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lunes, 20 de abril de 2026

ES TIEMPO ....

 


Es tiempo de un país que cuide


Nota de los departamentos de Pastoral de la Salud y de la pastoral del Trabajo con motivo del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo

28 de abril de 2026

Vivimos un tiempo de desgaste profundo. El cansancio se ha vuelto el paisaje cotidiano de nuestros barrios y transportes públicos; un agotamiento que no es fruto del esfuerzo sano, sino de una economía que exige demasiado y devuelve demasiado poco. Desde los departamentos de la Pastoral del Trabajo y la Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal Española, alzamos nuestra voz para denunciar que hemos normalizado la precariedad y que es urgente transitar hacia una ética del cuidado que ponga la vida en el centro.

La precariedad ya no es una excepción, sino un sistema que corroe la vida común. Según el reciente Informe PRESME[1] 2025, el 47,5% de los trabajadores en nuestro país vive bajo algún tipo de precariedad. Esta inseguridad estructural impide planificar el futuro, rompe los vínculos familiares y debilita el tejido social. Como sociedad, no podemos permitir que el trabajo, que debería ser fuente de dignidad, se convierta en una herramienta de erosión humana.

Es un escándalo ético que el 90% de las mujeres jóvenes migrantes en trabajos manuales sufra precariedad severa. Ellas sostienen nuestros hogares, cuidan a nuestros mayores y limpian nuestras ciudades, a menudo sin derechos básicos ni protección. Una sociedad que descansa sobre el sacrificio invisible de las más vulnerables ha perdido su brújula moral. La verdadera justicia exige que quienes más cuidan sean, precisamente, las más protegidas.

La precariedad enferma y, en demasiadas ocasiones, mata:

  • Salud Mental: El riesgo de sufrir problemas psicológicos se multiplica por 2,5 bajo condiciones precarias. En el último año, las bajas por causas psicológicas han rozado las 600.000. El estrés crónico y la ansiedad no son debilidades personales, son consecuencias de ritmos inhumanos.
  • Siniestralidad Laboral: En 2025, 735[2] personas perdieron la vida en accidentes de trabajo. En los últimos 30 años (1996-2025) han sido 30.129 las muertes registradas en el trabajo. No son cifras; son familias truncadas por una cultura que antepone la rentabilidad a la prevención.
  • Pobreza Laboral: El Informe FOESSA 2025 nos alerta de una realidad dolorosa: tres de cada cuatro hogares en exclusión severa cuentan con personas trabajadoras. Trabajar ya no garantiza salir de la pobreza.

Nadie puede decir que no lo sabía: La precariedad es un hecho público con datos indiscutibles.

  • Gobernar es, en su esencia, cuidar. Exigimos políticas valientes: estabilidad real, salarios suficientes, una inspección de trabajo robusta y la integración de la salud mental en el cuidado de la vida de las personas trabajadoras.
  • La dignidad del trabajador debe estar por encima de la lógica del beneficio. Las empresas que cuidan no solo son más éticas, sino más sostenibles y humanas.
  • No podemos ser indiferentes. El cuidado no es una opción secundaria; es la base de una comunidad sana y la mayor forma de justicia.

El cuidado empieza hoy

Inspirados en el Evangelio y en una ética humana universal, decimos: ¡Basta de una economía que mata!, de ritmos que enferman y de muertes que pudieron evitarse.

Es tiempo de un país que cuide, donde el trabajo sostenga la vida en lugar de desgastarla. Hacemos un llamamiento a las instituciones, sindicatos, organizaciones empresariales y ciudadanos para despertar a esta urgencia. La dignidad humana no es negociable: Es tiempo de justicia, ¡es tiempo de un país que cuide!

domingo, 19 de abril de 2026

EMAUS!!!


En este Domingo, conocido antiguamente con el nombre de "Dominica Iubilate", se lee en los tres ciclos, A, B, C, una aparición del Señor a los discípulos.

No deben disminuir ni el gozo ni la expresividad litúrgica del tiempo de Pascua  ya que, a partir del Triduo Pascual, Fuente de luz, la Cincuentena es celebrada por toda la Iglesia.

Cada día es considerado como si fuera Domingo, como "un solo día de fiesta".

La alegría cristiana se manifiesta en la caridad y en la fraternidad.

También en la alabanza desbordante de la celebración comunitaria de la fe.


Misa: Hch 2, 14. 22-33; Sal 15, 1b-2a y 5. 7-8. 9-10. 11; 1 Pe 1, 17-21; Lc 24, 13-35

 

En todos los ciclos el III Domingo de Pascua se escucha en el Evangelio  una "epifania" del Señor Resucitado.

Este año, el relato de los discípulos de Emaús.

El Señor mismo ejerce la "divina mistagògia" e introduce a los discípulos, durante el camino, en el conocimiento de la Escritura, y se les hace presente en la Fracción del Pan, mientras sus corazones son abrasados en el Espíritu Santo.

El camino de Emaús es el camino de todos los y las discípulos de Jesús a lo largo de los siglos, por lo tanto, nuestro camino.

Lo más importante, sin embargo, no es el camino de ida, sino el camino de regreso: el encuentro, en la fe y en el amor, con Jesús Resucitado nos hace misioneros.

Jesús desaparece, "desapareció de su vista", pero nos ha dejado la Palabra y el Sacramento.

Hay que tener presente que este relato de los discípulos de Emaús encuentra  un  apunte final y completivo en la proclamación del evangelio del III Domingo de  Pascua en el Ciclo B, el próximo año.

En la primera lectura, escuchamos la predicación de los apóstoles que anuncian el "kerigma": Cristo ha muerto y resucitado por nosotros, y nos ha dado el Espíritu Santo.

Tal y como se proclamará en el Evangelio, "Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetes", para Pedro, Cristo es la clave de interpretación de toda la historia de Israel, e incluso de la creación del mundo: "previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros", segunda lectura.

El cordero inmolado, sin tara o defecto y su sangre preciosa recuperan para Dios la creación perdida.

Todo el Antiguo Testamento, también toda la creación, se orienta hacia el evento de la salvación.

Así somos rescatados de la "conducta inútil": conocemos el sentido de todo "de manera que nuestra fe y nuestra esperanza están puestas en Dios".

Como Salmo responsorial se canta el Salmo 15, interpretado, según la primera lectura,  como una profecía de la Muerte y de la Resurrección del Señor.

Realmente, nos tiene que conmover cantar el Salmo con el que los apóstoles predicaban la gloria del Señor viviente y glorificado.