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lunes, 8 de junio de 2026

SED LA CHISPA!!!

 

León XIV en la Vigilia con los jóvenes: 

«Sed chispa de una humanidad nueva»



León XIV ya está en Madrid, y no hay madrileño que no se haya dado cuenta de la presencia del pontífice ni acompañante del séquito papal que no haya quedado atónito ante el recibimiento de la capital. A primera hora de la mañana los quioscos de la ciudad vendían la bufanda oficial del Papa, como si el gran evento del día, en las postrimerías de la Plaza de Lima, fuera un derbi, acaso una final de Champions, o como si el Real Madrid recibiese el anuncio de un nuevo entrenador. Máxima expectación junto al Bernabéu.

León XIV ya está en Madrid, y no hay madrileño que no se haya dado cuenta de la presencia del pontífice ni acompañante del séquito papal que no haya quedado atónito ante el recibimiento de la capital. A primera hora de la mañana los quioscos de la ciudad vendían la bufanda oficial del Papa, como si el gran evento del día, en las postrimerías de la Plaza de Lima, fuera un derbi, acaso una final de Champions, o como si el Real Madrid recibiese el anuncio de un nuevo entrenador. Máxima expectación junto al Bernabéu.

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Era un grupo de monjas, en un babel de colores, el que inauguraba la jornada, casi de madrugada, rezando el Rosario en una parada de autobús. Madrid contiene su aliento desde primera hora, pero con esa contención multitudinaria: el bullicio de la capital se ha peatonalizado y los niños corrían por la Castellana, mientras otros ondeaban sus banderas desde los balcones. España se ha vestido de gala para la ocasión. Y de fondo, en las calles aledañas a la Plaza de Lima, sonaban cánticos. Uno de estos coros improvisados, con cantoras de avanzada edad, entonaba alegremente aquello de «Juntos como hermanos, miembros de una Iglesia».

Y aunque a partir de las 16:00hs de la tarde se abrían las puertas para acceder a la multitudinaria Vigilia del Santo Padre con los jóvenes, no ha sido hasta las 18:30hs, con una puntualidad inusual, que ha empezado el festival musical con el que España calentaba los motores para recibir a León XIV. En las grandes pantallas distribuidas un vídeo invitaba a los cientos de miles de peregrinos a alzar la mirada. Ha sonado el himno oficial una y otra vez, al ritmo que los obispos y demás autoridades iban ocupando las sillas, y los últimos peregrinos avanzaban por los pasillos. La asistencia ha superado todas las expectativas.

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Así ha comenzado a pasar por el escenario un ramillete de artistas. Si las primeras canciones en sonar abrían el festival con letras como «Como el Padre me amó, yo os he amado» o «Nadie te ama como yo», al poco tiempo han sonado a todo volumen temas más actuales. Antonio José, Lola Tuduri, Inazio o Mälmo sobre la inmensa tarima instalada frente al estadio Bernabéu. Miles de personas cantaban «Un viernes de enero» o «Matar la pena». Cada uno en su sitio, pero todos cantando sonrientes aguardando la llegada del Santo Padre.

Pasadas las 19:30hs comenzaba el rezo del Santo Rosario tras entonar un himno a la Virgen de la Almudena. La celebración ha dejado espacio a la oración. Alternando cada misterio –los Luminosos– con testimonios variados, el rezo ha creado entre la multitud un espíritu de recogimiento, al tiempo que ha estado guiado por un desacostumbrado hilo artístico: en las pantallas, cinco obras del Museo del Prado ilustraban el rezo mariano: del «Bautismo de Cristo», de El Greco, a «La Última Cena», de Juan de Juanes, pasando por la pintura flamenca de Willem Van Herp. Y terminado el Rosario, ha sido la música de Tuyo la que ha vuelto a sintonizar a la multitud con el ambiente festivo. Una certeza recorría entonces la capital: el Papa estaba cerca.Con los nervios a flor de piel, a las 20:35, al comenzar los compases del himno de la Visita –«Alzo la mirada»–, los cientos de miles de peregrinos congregados han estallado en un estruendo de alegría: León XIV aparecía en las pantallas iniciando su camino hasta el escenario central en el Papamóvil. Sonriente y cercano, afable y generoso. Y en primera fila, delante de la ministra Ana Redondo, delante del alcalde José Luis Martínez Almeida, delante del presidente de la Conferencia Episcopal Española, don Luis Argüello, y hasta delante del Secretario de Estado vaticano monseñor Pietro Parolin, se ha formado una fila de niños que han abarrotado la valla. Tras una carrera imposible, eran ellos los protagonistas del primer encuentro con León XIV.

