PÁGINA PRINCIPAL

sábado, 12 de septiembre de 2026

AULA DEL SÍNODO!!!


En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¡La paz esté con ustedes!

En este momento, antes de abordar el tema de la jornada, podemos elevar una oración por el descanso eterno del padre del pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, el cardenal Tagle, y por el consuelo de toda la familia.

[rezo del Ave María]

Me complace sinceramente encontrarme con ustedes al concluir estos días de formación destinados a los nuevos obispos, y agradezco a los Dicasterios para los Obispos, para las Iglesias Orientales y para la Evangelización —Sección de Primera Evangelización y Nuevas Iglesias Particulares— por su preparación. Algunos de quienes trabajaron en la organización se encuentran aquí, y les doy las gracias, ya que he podido conocer un poco lo que significa organizar este programa.

Han vivido una experiencia singular de fraternidad: juntos han escuchado, orado, celebrado la Eucaristía y compartido las esperanzas y los sueños que llevan en el corazón para las Iglesias que el Señor acaba de confiar a su cuidado como pastores. Todo esto les ayudará a recordar algo muy sencillo y valioso: ningún obispo camina solo.

Queridísimos, sepan que están presentes en mi oración, y con ustedes sus Iglesias: los sacerdotes, los diáconos, los consagrados y las consagradas, los seminaristas, las familias, los jóvenes, los ancianos, los pobres, quienes sufren y quienes aún esperan encontrar la alegría del Evangelio. Todos deben encontrar un lugar en el corazón del obispo, porque todos ya tienen un lugar en el corazón de Cristo. Por eso, quisiera compartir ahora con ustedes algunas reflexiones sobre el tema: «Obispos, servidores de la comunión en la Iglesia y en el mundo de hoy».

En primer lugar, permanecer con Jesús. Entre las muchas cosas que estarán llamados a hacer como obispos, esta es la más importante. Somos obispos, pero ante todo somos discípulos. Para hablar de Él, necesitamos estar con Él; para guiar a su pueblo, debemos dejarnos guiar por Él cada día, cada día. «instituyó doce —nos dice el Evangelio de San Marcos—, a quienes llamó apóstoles, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14). Este es el orden del Evangelio: estar con Él y, por Él, ser enviados. No lo olvidemos jamás. Por eso, tengan siempre muy presente el tiempo que pasan con el Señor: la Eucaristía, la Palabra de Dios, la oración y esos momentos en los que pueden estar en su presencia con el corazón sencillo del discípulo que se deja amar por su Señor. Nuestro ministerio nace de ahí. Y cuando el corazón permanece cerca de Él, también el servicio se vuelve más sereno, más libre, más fecundo.

Un segundo aspecto: tener el corazón de Jesús, el Buen Pastor, un corazón completamente orientado al Padre y, precisamente por eso, totalmente entregado a los hermanos. Jesús dice: «Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da su vida por las ovejas» (Jn 10,11). He aquí nuestro modelo. El obispo es un hombre que aprende cada día más a amar a su pueblo: a conocer las alegrías y los dolores de su gente, a compartir sus sueños, a regocijarse al ver crecer a las comunidades. Ordenarán sacerdotes y diáconos, se encontrarán con jóvenes llenos de entusiasmo, verán la generosidad silenciosa de tantos religiosos, religiosas, misioneros, catequistas y familias, y descubrirán cada vez más cuán hermoso es el Pueblo de Dios. Amen a las personas que el Señor les ha confiado. Aprendan sus nombres, escuchen sus historias, entren, cuando puedan, en sus hogares, recen con ellos. Especialmente en las Iglesias jóvenes, muchas veces la presencia del obispo dice muchísimo, incluso antes que sus palabras. Una visita, una bendición, el tiempo dedicado a un sacerdote, escuchar a una familia, el diálogo con un joven: estos son pequeños gestos, pero pueden permanecer en el corazón de una persona toda la vida.

Otra característica del obispo es lo que la tradición denomina sollicitudo pastoralis, la solicitud pastoral. No significa simplemente tener muchas responsabilidades. Es algo más profundo: es llevar a su pueblo en el corazón. San Pablo llamaba a su «carga de cada día» (2 Cor 11,28) la preocupación por todas las Iglesias. Así, la Iglesia a la que han sido enviados se vuelve cada vez más parte de su vida, casi parte de ustedes mismos. Esto es propio de la paternidad episcopal: tener un corazón grande, lo suficientemente grande como para dar cabida a todos, llevando en sí a sus hijos y presentándolos cada día al Señor en la oración. El Papa Francisco recordaba que «la cercanía es uno de los rasgos de Dios con su pueblo» (Homilía en el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II, 18 de mayo de 2020). Y precisamente al dirigirse a los obispos del Curso de formación, el 12 de septiembre de 2019, decía: «Existimos para hacer palpable esta cercanía». ¡Qué palabras tan valiosas para nosotros! ¡Que la gente pueda sentir, a través de nuestra presencia, algo de la ternura y de la paternidad de Dios! Y esto vale de manera especial para los sacerdotes.

