escuelas, formación de catequistas y promoción de vocaciones.

«100 años para Él»

El recorrido termina poniendo rostro a toda esta historia. En «100 años para Él», diferentes misioneros españoles cuentan qué ha significado el Domund en sus propias vidas. Algunos descubrieron precisamente a través de esta jornada su vocación misionera; otros recuerdan lo que han supuesto durante años la oración, la cercanía y la ayuda económica recibida desde miles de kilómetros de distancia.

La celebración del centenario no pretende, por tanto, quedarse únicamente en la nostalgia. La historia sirve también para volver a plantear la misma pregunta que está en el origen del Domund: qué responsabilidad tiene cada bautizado en la misión universal de la Iglesia.

El próximo 18 de octubre, la Iglesia celebrará por centésima vez la Jornada Mundial de las Misiones. León XIV ha elegido para este aniversario el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión» y ha invitado a toda la Iglesia a «renovar en nosotros el fuego de la vocación misionera» y avanzar juntos en una «época misionera nueva».

Cien años después, cambian las imágenes, los lenguajes y hasta aquellas inolvidables huchas. La misión continúa. 

jueves, 10 de septiembre de 2026

IGLESIA SINODL!!!

 


El cardenal Mario Grech ha felicitado al grupo sinodal San Carlos, de Zaragoza, por una iniciativa que lleva más de dos años promoviendo desde Aragón la reflexión, la participación y las buenas prácticas en torno a la sinodalidad.

El nuevo curso comienza con una buena noticia para quienes, desde Aragón, continúan trabajando para que el Sínodo sobre la sinodalidad no quede reducido a una sucesión de encuentros y documentos. La Secretaría General del Sínodo ha reconocido la labor desarrollada durante los dos últimos años por el blog Hacia una Iglesia sinodal. Observatorio sinodal desde Aragón, una iniciativa promovida por el grupo sinodal San Carlos, de la diócesis de Zaragoza.

El pasado mes de agosto, el grupo recibió una carta firmada por el cardenal Mario Grech, secretario general de la Secretaría General del Sínodo, en la que felicita a sus miembros y agradece el trabajo realizado coincidiendo con el segundo aniversario del blog. Grech recuerda en ella que «las pequeñas buenas prácticas que logramos promover pueden ser el primer paso hacia un sueño más grande».

Unas palabras sencillas, pero especialmente significativas para una iniciativa que nació precisamente desde abajo. El grupo sinodal San Carlos surgió del proceso iniciado en la fase diocesana del Sínodo y ha continuado reuniéndose y trabajando más allá de aquella primera consulta. En mayo de 2024 decidió dar un paso más y poner en marcha el blog con el propósito de mantener vivo el proceso sinodal, ofrecer un espacio de reflexión y diálogo, compartir experiencias y buenas prácticas y seguir de cerca su desarrollo en las diócesis aragonesas.

CARTA DEL CADENAL GRECH

Más de dos años caminando

Desde entonces, Hacia una Iglesia sinodal ha ido reuniendo voces y sensibilidades diversas alrededor de cuestiones como la corresponsabilidad de los laicos, los consejos pastorales, el discernimiento comunitario, la conversación en el Espíritu, el papel de los presbíteros o la misión evangelizadora.

Al cumplir sus dos primeros años, el propio equipo hacía balance de un recorrido que alcanzaba ya las 100 entradas publicadas, 34.000 visualizaciones, 152 suscriptores y 28 autores diferentes. Sus contenidos han llegado además a lectores de numerosos países y son enviados semanalmente a la web oficial de la Secretaría General del Sínodo.

La iniciativa ha mantenido siempre una especial vinculación con la realidad de las Iglesias locales de Aragón y buena parte de sus reflexiones han encontrado también espacio en Iglesia en Aragón. Su objetivo, sin embargo, ha ido más allá de informar sobre el desarrollo del Sínodo: ha querido contribuir a que la sinodalidad pueda traducirse en formas concretas de escucha, participación, corresponsabilidad y discernimiento dentro de las comunidades cristianas.