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Pero su llegada se ha hecho de rogar. El recorrido con el Papamóvil se ha alargado durante más de diez minutos, precisamente con paradas intencionales del Santo Padre para bendecir a los más pequeños. Era fácil verlo en una de esas pantallas con un bebé en brazos, acaso apretando la mano de una niña. A las 20:46hs se ha bajado, a la derecha del escenario para saludar precisamente a fieles, familias y, de nuevo, niños. Dejad que los niños se acerquen a él, en fin. El hilo musical, obra de una gigante orquesta, ha resonado en las calles de Madrid durante casi veinte minutos ininterrumpidos, hasta que a las 20:48hs León XIV ha subido al escenario.

 «De Madrid al cielo»

El cardenal de la capital, José Cobo, ha hecho gala de un punto de madrileñismo: «De Madrid al cielo» ha sido la bienvenida al Papa. La emoción estaba servida, y don José ha logrado dar en la tecla: «Mirar al cielo, mirar alto, y alzar la mirada. Para reconocer lo que el Espíritu sigue haciendo en su Iglesia. Para escuchar la voz del Señor». Y con una voz algo quebrada por la emoción, ha querido trasladar a León XIV lo que a cualquiera de nosotros nos hubiese gustado decirle: «Santo Padre, gracias por venir a ayudarnos a levantar la mirada. Gracias por confirmarnos en la fe. Esta es su casa». Madrid, España entera y nuestro corazón. El Papa ha sabido hacerse un hueco.

Tras una actuación del musical «Godspell», el silencio ha inundado Madrid, porque León estaba a punto de rugir. En ese rugido manso suyo, el pontífice ha querido improvisar un saludo: «En primer lugar, un saludo a todos vosotros. Gracias por estar aquí, y gracias por compartir la fe con todo Madrid y con todo España». Los aplausos se han hecho aún mayores cuando, en sus primeras palabras, ha tenido un arrebato de pastor, feliz de ver a sus ovejas entusiasmada: «No tengáis miedo, jamás, a una vocación a la vida sacerdotal o a la vida religiosa». 

 

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León XIV, en las preguntas planteadas por los jóvenes madrileños, ha propuesto tres modelos de santidad: San Juan Crisóstomo, Santo Tomás de Villanueva y Santo Toribio de Mogroviejo. «Escoged modelos de vida buena, que resulten atractivos tanto para vosotros como para los demás». Vivir una vida contagiosa, imitar los modelos valiosos, comprometerse con los grandes ideales. Son las tareas de una generación. Y si monseñor Cobo ha acogido como todos quisiéramos hacerlo, Miriam, joven de la parroquia Santa Teresa de Jesús, de Tres Cantos, ha objetado lo que todos queríamos objetar: «Santo Padre, las dudas y el miedo nos impiden preguntarnos qué quiere Dios de nosotros. ¿Qué considera que nos ayudaría a reconocer la voz de Dios entre otras muchas voces?».

León XIV ha propuesto un tríptico de vida cristiana, todo un programa de vida para los jóvenes. Primero, el Santo Padre ha pedido a todos los jóvenes escuchar a Dios a través del silencio: «En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece». Y aunque «algunas voces engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, y otras hablan por interés», todos los fieles cristianos tenemos una tarea, que el Papa ha proclamado con fuerza: «¡Buscar siempre la verdad!». En segundo lugar, el Papa ha recordado que Dios nos escucha a través de nuestra oración: «Nuestro discurso interior se convierte en oración, alabanza y súplica. No tengáis miedo de expresar lo que sentís en el corazón». Y, por último, la misión de seguir a Cristo vivo a través de la Adoración Eucarística: «La Adoración Eucarística es precisamente el lugar adecuado para liberar el corazón».