Al respecto, queridos hermanos, les recomiendo que amen a sus sacerdotes. Que encuentren en cada uno de ustedes a un padre y a un hermano. Escúchenlos, anímenlos, oren por ellos, regocíjense por el bien que hacen y acompáñenlos con confianza en su ministerio. Presten especial atención a los que son mayores y están enfermos. Hágales sentir que son valiosos, que la Iglesia les está agradecida y que el obispo no los olvida. A veces basta con una llamada telefónica, una visita o una palabra afectuosa de su parte.

Otro rasgo de nuestro ministerio que quisiera recordar es, según la hermosa expresión de San Agustín, el de ser un «amoris officium» (In Iohannis Evangelium, 123, 5): un servicio de amor. Nuestra predicación es un acto de amor, al igual que la escucha, la oración, el discernimiento, el tiempo dedicado a las personas y la presencia. Es la caridad pastoral la que permite que Cristo, el Pastor, llegue al pueblo que Él ama a través de nuestra humilde persona.

Vivimos en una época de cambios rápidos. Los avances en las tecnologías de la comunicación y la inteligencia artificial han abierto posibilidades que, hasta hace unos pocos años, ni siquiera hubiéramos imaginado. Pero ciertamente no pueden liberar a la humanidad del pecado y de sus consecuencias: así lo demuestran trágicamente las crisis que está atravesando. En un escenario complejo y, en ciertos aspectos, inquietante como el actual, la Iglesia celebró el año pasado el Jubileo de la esperanza. ¿Acaso porque vive fuera del mundo? Todo lo contrario: porque, enviada por Cristo, muerto y resucitado, está llamada a anunciar a todos el Evangelio de la salvación. Y nosotros, los obispos, somos los primeros destinatarios de este mandato. Con la encíclica Magnifica humanitas, considero haber ofrecido, en primer lugar [in primis] a los pastores de las Iglesias, una visión y un método para enfrentar el gran desafío de la custodia de lo humano en la era de la inteligencia artificial. Los animo a promover en sus diócesis procesos de reflexión y diálogo, para formar y apoyar a quienes desean comprometerse al servicio de la civilización del amor.

Muchos de ustedes provienen de Iglesias jóvenes. Conocen la belleza y también el esfuerzo de la misión, de una Iglesia que tal vez posee poco, pero que es rica en una gran fe. Por eso los invito a conservar un corazón misionero. Es un don precioso que el Señor ha puesto en sus manos y que puede volverse aún más grande en su ministerio episcopal. El obispo misionero tiene un corazón abierto a todos: no solo a quienes frecuentan nuestras parroquias, sino también a los cristianos de otras confesiones, a los creyentes de otras religiones, a las personas que no profesan ninguna fe, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. A todos los escucha y respeta, a todos se acerca y sabe reconocer el bien presente en el corazón de cada persona.

San Agustín, al dirigirse a su pueblo, decía: «Vobis enim sum episcopus, vobiscum sum christianus» —creo que todos lo conocen—, «para ustedes […] soy obispo, con ustedes soy cristiano» (Sermo 340, 1). Caminemos con nuestro pueblo: oremos con ellos, escuchemos con ellos la Palabra, celebremos con ellos la Eucaristía. Busquemos con ellos cada día el rostro del Señor.

Queridísimos hermanos, al regresar a sus Iglesias, lleven consigo esta certeza: el Señor, quien los ha llamado, es fiel. Él los precederá en el camino, los acompañará en su camino y, con el don de su Espíritu Santo, les dará luz cada día. Y que María, Madre de la Iglesia, los custodie siempre a ustedes y al pueblo que les ha sido confiado. Gracias.

viernes, 11 de septiembre de 2026

DOMUND!!!

 


Obras Misionales Pontificias estrena una web interactiva que recupera fotografías, carteles, huchas, películas y testimonios de un siglo de historia, y permite comprobar con datos cómo ha crecido la Iglesia en los territorios de misión.