El reconocimiento del cardenal Grech llega precisamente cuando la Iglesia se encuentra inmersa en la fase de implementación del Sínodo, en la que las diócesis están llamadas a trasladar a su vida ordinaria las orientaciones del Documento final y a experimentar prácticas y estructuras cada vez más sinodales.

Para el grupo San Carlos, la carta supone ante todo un estímulo para continuar. Como explican sus miembros al agradecer las palabras del secretario general del Sínodo, el blog quiere seguir contribuyendo a que el proceso sinodal esté presente en las diócesis aragonesas y formando parte de esa historia hecha, muchas veces, de pequeños pasos.

Porque quizá ahí esté también una de las claves de la sinodalidad: comprobar que una iniciativa modesta, nacida de un pequeño grupo de cristianos que decidió continuar reuniéndose cuando terminó la primera fase del Sínodo, puede encontrar eco mucho más allá de Aragón.

lunes, 7 de septiembre de 2026

CUIDAR LA CREACIÓN!!!

 


El verano ha dejado decenas de miles de hectáreas quemadas, pueblos evacuados y heridas que tardarán mucho más que las llamas en apagarse. La Iglesia en Aragón comienza el curso en pleno Tiempo de la Creación, una oportunidad para recordar lo sucedido, acompañar a quienes lo han sufrido y preguntarnos qué podemos hacer para que la custodia de la tierra sea algo más que una buena intención.

Labores de extinción en el incendio de las Peñas de Riglos. Fuente: Infoar. Gobierno de Aragón

Hay paisajes que tardan décadas en formarse y unas pocas horas en desaparecer. Este verano Aragón lo ha vuelto a comprobar. Montes ennegrecidos, campos arrasados, carreteras cerradas, pueblos desalojados y vecinos obligados a abandonar sus casas sin saber qué encontrarían al regresar han acompañado unas semanas que difícilmente podrán olvidar quienes las han vivido de cerca.

El balance todavía es provisional. A finales de agosto, distintas estimaciones situaban ya en más de 44.000 las hectáreas quemadas en Aragón, con cálculos que se acercaban a las 50.000. Es una magnitud excepcional frente a una media anual de unas 3.000 hectáreas entre 2000 y 2025. Tamarite de Litera y Alcampell, Leciñena, Castillonroy, Peñarroya de Tastavins, Ejulve, Orés, Las Peñas de Riglos, Loporzano, Almonacid de la Sierra y otros lugares han ido componiendo durante junio, julio y agosto un mapa doloroso que atraviesa las tres provincias.

Detrás de las hectáreas están las personas. En Orés, Asín y Luesia; en Uncastillo, Malpica de Arba y Petilla de Aragón; en Santa María de la Peña, Triste, Yeste, Botaya, Bailo, Santa Cruz de la Serós y tantas otras localidades, hubo miedo, incertidumbre y noches pendientes de la dirección del viento. Hubo también evacuaciones y la angustia de contemplar cómo las llamas se aproximaban a casas, explotaciones agrícolas y ganaderas, bosques y lugares cargados de memoria.


Cuando el paisaje forma parte de la vida

«Hemos contemplado con tristeza cómo el fuego ha herido nuestra tierra, nuestros montes y nuestro entorno», explica Adilson Perera, párroco de Santa María la Peña. No habla solamente de árboles. Habla de lugares que «forman parte de nuestra vida, de nuestra historia y de la memoria de tantas generaciones».

Esa dimensión ayuda a comprender por qué un incendio no termina cuando se retiran los medios de extinción. Se pierde vegetación y fauna, pero también parte del paisaje en el que una comunidad se reconoce. Quedan agricultores y ganaderos haciendo cuentas, caminos por recuperar, infraestructuras dañadas y personas a las que les costará tiempo desprenderse del miedo.

La experiencia, sin embargo, ha mostrado también la otra cara de aquellos días. Lizito Fernandes, párroco de Orés, Asín, Luesia, Uncastillo, Malpica de Arba, Petilla de Aragón y Longás, acompañó junto a otros sacerdotes a los desalojados acogidos en Ejea de los Caballeros. Allí descubrió que «la riqueza de las Cinco Villas no residía únicamente en sus montes, bosques y campos, sino también en sus gentes». Vecinos preparando bocadillos, repartiendo agua, abriendo sus casas o ayudando a bomberos, brigadas forestales, Guardia Civil, Protección Civil y UME hicieron visible, en sus palabras, «el amor concreto que se hace servicio».

