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jueves, 9 de abril de 2026

CONGRESO DE LAICOS

 

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Durante el fin de semana del 21 y 22 de marzo tuvo lugar la reunión presencial de los miembros del Consejo Asesor de Laicos. Dicha reunión contó con la participación de D. Carlos Escribano, arzobispo de Zaragoza y presidente de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida y de D. Raúl Tinajero, recientemente nombrado Director del Secretariado de dicha Comisión.

Después de las Jornadas de Apostolado de Seglar de octubre pasado, el Consejo se organizó en 3 grupos con la finalidad de dar respuesta a las necesidades vislumbradas en ese momento. Las áreas de trabajo fueron: desarrollo del itinerario Presencia en la Vida Pública, colaboración en red con otros ámbitos pastorales y acompañamiento a diócesis, movimientos y asociaciones

La reunión del 21 y 22 de marzo tenía cuatro claros objetivos: propiciar la convivencia de los miembros del Consejo para crecer como comunidad creyente al servicio del laicado en España, dedicar un tiempo a la formación, compartir la vida de las provincias eclesiásticas y el trabajo de los distintos grupos y discernir sobre los nuevos pasos a dar y proponer en particular sobre el itinerario Presencia en la Vida Pública.

Han sido dos días muy intensos entrelazados por los momentos de oración y la celebración de la Eucaristía, pidiendo la asistencia del Espíritu Santo para la tarea a realizar y sin olvidar de rezar por la paz y por tantos hermanos y hermanas nuestros que viven en situaciones de violencia e injusticia.

La propuesta de formación estaba centrada en profundizar los rasgos y características de la presencia pública de Jesús y sus enseñanzas e interpelaciones para el laicado actual en el mundo de hoy.

Serafín Béjar Bacas, catedrático de Teología en la Universidad Loyola de Andalucía y especialista en Cristología, hizo una exposición motivadora y provocadora centrada en 4 principios cristológicos: la gratuidad, la relación, la integración y la singularidad.

Destacamos algunas de las ideas que compartió:

  • Estar comprometidos no es igual a estar convertidos
  • Subrayar la lógica del don que nos habilita para amar y para ser capaces de “atrevernos a recibir” (“¿Tienes algo que no hayas recibido?”, 1 Cor 4,7)
  • ¿Echar raíces o echar el ancla? Es una pregunta sustancial ante el deterioro de las relaciones
  • Tenemos que discernir sobre nuestras relaciones. El otro puede ser espejo, don
  • “Dios no te ama porque seas bueno o bello, sino que te hace bueno y bello, porque te ama” (Lutero)
  • “Lo que no fue asumido, no fue redimido” (Gregorio Nacianceno). Es una clave para encarnar en el ámbito social: integrar, asumir como propio también lo que podría parecernos rechazable
  • Metáfora del rostro: el rostro del otro puede ser una epifanía, es una llamada a la alteridad y llevada al extremo nos conduce a amar al extranjero, al enemigo
  • Debemos “habitar” la contradicción, también con nuestra presencia en la sociedad

 

Parte importante del programa del fin de semana fue el recorrido por las distintas provincias eclesiásticas, por el Foro de Laicos y por las entidades laicales vinculadas a CONFER, de la mano de sus representantes en el Consejo Asesor de Laicos. Reconocimos la diversidad y, por tanto, riqueza que tiene la Iglesia que peregrina en España, variedad en los ritmos, en la extensión geográfica, en la composición de sus miembros, en la implantación de sus comunidades, pluralidad de carismas…

Fue una ocasión para dar gracias a Dios por la fidelidad y generosidad de tantos fieles laicos y laicas y sirvió de base para todo el trabajo llevado a cabo el sábado por la tarde y el domingo por la mañana.

Resonaron con fuerza debilidades como el cansancio, la sobrecarga, el clericalismo o la soledad. En cambio, fueron muchas las fortalezas señaladas: la transversalidad de la presencia laical, la creciente corresponsabilidad a distintos niveles, la puesta en acto de la sinodalidad y, por ello, el trabajo en red… palabras como ilusión, ganas y presencia se repitieron en la puesta en común compartida.