Hay imágenes que forman parte de la memoria de varias generaciones: niños recorriendo las calles con aquellas inconfundibles huchas del Domund, carteles en las parroquias, testimonios de misioneros en colegios, sobres para la colecta o películas que acercaban mundos entonces muy lejanos. Cien años después de la institución de esta Jornada Mundial de las Misiones, Obras Misionales Pontificias (OMP) ha reunido buena parte de esa historia en domund100.es, una nueva web interactiva creada para celebrar el centenario.

El Domund nació en 1926 por iniciativa del papa Pío XI, que quiso que toda la Iglesia dedicara el penúltimo domingo de octubre a rezar por las misiones y colaborar con el sostenimiento de la evangelización en los territorios de misión. En España, aquella iniciativa arraigó especialmente y acabó convirtiéndose en una de las jornadas eclesiales más reconocibles incluso fuera de los ambientes estrictamente religiosos.

«100 años contigo»: la memoria del Domund

La nueva web propone un recorrido dividido en tres grandes espacios. El primero, «100 años contigo», mira precisamente a esa memoria compartida. Fotografías históricas, los carteles publicados a lo largo de las décadas, las populares huchas del Domund o materiales audiovisuales permiten comprobar cómo fue cambiando la manera de comunicar la misión.

Entre las curiosidades que pueden encontrarse aparecen incluso las películas misioneras promovidas en su momento por OMP, en las que participaron nombres tan conocidos del cine español como Fernando Fernán Gómez o Sara Montiel. Más que una simple colección de recuerdos, el archivo permite asomarse también a la evolución de la sociedad española y a la forma en la que la misión fue entrando durante décadas en parroquias, colegios y hogares.

Un siglo que también se puede contar con cifras

La segunda parte, «100 años por ellos», cambia la mirada hacia los territorios de misión. OMP ha estudiado datos de los Anuarios Pontificios de 1925, 1950, 1975, 2000 y 2025 y los presenta mediante mapas e infografías interactivas.

Las cifras ayudan a comprender la magnitud de la transformación. Según los cálculos ofrecidos por OMP, durante estos cien años se han producido, como promedio diario, 9.000 bautismos, dos ordenaciones sacerdotales y cinco consagraciones religiosas, mientras se construían una parroquia y tres escuelas cada día. El número de diócesis en territorios de misión se ha multiplicado por cuatro durante este periodo.

Un mapamundi permite observar gráficamente esta expansión y comprender cómo comunidades que hace un siglo dependían prácticamente por completo de misioneros llegados de otros países han ido convirtiéndose en Iglesias locales con sus propios sacerdotes, religiosas, catequistas y estructuras pastorales.

La web se detiene, por ejemplo, en Nakuru, en Kenia, para mostrar cómo el apoyo misionero ha acompañado durante décadas el nacimiento y crecimiento de una Iglesia local: parroquias, conventos, escuelas, formación de catequistas y promoción de vocaciones.

«100 años para Él»

El recorrido termina poniendo rostro a toda esta historia. En «100 años para Él», diferentes misioneros españoles cuentan qué ha significado el Domund en sus propias vidas. Algunos descubrieron precisamente a través de esta jornada su vocación misionera; otros recuerdan lo que han supuesto durante años la oración, la cercanía y la ayuda económica recibida desde miles de kilómetros de distancia.

La celebración del centenario no pretende, por tanto, quedarse únicamente en la nostalgia. La historia sirve también para volver a plantear la misma pregunta que está en el origen del Domund: qué responsabilidad tiene cada bautizado en la misión universal de la Iglesia.

El próximo 18 de octubre, la Iglesia celebrará por centésima vez la Jornada Mundial de las Misiones. León XIV ha elegido para este aniversario el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión» y ha invitado a toda la Iglesia a «renovar en nosotros el fuego de la vocación misionera» y avanzar juntos en una «época misionera nueva».

Cien años después, cambian las imágenes, los lenguajes y hasta aquellas inolvidables huchas. La misión continúa. 

jueves, 10 de septiembre de 2026

IGLESIA SINODL!!!

 


El cardenal Mario Grech ha felicitado al grupo sinodal San Carlos, de Zaragoza, por una iniciativa que lleva más de dos años promoviendo desde Aragón la reflexión, la participación y las buenas prácticas en torno a la sinodalidad.

