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sábado, 26 de septiembre de 2026

JORNADA MUNDIAL DE MIGRANTE Y DEL REFUGIADO!!!

 

Jornada mundial del Migrante y del Refugiado, el 27 de septiembre

Con motivo de la Jornada del Migrante y del Refugiado, los obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y  Movilidad Humana y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española   invitan en su mensaje a dirigir una mirada renovada hacia los niños, niñas y adolescentes migrantes, a partir del lema «Incluso uno solo de estos pequeños», inspirado en el Evangelio de Mateo (18,5).

Por ello, destacan que todo ello resuena con especial fuerza, al «revivir a nivel personal y comunitario la experiencia vivida con intensidad durante el viaje del Papa a Canarias. Sus gestos, discursos y mensajes movieron nuestras conciencias, compromisos y actitudes».

El mensaje subraya que este lema invita a superar una visión de las migraciones que se analiza con frecuencia en cifras, porcentajes o discursos políticos. Esta expresión «nos obliga a detenernos y a cambiar el enfoque. Nos invita a mirar más allá de las estadísticas y a reconocer el valor único e irrepetible de cada niño, niña o adolescente migrante». «Una sola vida tiene un valor infinito», señalan los obispos, recordando que cada menor migrante tiene una historia, unos miedos, unas esperanzas y unas heridas que merecen atención, protección y respeto.

Los obispos plantean así un cambio de mirada que permita dejar de considerar al migrante como «uno más», una categoría o una cifra, para reconocerlo como una persona y como un prójimo. Esta conversión de la mirada, recuerdan, transforma también la relación con quienes llegan y ayuda a construir una sociedad más justa. Desde la perspectiva del Evangelio, acoger a «uno de estos pequeños» supone además un encuentro con Cristo y constituye una exigencia que afecta al núcleo de la vida cristiana.

«Cuando miramos a un niño migrante y lo reconocemos como alguien único, con sueños y capacidades, cambia nuestra forma de relacionarnos con él. Deja de ser un problema que gestionar para convertirse en una persona que acoger y con la que encontrarse», apuntan los prelados.

El mensaje presta una especial atención a las situaciones de vulnerabilidad que viven muchos menores migrantes, cuyos derechos a la seguridad, la educación, la salud y la protección familiar se ven amenazados. «La infancia se convierte en el grupo más vulnerable de los migrantes», apuntan.

Ante esta realidad, los obispos llaman a superar la indiferencia y a traducir la compasión en acciones concretas, políticas justas y estructuras capaces de garantizar la protección, el acompañamiento y el desarrollo integral de cada menor para contribuir a una verdadera cultura del encuentro.

En la revista del Departamento de Migraciones de la CEE se incluyen testimonios de acciones concretas de acompañamiento de diversas delegaciones de Migraciones y congregaciones de la Iglesia en España.


  • Primer testimonio: De África a Canarias, y de Canarias a Palencia, desde la delegación diocesana de Migraciones Palencia

Acogida de cuatro jóvenes migrantes: la diócesis de Palencia participa en el proyecto Corredores de Hospitalidad para acoger y acompañar a cuatro jóvenes migrantes que llegaron a Canarias como menores no acompañados.

Adaptación y traslado a Palencia: el testimonio pone de relieve que el proceso migratorio no termina al llegar a Canarias. El traslado posterior a Palencia supone para estos jóvenes un nuevo proceso de adaptación: dejan atrás el entorno que ya conocían para comenzar de nuevo en otra ciudad.

Del acompañamiento a la inserción laboral: cuatro meses después de su llegada comienzan las inserciones laborales. Dos jóvenes continúan en las empresas que los contrataron y los otros dos realizan formación profesional certificada para mejorar sus posibilidades de empleo.

Crear vínculos y un futuro con autonomía, no solo prestar servicios: el proyecto busca también favorecer relaciones con personas de la diócesis y con otros jóvenes. Se organizan encuentros, salidas y actividades para facilitar el conocimiento mutuo, combatir el aislamiento y un futuro con autonomía


  • Segundo testimonio: Abderrazak y Anas, dos migrantes acogidos en Zaragoza, desde la delegación diocesana de Migraciones de Zaragoza

Los jóvenes Abderrazak y Anas llegaron a Zaragoza procedentes de las islas Canarias: ambos habían llegado de forma irregular siendo aún menores de edad. A partir de su llegada habían sido atendidos y tutelados por la Administración Canaria hasta su mayoría de edad. En ese momento fueron incluidos en el proyecto Corredores de Hospitalidad.