Advertimos algunas llamadas para hacer pedagogía del proceso que comenzó con el Congreso de Laicos “Pueblo de Dios en salida” (febrero 2020), para que puedan seguir sumándose personas al postCongreso.

De todo ello, se detectaron varias necesidades y algunas peticiones dirigidas al Consejo Asesor de Laicos: integración de propuestas y procesos (por ejemplo, entre el proceso sinodal y el itinerario de Presencia en la Vida Pública), simplificación de materiales y puesta en común de recursos, espacios y buenas prácticas que ya existen tanto en las diócesis como en las asociaciones y movimientos sobre la Presencia en la Vida Pública. Para esto último es importante la reactivación de la página web de la Comisión, como válida herramienta de comunicación.

A nivel concreto, el Consejo Asesor de Laicos salió con bastantes tareas por realizar, de las que iremos dando cuenta en posteriores comunicaciones. Y, sobre todo, con la convicción reforzada y agradecida de que queremos seguir viviendo un proceso bajo el soplo del Espíritu Santo.

La primera de estas informaciones es la realización el sábado 20 de junio de una jornada formativa online, abierta a todos aquellos que así lo deseen y que nos ayude a crecer como discípulos misioneros en medio de la sociedad, allí donde cada uno se encuentra.

Ahora, ¡¡manos a la obra!!

domingo, 5 de abril de 2026

DOMINGO DE RESURRECIÓN


La oración colecta, previa a la lectura del Apóstol, invoca a Dios que ha iluminado "esta noche santísima con la gloria de la Resurrección del Señor".

Es la noche en que se celebra la "Madre de todas las vigílias": la Iglesia alaba a Dios porque "Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado" (Prefacio I de Pascua).

La Pascua de Cristo es también nuestra Pascua: "En la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida, y en su gloriosa Resurrección hemos resucitado todos" (Prefacio II de Pascua).

El protocolo final y común a todos los Prefacios reza: "Con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegria".

La liturgia hispano-mozárabe lo designa como "el Domingo de la alegría de la Pascua".

La Iglesia se siente participante del paso-éxodo de Cristo a través de la muerte a la vida.

Ella misma renace y disfruta suplicando "que los sacramentos pascuales que inauguramos nos hagan llegar, con tu ayuda, a la vida eterna" (oración sobre las ofrendas): por el Bautismo se sumerge con Cristo en su Pascua; por la Confirmación recibe el Espíritu de la vida a modo de sello; y en la Eucaristía participa del Cuerpo y la Sangre de Cristo, como memorial de su Muerte y Resurrección.

En la noche de Pascua todo es sacramental: la misma noche significa la tiniebla del mundo sin la luz de Cristo.

Los ritos significativos del "lucernario": la bendición del fuego, el cirio pascual llameante con luz que se propaga en los iconos vivos que son los fieles.

El cántico único del "Praeconium paschale" bajo la luz del cirio de Pascua que ilumina las vestiduras del diácono.

El cirio de la Pascua como la columna de fuego que ilumina el peregrinaje del pueblo de Dios en la Escritura que se va a proclamar.

El cirio pascual es signo de Cristo, nuestra luz y la del mundo.

Es bendecido e incensado.

Tiene impresa la cruz gloriosa del Señor y el número del año del Señor, pues Él contiene el tiempo, Él es "alfa omega".

Lleva las incisiones de las llagas del Señor con los cinco granos de incienso: son las llagas gloriosas e imborrables del Señor nuestro.

Impresionan las palabras del celebrante: "La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu".

La luz se propaga en la asamblea ya que los fieles, servidos por los ministros, van encendiendo sus candelas.

Luz creciente, que propagándose no disminuye.

Luz en las manos, luz de la gracia y de la Gloria encendido en los corazones, que nos ilumina y a la vez nos hace radiantes.

Los fieles son los iconos vivientes de Cristo.

Hay que dar el máximo valor a la proclamación del Evangelio.

Es el primer Evangelio, Evangelio "alpha", el que los contiene todos y por el cual todos adquieren sentido.

Es realmente la Buena Noticia, magnífica e inaudita de la Resurrección de Cristo.