El nuevo curso comienza con una buena noticia para quienes, desde Aragón, continúan trabajando para que el Sínodo sobre la sinodalidad no quede reducido a una sucesión de encuentros y documentos. La Secretaría General del Sínodo ha reconocido la labor desarrollada durante los dos últimos años por el blog Hacia una Iglesia sinodal. Observatorio sinodal desde Aragón, una iniciativa promovida por el grupo sinodal San Carlos, de la diócesis de Zaragoza.

El pasado mes de agosto, el grupo recibió una carta firmada por el cardenal Mario Grech, secretario general de la Secretaría General del Sínodo, en la que felicita a sus miembros y agradece el trabajo realizado coincidiendo con el segundo aniversario del blog. Grech recuerda en ella que «las pequeñas buenas prácticas que logramos promover pueden ser el primer paso hacia un sueño más grande».

Unas palabras sencillas, pero especialmente significativas para una iniciativa que nació precisamente desde abajo. El grupo sinodal San Carlos surgió del proceso iniciado en la fase diocesana del Sínodo y ha continuado reuniéndose y trabajando más allá de aquella primera consulta. En mayo de 2024 decidió dar un paso más y poner en marcha el blog con el propósito de mantener vivo el proceso sinodal, ofrecer un espacio de reflexión y diálogo, compartir experiencias y buenas prácticas y seguir de cerca su desarrollo en las diócesis aragonesas.

CARTA DEL CADENAL GRECH

Más de dos años caminando

Desde entonces, Hacia una Iglesia sinodal ha ido reuniendo voces y sensibilidades diversas alrededor de cuestiones como la corresponsabilidad de los laicos, los consejos pastorales, el discernimiento comunitario, la conversación en el Espíritu, el papel de los presbíteros o la misión evangelizadora.

Al cumplir sus dos primeros años, el propio equipo hacía balance de un recorrido que alcanzaba ya las 100 entradas publicadas, 34.000 visualizaciones, 152 suscriptores y 28 autores diferentes. Sus contenidos han llegado además a lectores de numerosos países y son enviados semanalmente a la web oficial de la Secretaría General del Sínodo.

La iniciativa ha mantenido siempre una especial vinculación con la realidad de las Iglesias locales de Aragón y buena parte de sus reflexiones han encontrado también espacio en Iglesia en Aragón. Su objetivo, sin embargo, ha ido más allá de informar sobre el desarrollo del Sínodo: ha querido contribuir a que la sinodalidad pueda traducirse en formas concretas de escucha, participación, corresponsabilidad y discernimiento dentro de las comunidades cristianas.

El reconocimiento del cardenal Grech llega precisamente cuando la Iglesia se encuentra inmersa en la fase de implementación del Sínodo, en la que las diócesis están llamadas a trasladar a su vida ordinaria las orientaciones del Documento final y a experimentar prácticas y estructuras cada vez más sinodales.

Para el grupo San Carlos, la carta supone ante todo un estímulo para continuar. Como explican sus miembros al agradecer las palabras del secretario general del Sínodo, el blog quiere seguir contribuyendo a que el proceso sinodal esté presente en las diócesis aragonesas y formando parte de esa historia hecha, muchas veces, de pequeños pasos.

Porque quizá ahí esté también una de las claves de la sinodalidad: comprobar que una iniciativa modesta, nacida de un pequeño grupo de cristianos que decidió continuar reuniéndose cuando terminó la primera fase del Sínodo, puede encontrar eco mucho más allá de Aragón.

lunes, 7 de septiembre de 2026

CUIDAR LA CREACIÓN!!!

 


El verano ha dejado decenas de miles de hectáreas quemadas, pueblos evacuados y heridas que tardarán mucho más que las llamas en apagarse. La Iglesia en Aragón comienza el curso en pleno Tiempo de la Creación, una oportunidad para recordar lo sucedido, acompañar a quienes lo han sufrido y preguntarnos qué podemos hacer para que la custodia de la tierra sea algo más que una buena intención.

Labores de extinción en el incendio de las Peñas de Riglos. Fuente: Infoar. Gobierno de Aragón

Hay paisajes que tardan décadas en formarse y unas pocas horas en desaparecer. Este verano Aragón lo ha vuelto a comprobar. Montes ennegrecidos, campos arrasados, carreteras cerradas, pueblos desalojados y vecinos obligados a abandonar sus casas sin saber qué encontrarían al regresar han acompañado unas semanas que difícilmente podrán olvidar quienes las han vivido de cerca.