La Mesa de lo Social permitió la acogida de estos dos jóvenes: en la diócesis de Zaragoza se creó en 2022 la Mesa de lo Social con el objetivo de coordinar a las entidades e instituciones de acción caritativa y social con identidad cristiana en la diócesis. Esta plataforma permitió, a propuesta de la Delegación de Migraciones y de Cáritas diocesana, la acogida a estos dos jóvenes, con recursos de varias de las entidades y coordinación de Cáritas.

Incluidos en el proyecto «Transeva» para jóvenes extutelados: desde su llegada a Zaragoza fueron incluidos en el proyecto «Transeva», de transición a la vida adulta para jóvenes extutelados, gestionado por la Fundación Federico Ozanam donde siguen acogidos.


  • Tercer testimonio: Testimonio de un joven y su duelo migratorio, desde la delegación diocesana de Migraciones de Mondoñedo-Ferrol

Testimonio de un joven migrante proveniente de Cuba, Juan Carlos Riverón Gutierrez, instalado en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol: llegó con 12 años a Galicia, donde ya estaba viviendo su madre. La adaptación a la nueva realidad, a la escolarización y después a irregularidades administrativas, le hicieron recurrir a Cáritas.

Voluntariado en grupos de jóvenes de Cáritas: en grupos de jóvenes encontró apoyo y luego él mismo se convirtió en voluntario de actividades para jóvenes.

A partir de conseguir su regularización trabaja ya en una empresa: Al pasar el tiempo llegó su regularización y pudo trabajar en una empresa. Ahora compagina el trabajo con el voluntariado y conserva los amigos que hizo cuando en su día realizó el Camino de Santiago con los educadores del Centro de Cáritas.


  • Cuarto testimonio: Cuando la Iglesia se hace casa y familia para menores con discapacidad, el acompañamiento desde los Franciscanos de la Cruz Blanca

Younes, de 19 años, desde Mali a Canarias: al llegar al centro de emergencia, que los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca gestionan en Las Palmas, fue valorada su discapacidad intelectual y diagnosticado de VIH.

Apoyo y acompañamiento en una Casa de los Hnos. de la Cruz Blanca: a través del programa de atención humanitaria en el Centro Fratelli Tutti de Cruz Blanca, su situación mejoró y permitió que fuera derivado a una casa familiar atendida por la Cruz Blanca para la atención integral a personas con discapacidad.

En la actualidad, Younes desde la Casa Familiar se desplaza cada día a un Centro Especial de Empleo: en la Casa familiar atendien su salud mental y sus necesidades ocupacionales, además de proporcionarle recursos para una vida digna. Más allá de una estructura asistencial, son centros para vivir en familia y donde reconstruyen la vida los más vulnerables entre los vulnerables.


  • Quinto testimonio: Ibra, testimonio fruto de la regularización extraordinaria de personas migrantes

Dos años atravesando España: Lleva más de dos años atravesando España. Primero Canarias, después Madrid y, finalmente, León. Su estancia en los centros de acogida apenas duró dos meses. Cuando aquel tiempo se agotó, durmió en la calle, hasta que conoció SERCADE (Servicio capuchino para el Desarrollo).

Vivienda compartida y estudios: después se acogió a otros recursos hasta llegar a una vivienda compartida donde hoy estudia electricidad junto a otros doce jóvenes.

Tras la aprobación del procedimiento de regularización extraordinaria: pudo salir de la precariedad, acogiendose a este proceso por la la via de la vulnerabilidad, con la ayuda de esta obra social de los religiosos capuchinos.

viernes, 25 de septiembre de 2026

LA PASTORAL PENITENCIARIA!!!

 

La Pastoral Penitenciaria atendió a más de 40.000 personas durante 2025

La Memoria 2025 del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la CEE recoge la actividad de la Iglesia desarrollada durante el pasado año en el acompañamiento tanto a las personas privadas de libertad, a sus familias y a las víctimas.

A finales de 2025 había 62.398 personas presas en España. De ellas, más de 40.000 tuvieron contacto directo con la Iglesia a través de los capellanes, el voluntariado, las parroquias, las congregaciones y otras entidades eclesiales. La memoria refleja así una presencia que, como señala el director del Departamento, el mercedario José María Carod, en la presentación de la misma, se desarrolla «muchas veces de manera silenciosa, pero que busca acompañar, visibilizar y mejorar la realidad» de las personas que cumplen una pena de prisión.