Entremezclado con los aplausos y la euforia de la Plaza de Lima, el Santo Padre ha querido dar un último consejo: «Nadie está sólo creyendo en Jesús. Mirad cuántos estáis aquí. En comunidad, en los grupos de jóvenes, en la familia, podemos todos aprender lo que es la belleza de nuestra fe. ¡Compartid vuestro camino espiritual!». Un anhelo que es una certeza: «Si ardeis en la fe, transmitireis su fuego vivo. Buscad todos en vuestros corazones este amor de Dios».

Con la potencia de su convicción, León XIV ha recordado: «No tengáis miedo del matrimonio, no tengáis miedo de formar una familia». Y sobre el mismo escenario en el que se ha representado una escena del musical de Antonio Banderas, el Santo Padre ha citado la Carta a Diogneto. En nuestra cabeza ese pensamiento agustiniano: siempre antiguo y siempre nuevo. Una dualidad fecunda que de la que ha querido aclarar: «Los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo!».

Antes de dar paso al momento final, de Adoración al Santísimo, el Papa ha lanzado su petición a los peregrinos españoles: «Que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos! Hombres y mujeres de carne y hueso». En la era de la inteligencia artificial –no en vano apenas han pasado unos días desde la publicación de su Encíclica «Magnifica Humanitas»–, León XIV ha invitado a echar la mirada hacia atrás: «Mirad a los primeros cristianos» para «responder a las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo». Y un último aliento: «Vosotros podéis cambiar la historia. Hacedlo con el amor».

Tras firmar la cruz que acompañará a la juventud española, a las 21:44hs el Santo Padre ha entrado de nuevo al escenario revestido, con la mitra y el báculo. Sonaba con toda la potencia de la orquesta el himno «Ubi caritas». Los obispos españoles, que han acompañado masivamente a León XIV en su primer acto multitudinario, marcaban la entrada del Santísimo al quitarse su solideo. Entonces los peregrinos se arrodillaron delante del Santísimo. Los acordes de «Majestad, adoro a su Majestad» han inundado Madrid. Y tras la música, silencio. Un silencio sepulcral. 

4. Vigilia Jj Guillen (efe)

En ese ambiente de recogimiento, ha resonado con fuerza el Evangelio de Juan: en medio de la multitud madrileña, acaso tan parecida a la multitud de Tiberíades, y en medio de tanta riqueza, acaso tan similar a aquellos cinco panes y dos peces. Nosotros, con el Papa, no hemos podido contener la emoción al escuchar «Tarde te amé», una de las composiciones más célebres de San Agustín. Pero las lágrimas han llegado con «Tú, el único rey». A las 22:10hs de la noche, bajo el cielo estrellado de Madrid, el silencio se hacía una sola voz.

La Vigilia, marcada ya en el calendario de las celebraciones pontificias en España, ha rematado con dos canciones más, que han hilvanado las voces de todos los presentes. El «Tantum ergo» anunciaba, tras un rato de silencio, que venía la bendición con el Santísimo. Y al tiempo que León XIV elevaba la custodia, dorada por el brillo de miles de ilusiones, el sacerdote y cantante Luispo ha cantado el himno eucarístico «Tuyas son». Nuestras eran, desde luego, la emoción pura, una comunión naturalísima y una esperanza irremediable. Los fuegos artificiales, sorprendentes, iban sobre todo por dentro. Porque León XIV ya está en Madrid, y su amor de pastor ha llegado para quedarse.

ELIGE AMAR Y COMUNIDAD !!!

 

Presentación de la 

memoria de Cáritas


Presentación de la memoria de Cáritas de Teruel y Albarracín  

domingo, 7 de junio de 2026

SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO!!!



"Lauda, Sion, Salvatorem".