El balance todavía es provisional. A finales de agosto, distintas estimaciones situaban ya en más de 44.000 las hectáreas quemadas en Aragón, con cálculos que se acercaban a las 50.000. Es una magnitud excepcional frente a una media anual de unas 3.000 hectáreas entre 2000 y 2025. Tamarite de Litera y Alcampell, Leciñena, Castillonroy, Peñarroya de Tastavins, Ejulve, Orés, Las Peñas de Riglos, Loporzano, Almonacid de la Sierra y otros lugares han ido componiendo durante junio, julio y agosto un mapa doloroso que atraviesa las tres provincias.

Detrás de las hectáreas están las personas. En Orés, Asín y Luesia; en Uncastillo, Malpica de Arba y Petilla de Aragón; en Santa María de la Peña, Triste, Yeste, Botaya, Bailo, Santa Cruz de la Serós y tantas otras localidades, hubo miedo, incertidumbre y noches pendientes de la dirección del viento. Hubo también evacuaciones y la angustia de contemplar cómo las llamas se aproximaban a casas, explotaciones agrícolas y ganaderas, bosques y lugares cargados de memoria.


Cuando el paisaje forma parte de la vida

«Hemos contemplado con tristeza cómo el fuego ha herido nuestra tierra, nuestros montes y nuestro entorno», explica Adilson Perera, párroco de Santa María la Peña. No habla solamente de árboles. Habla de lugares que «forman parte de nuestra vida, de nuestra historia y de la memoria de tantas generaciones».

Esa dimensión ayuda a comprender por qué un incendio no termina cuando se retiran los medios de extinción. Se pierde vegetación y fauna, pero también parte del paisaje en el que una comunidad se reconoce. Quedan agricultores y ganaderos haciendo cuentas, caminos por recuperar, infraestructuras dañadas y personas a las que les costará tiempo desprenderse del miedo.

La experiencia, sin embargo, ha mostrado también la otra cara de aquellos días. Lizito Fernandes, párroco de Orés, Asín, Luesia, Uncastillo, Malpica de Arba, Petilla de Aragón y Longás, acompañó junto a otros sacerdotes a los desalojados acogidos en Ejea de los Caballeros. Allí descubrió que «la riqueza de las Cinco Villas no residía únicamente en sus montes, bosques y campos, sino también en sus gentes». Vecinos preparando bocadillos, repartiendo agua, abriendo sus casas o ayudando a bomberos, brigadas forestales, Guardia Civil, Protección Civil y UME hicieron visible, en sus palabras, «el amor concreto que se hace servicio».

Algo semejante había señalado el obispo de Jaca, Pedro Aguado, en los días más difíciles del incendio de Las Peñas de Riglos. Cuando más de un millar de personas permanecían evacuadas y centenares de efectivos luchaban contra las llamas, quiso repetir una palabra: confianza. «Seguimos confiando en la vida, seguimos confiando en nuestra gente, seguimos confiando en nuestras comunidades, y renovamos nuestra confianza en Dios».

Voluntarios colaboran en la extinción del incendio en la provincia de Huesca. Fuente: Jacetania Express

Después del fuego vienen las preguntas

Sería fácil quedarse ahí. En la emoción, el agradecimiento y el alivio de haber regresado a casa. Pero el paisaje quemado obliga también a mirar más lejos.

Los incendios forestales son un fenómeno complejo y no admiten explicaciones únicas ni soluciones improvisadas. El propio Gobierno de Aragón identifica entre los factores de riesgo la elevada carga de combustible forestal, el abandono de prácticas tradicionales de gestión y unas condiciones climáticas cada vez más extremas. La Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos recuerda, además, que no se trata simplemente de «limpiar el monte», sino de gestionar mejor la estructura del territorio, reducir la continuidad del combustible en puntos estratégicos, proteger los núcleos habitados y favorecer paisajes más diversos.

También ahí aparecen nuestros pueblos. La conservación del territorio difícilmente puede separarse de quienes viven y trabajan en él. Ganadería extensiva, agricultura, aprovechamientos forestales, prevención, conservación de bosques maduros, protección de las poblaciones y una gestión adaptada a las características de cada zona forman parte de un debate que necesitará conocimiento, inversión y continuidad. Las soluciones simples sirven para una discusión rápida; el monte necesita algo más.

Lizito Fernandes lo expresa desde otra perspectiva: habrá que analizar las causas y aprender para el futuro, pero la reconstrucción no podrá hacerse desde la división. «Nadie podía hacerlo solo; todos eran necesarios», recuerda evocando la reconstrucción de Jerusalén narrada por Nehemías. Ahora habrá también una reconstrucción material y otra más silenciosa: la de las personas que necesitan recuperar la confianza después del miedo.