Más de mil programas dentro y fuera de los centros penitenciarios

Durante 2025, la Pastoral Penitenciaria desarrolló 1.076 programas, de los que 936 se realizaron dentro de los centros penitenciarios y 140 fuera de ellos. En el conjunto de estas actuaciones fueron atendidas 40.289 personas, mientras que 3.722 personas participaron o estuvieron implicadas en las distintas iniciativas.

Dentro de los centros penitenciarios se desarrollaron 573 programas religiosos, con 768 grupos y acciones pastorales y 21.270 personas participantes en actividades religiosas. A ellos se sumaron 341 programas sociales, 22 programas jurídicos y diferentes iniciativas de acompañamiento y atención.

Fuera de los centros, la actividad se centró especialmente en el acompañamiento social y la acogida. La Pastoral Penitenciaria contó con 90 casas de acogida, en las que fueron atendidas 3.193 personas, además de acompañar a 621 personas con medidas de trabajos en beneficio de la comunidad. También se desarrollaron 27 programas jurídicos, que beneficiaron a 399 personas.

Una presencia sostenida por capellanes y voluntarios

La memoria destaca el papel de las personas que hacen posible esta presencia de la Iglesia en el ámbito penitenciario. En 2025 participaron 1.910 voluntarios laicos y 159 capellanes, junto con 667 entidades colaboradoras.

A lo largo del año se contabilizaron, además, 804 encuentros y actividades formativas, dirigidos a fortalecer la preparación y el acompañamiento de quienes desarrollan su servicio en Pastoral Penitenciaria. Por ello, señala también la necesidad de mejorar los cauces para la formación inicial y permanente de los agentes de pastoral penitenciaria, voluntarios y capellanes. «Constatamos que faltan manos. Debemos especificar bien la vocación al servicio del preso», apuntan en este resumen del año.

Acompañar, escuchar y ofrecer nuevas oportunidades

Junto a los datos, la memoria 2025 pone el acento en una forma concreta de entender la presencia de la Iglesia en las prisiones: «Queremos mostrar que otra cárcel es posible desde la escucha, el acercamiento, la humanidad, la comprensión, la oportunidad y perdón», afirma José María Carod en la presentación de esta memoria.

El Departamento de Pastoral Penitenciaria expresa también su deseo de dar pasos firmes en el acompañamiento de víctimas y victimarios: «Hacernos presentes en el dolor de tantas familias heridas en ambos lados. Y sobre todo llegar a una coordinación tan total que resulte por sí misma evangelizadora».

Más de 3,7 millones de euros destinados a la acción penitenciaria

La actividad desarrollada durante 2025 contó con una aportación económica de 3.735.938,65 euros. De esta cantidad, 1.553.465,76 euros correspondieron a las capellanías y 2.127.472,89 euros a las casas de acogida, según los datos globales de la memoria.

Los datos reflejan, en conjunto, una amplia red de presencia y acompañamiento en torno a esta realidad. En este sentido, la memoria 2025 concluye su presentación con una definición de su labor y compromiso con las personas privadas de libertad: «seguimos sin pausa. Porque la meta final está clara: acompañar, visibilizar y mejorar la realidad -por ahora aún inevitable- de la pena de prisión».

jueves, 24 de septiembre de 2026

PASTORAL DE LA SALUD

 

La Pastoral de la Salud celebra su 50 aniversario en las Jornadas de Delegados, del 22 al 24 de septiembre

El Departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española  (CEE), integrado en la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social, organiza del 22 al 24 de septiembre, en Madrid, las L Jornadas Nacionales de Delegados de Pastoral de la Salud, que tendrán como eje la celebración de los 50 años de la Pastoral de la Salud en España. El encuentro lleva por lema «Id y curad. Cincuenta años cumpliendo el mandato del Señor«.

Las jornadas reunirán a los responsables de la pastoral de la salud para compartir experiencias, profundizar en los retos actuales y mirar hacia el futuro partiendo de la misión de la Iglesia de acoger, cuidar y acompañar a las personas enfermas.

La misión evangélica de cuidar

La primera jornada tendrá lugar el martes 22 de septiembre, por la tarde. Tras la acogida, la oración y la apertura de las jornadas, intenvendrá José Luis Méndez, director del Departamento de Pastoral de la Salud, quien ofrecerá la primera ponencia con el título «Curar toda enfermedad y toda dolencia. Significado de este encargo del Señor«.

