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domingo, 15 de marzo de 2026

DOMINICA LAETARE


"Dominica Laetare".

Se llama así por la célebre antífona gregoriana del introito de la Misa, extraída del libro de Isaías (Is 66,10-11).

Esta bellísima antífona de entrada nos hace elevar el corazón hacia la Jerusalén del cielo: anuncia el consuelo, la alegría que reencuentra la Esposa amada cuando, después de la tristeza y del abandono experimentados por razón del pecado, las recupera.

La basílica de la Santa Cruz en Roma, donde antiguamente se celebraba hoy la liturgia estacional, era imagen de la Iglesia que peregrina hacia la Jerusalén eterna, su morada definitiva (antífona de comunión).

Hoy el Papa hacía una ofrenda floral, una rosa roja a la Santa Cruz, que simbolizaba el jardín ameno y aromático del Paraíso.

El color de la rosa probablemente es el origen del color rosado de la liturgia de hoy.

Este Domingo, a la mitad de la Cuaresma anticipa el gozo de la Pascua: es como un respiro dentro de la Cuaresma y un preludio de la solemnidad pascual.

La oración colecta reza: "Haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe gozosa y entrega diligente, a celebrar las próximas fiestas pascuales".

El antiguo introito y el Salmo que lo acompaña expresa la alegría de la Iglesia por el Bautismo que recibirán los catecúmenos y anticipa la alegría pascual.

La alegría cristiana tiene una clara significación escatológica: los cristianos nos alegramos siempre de los bienes futuros y esa alegría repercute en la alegría de nuestra vida.

Se experimenta como don una alegría que será plena, "a pesar de las vicisitudes de lo cotidiano" (cf. Jn 16,33).

Los signos festivos acompañan este Domingo: entre ellos descuella, aunque de manera opcional pero recomendable, el color rosáceo para las vestiduras litúrgicas.

Propiamente, es el color púrpura, como preludio de los "gaudia paschalis festí" para los catecúmenos y los fieles.

Nuestra conversión es siempre una alegría para la Iglesia de la tierra y del cielo (Lc 15,7).

Y la Cruz del Señor "ornata regis púrpura" es nuestra gloria y salvación.


 Misa: 1 Sam 16, 1b. 6-7. 10- 13a; Sal 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6; Ef 5, 8-14; Jn 9, 1-41;o bien, más breve: Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38.

 

Domingo del ciego de nacimiento.

El Evangelio es la catequesis sobre Cristo, luz del mundo.

Es el sexto signo del IV Evangelio, que contiene siete, a los que hay que añadir el  signo más grande, el octavo, que es la Resurrección del Señor.

El ciego representa la humanidad pecadora que reencuentra en Cristo la luz de la vida.

La luz divina es propiamente Dios mismo.

El Bautismo es llamado en la literatura antigua "iluminación".

El relato es una larga historia, narrada a modo de drama: quien cree, debe su visión, su fe, a Cristo.

Llega por pura gracia a la luz.

Pero quien cree que ve y se considera un buen creyente sin deber nada a la gracia, éste es ciego y lo será siempre.

La conclusión del Evangelio es ésta: "Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado;  pero como decís “vemos”,vuestro pecado permanece".

El itinerario de la fe del ciego de nacimiento expresa y marca la gradualidad del camino de la fe: ha pasado de las tinieblas de la desesperanza a la luz más pura de la fe; y todo, en virtud de una gracia que ni él ha pedido.

El ciego, con la luz de la fe iluminando sus ojos, confiesa la fe: "Creo,  Señor". Y se prostró ante Él".

Le adoró como un auténtico creyente.

La noche de Pascua escucharemos el cuasi tropario pascual que san Pablo menciona en la segunda lectura: "Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminarà".

El Salmo 22 es el Salmo de la Iniciación cristiana pues en él resplandecen el misterio del Bautismo, "me conduce hacia fuentes tranquilas", de la Crismación, "me unges la cabeza con perfume" y de la Eucaristía, "preparas una mesa ante mí".

En la primera lectura se evoca la alianza davídica.

lunes, 9 de marzo de 2026

24 HORAS PARA EL SEÑOR

«Las situaciones de guerra, especialmente la situación actual en Irán, nos impulsan a unirnos a la insistente llamada de León XIV a favor de una paz «desarmada y desarmante» basada en el respeto a la vida y dignidad humanas, la justicia y el diálogo en la búsqueda de acuerdos que aseguren el respeto a los derechos humanos, la justicia y la paz, señala el presidente de la CEE», Mons. Luis Argüello, al invitar a unirse a esta Jornada.

«24 horas para el Señor» es una iniciativa cuaresmal de oración y reconciliación instituida por el papa Francisco. Se celebra cada año en las vísperas del cuarto domingo de Cuaresma, con el objetivo de poner en el centro de la vida de la pastoral de la Iglesia el sacramento de la reconciliación.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Señor de la Vida, que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza, creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra, para la fraternidad, no para la destrucción.

Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: «La paz esté con vosotros», concédenos el don de tu paz y la fortaleza para hacerla realidad en la historia. Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo, rogando que las naciones renuncien a las armas y elijan el camino del diálogo y la diplomacia.

Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia, para que podamos ser instrumentos de reconciliación. Ayúdanos a comprender que la verdadera seguridad no nace del control que alimenta el miedo, sino de la confianza, la justicia y la solidaridad entre los pueblos.

Señor, ilumina a los líderes de las naciones, para que tengan la valentía de abandonar proyectos de muerte, detener la carrera armamentista, y poner en el centro la vida de los más vulnerables.

Que nunca más la amenaza nuclear condicione el futuro de la humanidad. Espíritu Santo, haz de nosotros constructores fieles y creativos de paz cotidiana: en nuestro corazón, nuestras familias, nuestras comunidades y nuestras ciudades.

Que cada palabra amable, cada gesto de reconciliación y cada decisión de diálogo sean semillas de un mundo nuevo. Amén

domingo, 8 de marzo de 2026

LA SAMARITANA


El Domingo de la Samaritana es contemplación y enseñanza, "didascàlia" sobre el Señor, fuente del "agua viva".

Esta fuente brotará incesante y gozosamente en la noche de Pascua para engendrar los hijos e hijas de Dios.

La Samaritana es figura de la humanidad sedienta de la vida divina, también de  los que piden el don de la fe, y de la Iglesia penitente.

El maravilloso relato se expresa en un doble lenguaje, el de Jesús y el de la mujer.

He aquí que Aquel que pide agua se convierte en fuente de donde brota el agua viva: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú,  y Él te daría agua viva".

Y aún más: "el que beba del agua que yo le daré (…) se convertirá dentro  de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna" (antífona de comunión).

En este diálogo maravilloso, la Samaritana es incapaz de comprender.

Sólo en virtud del conocimiento que Jesús tiene de su vida, la gracia de la fe penetra en su corazón, y Jesús se automanifiesta como el Mesías: "Soy yo, el que habla contigu".

He aquí que el agua de la gracia ha penetrado hasta el fondo del alma de la mujer  pecadora, la ha purificado y la ha impulsado a la acción apostólica.

Su pecado ya no reviste ninguna importancia, deviene insignificante comparado  con el don, tanto que la mujer deja la jarra: ya no la necesita, ha encontrado el agua verdadera, el agua viva del Espíritu Santo.

En el Prefacio leemos estas palabras: "Al pedir agua a la Samaritana, ya había infundido en ella la gracia de la fe y, si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer, fue para encender en ella el fuego del amor divino".

Recordemos las palabras de San Agustín: "El que pedía de beber, tenía sed de la fe de aquella mujer" (In Io. Ev XV, 11).