Del 1 de septiembre al 4 de octubre

En este contexto comienza el Tiempo de la Creación, que las Iglesias cristianas celebran cada año desde el 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, hasta el 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís. En Aragón, este año no hará falta recurrir a conceptos lejanos para comprender su significado. Bastará mirar nuestros montes.

La Iglesia cuenta además desde 2025 con la Missa pro custodia creationis, la Misa por el cuidado de la creación, incorporada al Misal Romano para ayudar a las comunidades a unir la alabanza al Creador con la responsabilidad sobre aquello que hemos recibido. No es una nueva festividad ni una celebración obligatoria. Es una misa para diversas necesidades y ocasiones que sitúa expresamente ante el altar la relación entre Dios, el ser humano y la creación.

León XIV celebró por primera vez este formulario en julio de 2025, en el Borgo Laudato si’ de Castel Gandolfo. Allí recordó que custodiar la creación forma parte de la misión recibida por los cristianos. Un año después, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación de 2026, el Papa ha elegido una imagen del profeta Isaías: «Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas». La paz, explica, alcanza también nuestra relación con la tierra y exige cuidar «los ecosistemas de la creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano».

La imagen del arado adquiere este septiembre en Aragón una fuerza particular. Allí donde el fuego ha dejado tierra negra habrá que volver a trabajar, restaurar, cuidar y esperar.


Custodiar no es solamente conservar

El Tiempo de la Creación no puede convertirse, por tanto, en un paréntesis verde dentro del calendario pastoral. Tampoco en una sucesión de declaraciones bienintencionadas. La cuestión es mucho más concreta.

Significa preguntarnos cómo usamos el agua, qué consumimos y qué desperdiciamos. Significa reconocer el valor de quienes siguen viviendo del campo y manteniendo vivos nuestros pueblos. Significa reclamar políticas serias de prevención y gestión forestal y asumir que determinadas decisiones económicas, urbanísticas o territoriales deben incorporar también sus consecuencias ambientales y sociales. Significa escuchar a quienes conocen el monte y dejar a un lado la tentación de buscar una explicación sencilla para un problema que no la tiene.

Para un cristiano hay, además, una razón más profunda. «Cuidar la creación no es algo secundario», recuerda Adilson Perera después de contemplar el fuego desde Santa María la Peña. «Es cuidar la casa común que Dios nos ha confiado».

Quizá este sea el mejor punto desde el que comenzar el nuevo curso.

No olvidando el fuego cuando desaparezcan las imágenes de los informativos. Recordando a quienes perdieron, a quienes tuvieron que marcharse de sus casas y a quienes arriesgaron su vida para protegerlas. Agradeciendo la solidaridad que apareció cuando todo parecía amenazado. Pero también aprendiendo.

Porque llegará la lluvia y sobre la tierra quemada comenzará de nuevo, lentamente, la vida. La pregunta es qué habremos aprendido nosotros cuando vuelva a crecer.

domingo, 6 de septiembre de 2026

ACTO DE AMOR!!!


 


La lectura evangélica de hoy forma parte de lo que se denomina el “Discurso eclesiástico”.

El Señor pone las bases de la vida de la comunidad-Iglesia.

Es una comunión de hermanos y hermanas donde nadie puede sentirse indiferente respecto a los demás: nadie se puede permitir que el otro se perjudique a sí mismo.

Por ello es tan necesaria la corrección fraterna, ejecutada en la caridad y en el discernimiento comunitario.

La corrección fraterna es un acto de amor: “A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo, porque el que ama ha cumplido el resto de la ley”.

El Evangelio de hoy sustenta toda la disciplina penitencial en la Iglesia.

El fragmento final del Evangelio presenta dos promesas grandiosas: Dios escuchará la oración de la comunidad y Cristo estará siempre presente en medio de aquellos que se reúnan en su Nombre lit: “para confesar su Nombre”.

Es un texto fundamental para definir la naturaleza de la asamblea litúrgica.

El tema de la corrección fraterna tiene un vínculo con la vocación profètica, primera lectura.

El profeta debe transmitir la palabra divina, tanto si gusta como si no gusta a los oyentes, consciente de que la manera de pensar de los humanos no es la manera de pensar de Dios.

Se trata del supremo realismo de la obediencia a la Palabra, en la revelación.

Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor”, repetimos en el Salmo responsorial.

Debemos estar atentos a su voz, pero sin olvidar que nadie sabe cómo opera la gracia en el corazón de las personas.