A continuación, la segunda ponencia «Cuidar a nuestros mayores» estará a cargo de Miguel Garrigós, director del Secretariado de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida.

El miércoles 23 de septiembre se presentarán los resultados y reflexiones de la encuesta para una pastoral de la salud renovada, realizada en 2025, así como la Campaña 2027 y los materiales de formación.

La jornada continuará por la tarde con la ponencia «La pastoral hospitalaria ante un nuevo renacer«, que ofrecerá Luis Sánchez Ruiz, delegado episcopal de la pastoral de enfermos y mayores de la archidiócesis de Valencia. El programa incluye además la presentación de propuestas del Departamento y una oración por los enfermos y cuidadores.

Cincuenta años de camino

La última jornada, el jueves 24 de septiembre, estará especialmente dedicada a hacer memoria de estos cincuenta años de Pastoral de la Salud en España. Juan Manuel Bajo, delegado episcopal de Pastoral de la Salud de Tortosa, pronunciará la ponencia «Historia de la pastoral de la salud en España a lo largo de estos cincuenta años«.

Seguidamente, bajo el título «Recuerdos del camino recorrido en los 50 años en pastoral de la salud», se compartirán distintos testimonios vinculados a esta trayectoria. El programa contempla una entrevista a Mons. José Luis Redrado, obispo emérito y secretario emérito del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, y los recuerdos de Rudesindo Delgado, sacerdote y director emérito del Departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española durante más de 20 años.

Las jornadas concluirán con los actos de celebración del 50 aniversario. A las 19.00 h. tendrá lugar una concelebración de la eucaristía en la catedral de la Almudena, seguida de una cena y un homenaje a los directores y obispos responsables de la Pastoral de la Salud durante estos últimos cincuenta años.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

PASTORAL PENITENCIARIA

 


El reconocimiento será entregado el próximo 24 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de la Merced, en el Centro Penitenciario de Teruel

La Pastoral Penitenciaria de la diócesis de Teruel y Albarracín ha sido distinguida con la Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario, un reconocimiento concedido por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior por su labor en el ámbito penitenciario.

Esta distinción se concede a la Pastoral Penitenciaria de la diócesis de Teruel y Albarracín por la realización de «importantes servicios en el ámbito penitenciario», así como por su «importante contribución a la mejora de la actividad penitenciaria en cualquiera de sus manifestaciones».

La Medalla de Plata al Mérito Social Penitenciario será entregada el próximo jueves, 24 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de la Merced, durante la celebración de la Merced que tendrá lugar en el Centro Penitenciario de Teruel.

La carta de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias destaca también el papel de las organizaciones ciudadanas que colaboran en el proceso de reinserción social de las personas privadas de libertad, en el marco de la celebración de la festividad de la Merced.

Desde la diócesis de Teruel y Albarracín se recibe este reconocimiento como un motivo de alegría y agradecimiento por la labor que desarrolla la Pastoral Penitenciaria en el ámbito de la atención a las personas privadas de libertad.

martes, 22 de septiembre de 2026

CENA DEL HAMBRE!!!

 


Un año más la Delegación de Manos Unidas en Teruel, convoca a participar en la Cena del Hambre. Se trata de un momento de concienciación y unión simbólica con los millones de personas que sufren hambre en el mundo.

Porque, todavía es necesario recordar que un plato en la mesa nos es lo habitual, si no lo extraordinario para millones de personas. Por ello desde Manos Unidas le declaramos la guerra al hambre, para manifestar que la paz no es solo la ausencia de guerra sino el derecho a la alimentación, a la educación y a la salud y sin estos tres elementos la paz no es posible.

Necesitamos unir manos y corazones para poner nuestros bienes y generosidad al servicio de los que más sufren, compartiendo lo nuestro con aquellos que no tienen nada, y mostrar cómo una sencilla cuchara es la mejor arma para construir la paz.

Con este propósito invitamos a participar en la Cena del Hambre de este año, que tendrá lugar el viernes 25 de septiembre a las 8 de la tarde en el claustro del Obispado.

La recaudación obtenida en la cena se destinará a los dos proyectos de desarrollo que la Delegación de Teruel apoya en África, un proyecto agrícola en Rwanda: la construcción de un invernadero y la dotación de todos los aperos necesarios para la mejora de las semillas. El segundo proyecto es educativo y se localiza en Bennin: la construcción de un centro para la formación de profesores de escuelas primarias y secundarias. El coste de ambos proyectos asciende en total a 115.143 euros.