Para alcanzar este Evangelio se han escuchado las "Profecías" del Antiguo Testamento: creación, sacrificio de Isaac, éxodo, el anuncio de la nueva alianza, el agua de la vida.

Las profecías están acompañadas con el canto de los Salmos, transidos del sentido pascual y de las oraciones colectas que indican la interpretación cristológica de cada texto.

Son oraciones antiquísimas y bellísimas teológicamente hablando.

El Evangelio de la Resurrección es el punto culminante, "punctum saliens" de la celebración de la Liturgia de la Palabra, tanto en la Vigilia como en el día de Pascua.

La salmodia en la Noche de Pascua es muy bella y hay que hacer todo lo posible para que sea cantada.

Son Salmos de amor, de la Esposa enamorada del Señor que ha entregado su vida por ella.

Si alguna vez adquiere sentido pleno la ornamentación floral es alrededor del ambón, ya que recuerda el jardín de la Resurrección y los diáconos, según los comentarios patrísticos, representan a los ángeles también de la Resurrección.

En algunas Liturgias, como ya consta en la peregrina Egeria, es el mismo obispo quien proclama el Evangelio de la Resurrección la noche de Pascua, por ello no hay inconveniente alguno en que la noche de Pascua, en la catedral, sea el obispo quien, si así lo desea, proclame hoy el Evangelio.

Porque Cristo ha resucitado y vive en la gloria del Padre y en la donación constante del Espíritu Santo, la Iglesia celebra con eficacia salvadora la "Iniciación cristiana" para los catecúmenos y también para los fieles que renuevan el Bautismo, "renovar" significa partir de la primera gracia, y celebran el banquete eucarístico.

Después prosigue la liturgia del Bautismo con la procesión al baptisterio, la letanía de los Santos, la "tal nube de testigos" de que habla Heb 12,1, la bendición del agua, como "anamnesis" de las maravillas de Dios obradas por el signo del agua...

Y la "epiclesis" del Espíritu: el Espíritu de la Cruz, de la Resurrección, de Pentecostés, de la divina Plenitud.

También el Bautismo de los "elegidos" y/o la renovación del Bautismo de los fieles.

"Renovar" tiene, esta noche, el sentido fuerte de "hacer nuevo" el Bautismo, como si acabáramos de ser bautizados aquellos que con cirios encendidos en las manos hemos efectuado la triple renuncia y la triple adhesión a la fe.

Finalmente, como plenitud de todo, el Banquete eucarístico: Banquete nupcial, luminoso y festivo.

Los dones son presentados por los "neófitos" o por los fieles.

Dones que el Señor mismo devolverá a la Iglesia como ofrendas más excelentes: como su Cuerpo y su Sangre.

Lo hace por la plegaria siempre escuchada, la Plegaria eucarística, con el memorial de toda la historia de la salvación, desde los inicios, la creación, hasta la culminación, la Resurrección y Pentecostés.

Oración que incluye también la narración de la Santa Cena, la ostensión de los Dones con la invocación, precedente y procedente, del Espíritu Santo sobre las ofrendas y sobre nosotros, con la intercesión por toda la Iglesia, por los vivos y por los difuntos.

Nuestra conversión hace más grande el gozo de los Santos, "en el cielo habrá más alegria" según Lc 15,7, y hacemos memoria de quienes nos han precedido en el "signo de la fe", el Bautismo.

Habiendo recitado la Plegaria eucarística,habiéndonos dado el ósculo de la paz, ¡tan lleno de gozo en esta noche!, y habiendo partido el Pan, los fieles ansiosos participarán del Banquete del Reino en la noche llena de luz, y así "gustarán y verán qué bueno es el Señor".

Es la Iglesia que escucha la palabra de su Esposo: "Iglesia mía, no ayunes más. Entra en mi alegría y en mi reposo".

Vigilia del Domingo de Pascua, Domingo de todos los Domingos, el Domingo perenne, fiesta de todas las fiestas.

El misterio del día octavo que entra en la eternidad divina.

El Canon romano llama a este día "sacratissimum diem celebrantes", y la Liturgia hispánica: "Domingo de la alegría de Pascua".