Algo semejante había señalado el obispo de Jaca, Pedro Aguado, en los días más difíciles del incendio de Las Peñas de Riglos. Cuando más de un millar de personas permanecían evacuadas y centenares de efectivos luchaban contra las llamas, quiso repetir una palabra: confianza. «Seguimos confiando en la vida, seguimos confiando en nuestra gente, seguimos confiando en nuestras comunidades, y renovamos nuestra confianza en Dios».

Voluntarios colaboran en la extinción del incendio en la provincia de Huesca. Fuente: Jacetania Express

Después del fuego vienen las preguntas

Sería fácil quedarse ahí. En la emoción, el agradecimiento y el alivio de haber regresado a casa. Pero el paisaje quemado obliga también a mirar más lejos.

Los incendios forestales son un fenómeno complejo y no admiten explicaciones únicas ni soluciones improvisadas. El propio Gobierno de Aragón identifica entre los factores de riesgo la elevada carga de combustible forestal, el abandono de prácticas tradicionales de gestión y unas condiciones climáticas cada vez más extremas. La Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos recuerda, además, que no se trata simplemente de «limpiar el monte», sino de gestionar mejor la estructura del territorio, reducir la continuidad del combustible en puntos estratégicos, proteger los núcleos habitados y favorecer paisajes más diversos.

También ahí aparecen nuestros pueblos. La conservación del territorio difícilmente puede separarse de quienes viven y trabajan en él. Ganadería extensiva, agricultura, aprovechamientos forestales, prevención, conservación de bosques maduros, protección de las poblaciones y una gestión adaptada a las características de cada zona forman parte de un debate que necesitará conocimiento, inversión y continuidad. Las soluciones simples sirven para una discusión rápida; el monte necesita algo más.

Lizito Fernandes lo expresa desde otra perspectiva: habrá que analizar las causas y aprender para el futuro, pero la reconstrucción no podrá hacerse desde la división. «Nadie podía hacerlo solo; todos eran necesarios», recuerda evocando la reconstrucción de Jerusalén narrada por Nehemías. Ahora habrá también una reconstrucción material y otra más silenciosa: la de las personas que necesitan recuperar la confianza después del miedo.

Del 1 de septiembre al 4 de octubre

En este contexto comienza el Tiempo de la Creación, que las Iglesias cristianas celebran cada año desde el 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, hasta el 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís. En Aragón, este año no hará falta recurrir a conceptos lejanos para comprender su significado. Bastará mirar nuestros montes.

La Iglesia cuenta además desde 2025 con la Missa pro custodia creationis, la Misa por el cuidado de la creación, incorporada al Misal Romano para ayudar a las comunidades a unir la alabanza al Creador con la responsabilidad sobre aquello que hemos recibido. No es una nueva festividad ni una celebración obligatoria. Es una misa para diversas necesidades y ocasiones que sitúa expresamente ante el altar la relación entre Dios, el ser humano y la creación.

León XIV celebró por primera vez este formulario en julio de 2025, en el Borgo Laudato si’ de Castel Gandolfo. Allí recordó que custodiar la creación forma parte de la misión recibida por los cristianos. Un año después, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación de 2026, el Papa ha elegido una imagen del profeta Isaías: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas». La paz, explica, alcanza también nuestra relación con la tierra y exige cuidar «los ecosistemas de la creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano».

La imagen del arado adquiere este septiembre en Aragón una fuerza particular. Allí donde el fuego ha dejado tierra negra habrá que volver a trabajar, restaurar, cuidar y esperar.


Custodiar no es solamente conservar

El Tiempo de la Creación no puede convertirse, por tanto, en un paréntesis verde dentro del calendario pastoral. Tampoco en una sucesión de declaraciones bienintencionadas. La cuestión es mucho más concreta.