Tú, también tienes un papel clave en la construcción de un mundo más justo, ¡ven y participa!

Manos Unidas de Teruel

lunes, 21 de septiembre de 2026

CARTA DEL SANTO PADRE!!!

 

CARTA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS OBISPOS LATINOAMERICANOS Y DEL CARIBE
CON MOTIVO DEL TERCER CENTENARIO DE LA CANONIZACIÓN
DE SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO


Queridos hermanos en el Episcopado:

Acogiendo la petición del Episcopado peruano y con ocasión del tercer centenario de la canonización de santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América Latina, los saludo con afecto en el Señor y les agradezco el servicio que prestan cada día. Al dirigirles estas palabras, vuelve a mi corazón la gratitud por el privilegio de haber ejercido el ministerio episcopal en el Perú. Allí conocí de cerca la fe de un pueblo del que recibí mucho y comprendí mejor lo que significa ser pastor. Esa experiencia me acercó de modo particular a santo Toribio, quien también llegó desde lejos a una tierra que terminó haciendo suya por la caridad pastoral.

Mis Predecesores se han detenido ampliamente en la figura del «excelso metropolitano limeño», recordando su celo evangelizador, su empeño por la edificación y renovación de la vida eclesial y su cercanía a los más pobres y vulnerables. Sin volver ahora sobre su biografía, quisiera contemplar su ministerio a la luz de un signo que nos remite al origen mismo de nuestra misión: la recepción del obispo en su iglesia catedral. Un rito semejante se prevé para la visita pastoral a una comunidad, como si la Iglesia quisiera conducir al prelado, una y otra vez, al significado de aquella primera entrada.Lo que la liturgia expresa en unos pocos gestos, el Apóstol de los Andes lo fue haciendo vida a lo largo de sus años de pastor. La mejor manera de honrar su memoria será dejarnos interpelar por el modo en que vivió el ministerio que también nosotros hemos recibido, e imitarlo.

El rito comienza en la puerta de la catedral. Allí el nuevo obispo es recibido por la Iglesia a la que ha sido enviado. Llega a una comunidad que lo precede, que ha recorrido un camino de fe y en la que el Espíritu Santo ya estaba obrando. Al cruzar aquel umbral, entra en una historia que no comienza con él y queda ligado, por su ministerio, a un pueblo concreto. El santo arzobispo llegó a una tierra de cuyos pueblos y culturas apenas tenía noticia. Para pastorearla debía adentrarse en aquella realidad, y por eso la recorrió. Sus visitas pastorales y su preocupación por que el Evangelio pudiera ser anunciado en las lenguas locales fueron estrechando su vínculo con aquella tierra y sus gentes. Hay realidades de una diócesis que difícilmente alcanzan un escritorio. Por eso, procuremos que la visita pastoral conserve toda su fuerza: vayamos personalmente al encuentro de nuestras comunidades, escuchemos a nuestra grey y busquemos a quienes pocas veces tienen ocasión de acercarse al obispo. El ministerio de un sucesor de los apóstoles exige vivir con el corazón en el cielo y los pies en el camino.

Todavía en la puerta, el obispo recibe un crucifijo y lo besa. La Iglesia pone ante él a Aquel que amó a los suyos hasta el extremo. Ese gesto contiene una promesa de entrega. El ministerio podrá llevarlo por caminos que no había previsto y pedirle renuncias que quizá nunca imaginó. La cruz le recuerda que ha de permanecer junto al rebaño cuando lleguen las horas difíciles y que la protección de las ovejas puede tener un precio para el propio pastor. Toribio prolongó aquel beso a la carne sufriente del Señor en sus viajes y fatigas, al defender a los indígenas, corregir abusos y mantenerse cerca de los pobres y de quienes sufrían. Queridos hermanos, necesitamos volver con frecuencia a la escuela de la cruz. El abandono de la grey puede comenzar mucho antes de una huida visible, cuando la comodidad, el temor o los propios intereses pesan más que el bien de los fieles. El mercenario calcula lo que puede perder; el pastor sabe que algo de sí habrá de entregar para permanecer fiel (cf. Jn 10,12-13).