La nueva Sión, Jerusalén espiritual, donde se reúnen los hijos e hijas de Dios de todos los pueblos, lenguas y culturas, alaba al Salvador con himnos y cantos, "cum hymnis et canticis".

En efecto, son inagotables el estupor y la gratitud de la Iglesia por el don de la Eucaristía.

Este don supera toda alabanza: "Jamás podrás alabarle lo bastante" (Secuencia del Corpus).

La bellísima antífona del Magnificat de las II Vísperas expresa admirablemente el misterio eucarístico: "O sacrum convivium in quo Christus sumitur; recolitur memoria passionis eius, mens impletur gratia, et futurae gloriae nobis pignus datur", "¡Oh sagrado banquete en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura! Aleluya".

Cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucaristía "proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva" "donec venies".

El fruto precioso es la unidad del Cuerpo místico: "la Eucaristía edifica la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía" (Ecclesia de Eucharistia n. 26).

Ciertamente, sin el Bautismo y la Eucaristía, la Iglesia no sería.

En la santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber: Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Espíritu Santo.

La Secuencia termina con esta súplica: "tuos ibi commensales, cohæredes et sodales, fac sanctorum civium" "admítenos en el Cielo entre tus comensales y haznos coherederos en compañía de los que habitan la ciudad de los Santos".

Tanto la Misa como el Oficio fueron compuestos por santo Tomás de Aquino.

Reclamamos la atención sobre el segundo responsorio del Oficio de lectura: "V. Reconoced en el pan al mismo que pendió en la Cruz; reconoced en el cáliz la sangre que brotó de su costado. Tomad, pues, y comed el cuerpo de Cristo; tomad y bebed su sangre. Sois ya miembros de Cristo. R. Comed el vínculo que os mantiene unidos, no sea que os disgreguéis; bebed el precio de vuestra redención, no sea que os despreciéis".

"Despreciarse" significa aquí "envilecerse".


 

Misa: Dt 8, 2-3. 14b-16a; Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20; 1 Cor 10, 16-17; Jn 6, 51-58

 

Sión y Jerusalén, la Iglesia, ha de cantar alabanzas al Señor porque ha enviado su Palabra y sacia el pueblo "con la flor de harina".

Así lo cantamos en el célebre Salmo de hoy.

Es lo mismo que Moisés dice al pueblo en el discurso del Deuteronomio.

El Señor no ha abandonado el pueblo a su suerte durante su peregrinación en el desierto, camino de la tierra prometida.

Ciertamente que le ha probado que aprenda "que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios" (Mt 4, 4b).

Más aún, lo ha alimentado con el "manà" del cielo.

Con todo, el maná no "era verdadera comida" ya que Aquel que ha enviado el Padre, éste "es el pan que ha bajado del cielo".

Él nutre y sostiene el camino del nuevo Israel hacia el Reino con la Eucaristía que le ha dado.

La Iglesia, a diferencia de los judíos, no murmura cuando celebra y recibe la Eucaristía.

Ellos no sabían ni podían saber todo lo que ha hecho Jesús para darnos la Eucaristía.

Nosotros sí lo sabemos y no podemos hacer la pregunta: "¿Cómo puede este darnos a comer su carne?".

Nosotros sabemos que para hacerlo ha entregado su vida.

La Eucaristía es la actualización sacramental de la ofrenda de Cristo en la Cruz: de su vida, Cuerpo, y de su muerte, Sangre, entregadas por nosotros, "pro nobis".

Quien recibe la Eucaristía, "¡oh cosa maravillosa!, realiza la más íntima comunión posible con Jesús en este mundo, "habita en mí y yo en Él": y vive gracias a Él, "su amor nos hace vivir", y por Él, dándole la vida.

Por encima de todo, quien recibe la Eucaristía tiene "vida eterna" y Cristo lo resucitará el último día de su vida.

Si esto no fuera suficiente, San Pablo proclama que la Eucaristía forma el cuerpo de Cristo, la Iglesia, "pues todos comemos del mismo pan".