Significa preguntarnos cómo usamos el agua, qué consumimos y qué desperdiciamos. Significa reconocer el valor de quienes siguen viviendo del campo y manteniendo vivos nuestros pueblos. Significa reclamar políticas serias de prevención y gestión forestal y asumir que determinadas decisiones económicas, urbanísticas o territoriales deben incorporar también sus consecuencias ambientales y sociales. Significa escuchar a quienes conocen el monte y dejar a un lado la tentación de buscar una explicación sencilla para un problema que no la tiene.

Para un cristiano hay, además, una razón más profunda. «Cuidar la creación no es algo secundario», recuerda Adilson Perera después de contemplar el fuego desde Santa María la Peña. «Es cuidar la casa común que Dios nos ha confiado».

Quizá este sea el mejor punto desde el que comenzar el nuevo curso.

No olvidando el fuego cuando desaparezcan las imágenes de los informativos. Recordando a quienes perdieron, a quienes tuvieron que marcharse de sus casas y a quienes arriesgaron su vida para protegerlas. Agradeciendo la solidaridad que apareció cuando todo parecía amenazado. Pero también aprendiendo.

Porque llegará la lluvia y sobre la tierra quemada comenzará de nuevo, lentamente, la vida. La pregunta es qué habremos aprendido nosotros cuando vuelva a crecer.

domingo, 6 de septiembre de 2026

ACTO DE AMOR!!!


 


La lectura evangélica de hoy forma parte de lo que se denomina el “Discurso eclesiástico”.

El Señor pone las bases de la vida de la comunidad-Iglesia.

Es una comunión de hermanos y hermanas donde nadie puede sentirse indiferente respecto a los demás: nadie se puede permitir que el otro se perjudique a sí mismo.

Por ello es tan necesaria la corrección fraterna, ejecutada en la caridad y en el discernimiento comunitario.

La corrección fraterna es un acto de amor: “A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo, porque el que ama ha cumplido el resto de la ley”.

El Evangelio de hoy sustenta toda la disciplina penitencial en la Iglesia.

El fragmento final del Evangelio presenta dos promesas grandiosas: Dios escuchará la oración de la comunidad y Cristo estará siempre presente en medio de aquellos que se reúnan en su Nombre lit: “para confesar su Nombre”.

Es un texto fundamental para definir la naturaleza de la asamblea litúrgica.

El tema de la corrección fraterna tiene un vínculo con la vocación profètica, primera lectura.

El profeta debe transmitir la palabra divina, tanto si gusta como si no gusta a los oyentes, consciente de que la manera de pensar de los humanos no es la manera de pensar de Dios.

Se trata del supremo realismo de la obediencia a la Palabra, en la revelación.

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor”, repetimos en el Salmo responsorial.

Debemos estar atentos a su voz, pero sin olvidar que nadie sabe cómo opera la gracia en el corazón de las personas.

sábado, 5 de septiembre de 2026

SANTA TERESA DE CALCUTA!!!


5 de septiembre

Santa Teresa de Calcuta, virgen



Agnes Gonxha Bojaxhiu, nacida en Epiro el 26 de agosto de 1910, en respuesta a su vocación misionera, ingresó en la Congregación de las Hermanas de Loreto en el año 1929, antes de ser enviada a la India. El 10 de septiembre de 1946, hizo la promesa de entregarse al Señor en favor de los más pobres, de modo que, transcurridos dos años, se dedicó plenamente al apostolado entre el pueblo y las clases más desfavorecidas, fundando las Congregaciones de las Misioneras y los Misioneros de la Caridad. Aceptando con serenidad el sufrimiento de la oscuridad interior, demostró plenamente la victoria de la luz de Cristo hasta que, confiada, se entregó al descanso eterno en Calcuta, el 5 de septiembre de 1997.

Del Común de vírgenes o del común de santas mujeres: para los que se han consagrado a una actividad caritativa.

De los escritos de santa Teresa de Calcuta, virgen

Si mi oscuridad es luz para alguna alma soy perfectamente feliz en Loreto, Padre, yo era muy feliz. Creo que era la religiosa más feliz.