Después, el obispo recibe el agua bendita, se asperja a sí mismo y asperja a los presentes. El gesto lo devuelve a la fuente común del Bautismo. Antes de ser pastor, es discípulo; antes de presidir al Pueblo de Dios, se cuenta él mismo entre los bautizados, hechos hijos en Cristo. La santidad del pastor no puede darse por supuesta (cf. 1 Tm 4,16). Santo Toribio pudo pedir una vida eclesial más fiel al Evangelio porque comenzó por dejarse medir por esa misma exigencia. Quien ha recibido el encargo de santificar sigue necesitando ser santificado; quien anuncia la misericordia vive también de ella. Cuidemos, pues, nuestra vida interior y conservemos la conciencia de que somos discípulos necesitados de conversión.

El rito conduce después al obispo ante el Sagrario, donde se arrodilla y adora. Antes de comenzar su ministerio, se detiene en silencio ante el Santísimo. Los obispos pasan; Cristo permanece (cf. Hb 13,8). Cambian los pastores, surgen nuevas urgencias y se suceden los proyectos, pero la Iglesia vive del Señor. Por eso, quisiera invitarlos a hacer de la adoración eucarística una prioridad pastoral. El amor de Toribio a la Eucaristía se manifestó en su solicitud por acercar a todos a Jesús. Ofrezcamos a nuestros fieles tiempo y espacios para permanecer ante Él y alentemos la adoración prolongada. Estoy convencido de que la santa presencia del Señor, acogida y adorada con fidelidad, sostiene lo que nuestras fuerzas no alcanzan y abre caminos que ninguna planificación podría prever. Será su amor el que transformará nuestras diócesis.

Tras revestirse, el obispo se acerca al altar y lo besa. Es el mismo Señor, ante quien acaba de arrodillarse, ahora contemplado como aquel que reúne a su Iglesia en torno a sí y la hace un solo cuerpo (cf. 1 Co 10,17). El santo prelado sirvió a una Iglesia inmensa y plural, esforzándose por mantenerla unida. También a nosotros nos corresponde velar para que la diversidad de nuestras diócesis encuentre en Cristo su unidad. El altar nos recuerda que la comunión pertenece al corazón mismo de nuestra misión.

Luego se dirige a la cátedra y se leen las Letras apostólicas, la bula por la que el Romano Pontífice lo ha nombrado pastor de aquella Iglesia particular. El obispo no se ha dado a sí mismo esa misión, la ha recibido y la ejerce en la comunión de la Iglesia, unido al Sucesor de Pedro y al Colegio Episcopal. La enseñanza que ofrece desde la cátedra no nace de una palabra propia que tenga que imponer. Ha recibido la fe de la Iglesia y está llamado a «guardar el buen depósito», profundizarlo y hacerlo comprensible para quienes están bajo su cuidado (cf. 2 Tm 1,13-14). Santo Toribio comprendió bien esta responsabilidad. La recepción del Concilio de Trento, los concilios provinciales, los sínodos diocesanos y su labor catequética dan testimonio de su deseo de transmitir íntegramente la fe y hacerla accesible a quienes tenía delante. En un tiempo en el que tantas voces reclaman autoridad sobre la conciencia de los fieles, corresponde al obispo ofrecer una enseñanza clara, paciente y arraigada en esa comunión, para ayudar a su pueblo a reconocer la voz del único Pastor.

A continuación, se acercan el clero y los fieles para «manifestar obediencia y reverencia». La reverencia recibida se convierte para el obispo en responsabilidad, y la obediencia ofrecida reclama, de él, paternidad. Esta se hace especialmente visible en su relación con los presbíteros, unidos a él de un modo singular en el único sacerdocio y en la misión confiada a la Iglesia particular. Toribio veló por su formación, fue exigente en la admisión a las órdenes, visitó a sus sacerdotes y sostuvo la disciplina eclesiástica, consciente de que la vida del clero repercute en la del pueblo. Queridos hermanos, estemos cerca de nuestros sacerdotes. Cuidemos especialmente el seminario y los primeros años de ministerio, favorezcamos una fraternidad real y procuremos que ningún presbítero sienta que sólo puede acercarse a su obispo cuando existe un problema que resolver. La paternidad episcopal se reconoce muchas veces cuando un sacerdote sabe que puede llamar con confianza a la puerta de la casa episcopal.