Luego vino la llamada. Nuestro Señor me pidió directamente; su voz era clara y llena de convicción. Una y otra vez. Él llamó en mil novecientos cuarenta y seis. Yo sabía que era él. Sentí miedo y una angustia terrible, miedo de ser engañada. Pero, como siempre he vivido en obediencia, presenté todo a mi padre espiritual, esperando en todo momento que me dijera que era un engaño del demonio. Pero no. Como aquella voz, él dijo: «Es Jesús quien se lo está pidiendo». Y entonces usted ya sabe cómo se desenvolvió todo. Mis Superioras me enviaron a Asansol en mil novecientos cuarenta y siete, y allí fue como si nuestro Señor se me entregara por completo. La dulzura, la consolación y la unión de aquellos seis meses pasaron demasiado rápido. Finalmente, en el mes de diciembre del año mil novecientos cincuenta y dos, comenzó la obra.

Padre, desde mil novecientos cuarenta y nueve o mil novecientos cincuenta, experimento este terrible sentido de pérdida, esta indecible oscuridad, esta soledad, este deseo constante de Dios que me produce un dolor tan profundo en el corazón. Las tinieblas son tan densas que realmente no veo, ni con mi mente ni con mi razón. El lugar de Dios en mi alma está vacío. No hay Dios en mí. Cuando el dolor de esta ansia se vuelve insoportable, simplemente deseo y deseo a Dios, y entonces es cuando siento que él no me quiere, que no está aquí. El cielo, las almas, son solo palabras que no significan nada para mí. Mi propia vida parece una contradicción. Ayudo a las almas, ¿para llevarlas a dónde? ¿Por qué todo esto? ¿Dónde está mi alma dentro de mí? Dios no me quiere. A veces solo escucho mi corazón gritar: «Dios mío», y no viene nada más. No puedo explicar la tortura y el dolor. Desde mi infancia he tenido el amor más tierno por Jesús en el Santísimo Sacramento, pero esto también se ha ido. No siento nada ante Jesús y, sin embargo, por nada del mundo perdería una santa Comunión.

Ve usted, Padre, la contradicción en mi vida. Anhelo a Dios, quiero amarle, amarle mucho, vivir solo por amor a él, solo amar, y sin embargo solo hay dolor, anhelo y no amor. Años atrás, hace ahora unos diecisiete años, yo quería darle a Dios algo muy hermoso. Me comprometí bajo pena de pecado mortal a no negarle nada. Desde entonces he mantenido esta promesa, y cuando a veces la oscuridad es muy oscura y estoy a punto de decir «no» a Dios el pensamiento de aquella promesa me anima.

Quiero solo a Dios en mi vida. «La obra» es solo suya realmente, él pidió. Él me dijo qué hacer. él guio cada paso, dirige cada movimiento que tomo, pone las palabras en mi boca, me hace enseñar el camino a las Hermanas. Todo esto, todo en mí, es él. Por este motivo, cuando el mundo me alaba, en realidad no me toca, ni siquiera la superficie de mi alma. Sobre la obra, estoy convencida de que es toda suya.

Antes podía pasar horas ante nuestro Señor, amándole, hablándole, y ahora ni siquiera la meditación discurre adecuadamente, nada sino «Dios mío». Incluso eso a veces no viene. Sin embargo, en algún lugar en lo profundo de mi corazón, este anhelo de Dios sigue abriéndose paso en la oscuridad. Cuando estoy fuera en el trabajo, o estoy ocupada en encontrar a la gente, hay una presencia de alguien viviendo muy cerca en mí. No sé lo que es, pero muy a menudo, incluso a diario, ese amor en mí hacia Dios se hace más real. Me encuentro a mí misma haciéndole inconscientemente a Jesús las más extrañas declaraciones de amor.

Padre, le he abierto mi corazón a usted. Enséñeme a amar a Dios, enséñeme a amarle mucho. No soy instruida, no sé muchas cosas sobre las cosas de Dios. Quiero amar a Dios como y para lo que él es para mí: «Mi Padre».

Mi corazón, mi alma y mi cuerpo solo pertenecen a Dios. Él ha tirado, como despreciada, a la hija de su amor. Y para esto, Padre, he hecho este propósito en este retiro: estar a su disposición. Dejar que haga conmigo todo lo que él quiera, como quiera, tanto tiempo como quiera. Si mi oscuridad es luz para alguna alma, incluso si no es para nadie, soy perfectamente feliz de ser una flor del campo de Dios.