Después del Evangelio, el obispo dirige por primera vez la palabra a su pueblo. Hasta entonces, la liturgia lo ha puesto en actitud de recibir y escuchar, y lo ha conducido al silencio de la adoración. Sólo después habla. Ese orden sencillo contiene una enseñanza que conviene siempre tener presente. Entre las muchas responsabilidades que ocupan nuestra jornada, hemos sido enviados para anunciar la Buena Nueva. Como los Apóstoles, estamos llamados a perseverar «en la oración y en el ministerio de la Palabra» (Hch 6,4). Santo Toribio hizo de su vida una predicación prolongada, y su anuncio resultaba creíble porque había permitido que el Evangelio modelara primero su existencia. Que ninguna urgencia ni tarea pastoral, por necesaria que sea, relegue la oración como antesala de la predicación. Reservemos siempre el tiempo necesario para escuchar la Palabra y preparar con esmero el modo de ofrecerla a nuestro pueblo.

Terminados los ritos de la recepción y celebrada la liturgia de la Palabra, llega el momento de presentar la ofrenda. En aquel ofertorio podemos ver anticipadamente todo lo que el obispo habrá de colocar, día tras día, en las manos del Señor: su trabajo, los proyectos que emprenderá, las decisiones que deberá tomar, las personas que le han sido confiadas, sus preocupaciones y sus esperanzas. Habrá momentos en que verá con claridad el camino y otros en los que experimentará su propia pequeñez: todo ello cabe en la patena. Al obispo le corresponde entregarse con fidelidad; el fruto, en último término, pertenece a Dios (cf. 1 Co 3,6-7).

La celebración misma muestra dónde tiene su fuente esa fecundidad. En la Santa Misa se actualiza sacramentalmente el único sacrificio de Cristo para la salvación del mundo, mientras su Pueblo es asociado a la ofrenda de su Señor. De este Santo Sacrificio mana la gracia de la que vive la Iglesia y por la que Cristo continúa reuniéndola y santificándola a lo largo de la historia. El obispo, como todo sacerdote, presta su voz y sus manos a Cristo, Sumo y eterno Sacerdote, que actúa por medio de su ministerio. Aquello que celebra ha de prolongarse también en su propia vida, cada vez más unida a la ofrenda del Señor, hasta que toda su existencia llegue a ser, en Cristo, una ofrenda al Padre.

La geografía espiritual de la Iglesia en América Latina está marcada por pastores que hicieron visible esta unión entre el altar y la vida. La figura de santo Toribio, por tanto, no está sola. A lo largo de los siglos y en distintas regiones del continente se ha ido formando una verdadera constelación de obispos que la Iglesia venera como santos y beatos. Junto al gran arzobispo de Lima se encuentran los santos Antonio María Claret, Ezequiel Moreno, Rafael Guízar y Óscar Romero, y los beatos Juan de Palafox, Jacinto Vera, Mamerto Esquiú, Enrique Angelelli, Jesús Jaramillo y Eduardo Pironio, entre tantos otros insignes obispos. Profundicemos en el ministerio y los escritos de estos pastores y démoslos a conocer en nuestras Iglesias particulares. Su testimonio puede ayudarnos a comprender mejor la misión del obispo y reviste un interés especial para la formación de seminaristas y sacerdotes. Sus vidas muestran cómo una misma misión puede tomar formas diversas según los tiempos y las circunstancias y forman una escuela de pastores nacida de nuestra historia eclesial. Los santos siguen formando santos (cf. Hb 13,7).

Encomendemos a Santa María de Guadalupe nuestro deseo de vivir con renovada fidelidad la misión recibida. En los albores de la evangelización de ese querido continente, Ella quiso que san Juan Diego llevara su petición al obispo y que fuera él quien discerniera y acogiera lo que el Señor estaba realizando por medio de un mensajero humilde. Aquel encuentro sigue siendo una invitación para nosotros pastores: estar atentos a la acción de Dios, que muchas veces se manifiesta por caminos imprevistos y se sirve de quienes menos cabría esperar. Por intercesión de la Madre de Dios, pidamos la gracia de conocer, servir y amar a las Iglesias que nos han sido confiadas, para que, cuando llegue la hora de dar cuenta al Señor de nuestro ministerio, podamos escuchar: «Bien, siervo bueno y fiel […] entra en el gozo de tu señor» (Mt 25,21).

Con afecto fraterno, los bendigo de corazón.

Vaticano, 8 de septiembre de 2026, Natividad de la Bienaventurada Virgen María.


LEÓN PP. XIV