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miércoles, 20 de mayo de 2026

VOLVER A LA PLAZA PUBLICA

La Casa de la Iglesia de Zaragoza acogió este lunes una sesión de formación y reflexión sobre «La misión de los cristianos en la vida pública», organizada por la Delegación de Apostolado Seglar de la archidiócesis, en colaboración con las delegaciones de Aragón. El acto, que pudo seguirse también de forma online, reunió a numerosos asistentes en torno a una cuestión que, como señaló el propio ponente, «ya no es algo interno», sino un asunto que despierta un interés creciente en la sociedad.



El encargado de conducir la reflexión fue Fernando Vidal, sociólogo, profesor universitario y director de la Cátedra Amoris Laetitia, que ofreció una ponencia marcada por un tono profundamente espiritual, cultural y social. Lejos de plantear una intervención centrada en estrategias de influencia o presencia institucional, Vidal defendió que la principal aportación de los cristianos a la vida pública pasa por «el impoder», es decir, por la capacidad transformadora del amor, la esperanza, el perdón, la compasión y el servicio.

«No tenemos miedo», repitió en varios momentos de la intervención. «No tenemos miedo al autoritarismo. No tenemos miedo porque no podemos perder. Todo lo amado se salva». A partir de ahí, desarrolló una reflexión de fondo sobre la crisis cultural y antropológica que atraviesa Occidente, el aumento de las polarizaciones y la necesidad de que los cristianos vuelvan a ocupar el espacio público no desde la confrontación ni desde la búsqueda de poder, sino desde una presencia luminosa y profundamente humana.

«La más pequeña centella rompe la noche»

Durante más de una hora, Vidal fue entrelazando referencias evangélicas, análisis sociológicos, experiencias personales y ejemplos históricos para defender que los cristianos están llamados a ser «pequeñas centellas» capaces de romper la oscuridad de este tiempo.

«¿Qué pasaría si cada día nos propusiéramos que una sola persona se sintiera más amada?», preguntó al auditorio, antes de recordar algunos datos sobre la soledad y el sufrimiento emocional en la sociedad actual, especialmente entre los jóvenes.

En uno de los momentos más celebrados de la conferencia, utilizó la historia de Elías Valiña y las flechas amarillas del Camino de Santiago como metáfora de la misión cristiana en la vida pública. Recordó cómo aquel sacerdote gallego comenzó prácticamente solo a limpiar caminos olvidados y a señalizar rutas para los peregrinos, dando origen al gran renacimiento contemporáneo del Camino.

«Somos nosotros, cada uno de nosotros, una flecha amarilla en la vida pública», afirmó. «¿Señalamos a algún camino? ¿Señalamos al horizonte? ¿Señalamos a Cristo?».

A lo largo de la ponencia insistió repetidamente en la necesidad de recuperar la experiencia de pueblo frente a la desvinculación social y el individualismo contemporáneo. A su juicio, el neoliberalismo ha fragmentado la vida común y ha debilitado los vínculos sociales, culturales y políticos.

«Nunca debemos abandonar la plaza a la que hemos sido enviados desde Pentecostés», señaló.

Cuatro polarizaciones y una crisis de civilización

Fernando Vidal describió el momento actual como una «crisis de civilización» marcada por una cuádruple polarización: económica, social, cultural y política. Según explicó, el debilitamiento de los fundamentos éticos y espirituales de las democracias occidentales ha favorecido el auge del autoritarismo, la desigualdad y la fragmentación social.

En ese contexto, defendió que el cristianismo tiene hoy una responsabilidad pública ineludible. Citó expresamente la figura del papa León XIV como uno de los principales referentes morales del momento actual por su defensa de la paz, los migrantes y el derecho internacional.

«Cada uno de nosotros en nuestro ámbito tenemos que ser ese faro de paz, de amor, de tolerancia y de serenidad», afirmó.

Frente a modelos defensivos o identitarios de presencia cristiana, Vidal contrapuso la imagen de Pentecostés. Rechazó tanto una Iglesia encerrada en sí misma como una actitud de confrontación cultural. «Nuestro modo de presencia en la vida pública debería ser más como el de los apóstoles de Pentecostés», explicó. «Hablar de forma que cualquiera lo entienda. Hablar al corazón del otro».

En esa línea, defendió la necesidad de «hablar explícitamente de Jesús», pero evitando cualquier tentación de superioridad o imposición.

Cinco caminos para reconstruir la vida pública

En la parte final de la conferencia, el director de la Cátedra Amoris Laetitia propuso cinco grandes líneas de compromiso para los cristianos en la sociedad actual.

La primera fue la «renaturalización», entendida como una reconciliación con la creación, con el propio cuerpo y con la realidad concreta frente a la virtualización de la vida.

La segunda, la «gran revinculación», es decir, la reconstrucción de vínculos personales, familiares, vecinales y comunitarios en una sociedad marcada por la soledad.

La tercera, la profundización sinodal de la democracia y de la participación social, apostando por espacios reales de conversación y discernimiento compartido.

La cuarta, la reconstrucción de la sociedad civil y de los espacios comunitarios capaces de transformar la vida.

Y la quinta, la recuperación del arte, la belleza y la narración de la esperanza como dimensiones fundamentales para sostener una cultura verdaderamente humana.

«La misión de los cristianos en la vida pública no consiste en buscar poder o reconocimiento», resumió. «Consiste en encender una luz de esperanza».

Un diálogo abierto con el público

Tras la conferencia se abrió un amplio turno de preguntas, tanto de los asistentes presentes en la sala como de las personas que seguían el acto a través de internet.

La primera intervención planteó si el primer paso para evangelizar una sociedad «salvaje» pasa precisamente por humanizarla a través del amor. Vidal respondió afirmativamente y subrayó que «el ser humano está hecho para amar». «Todo lo que no sea amor es tiempo perdido», afirmó.

Otro de los asistentes destacó que las palabras más repetidas durante toda la ponencia habían sido «amor» y «esperanza», preguntándole si eso significa que hoy faltan ambas realidades entre los propios cristianos. El sociólogo respondió vinculando el aumento de la polarización y del abandono social con una creciente sensación de desamparo colectivo.

«Lo que se ha extendido en la sociedad es la experiencia de abandono», señaló. A partir de ahí, defendió que la tarea de los cristianos pasa precisamente por reconstruir vínculos, devolver esperanza y generar espacios de acogida y fraternidad.

También hubo preguntas relacionadas con la polarización ideológica dentro de la propia Iglesia, el impacto de las redes sociales, el deterioro de la conversación pública o el reto de evangelizar en una sociedad crecientemente fragmentada.

En una de sus respuestas finales insistió en la necesidad de construir comunidades capaces de integrar sensibilidades distintas sin excluir a nadie. «Necesitamos transformar una mentalidad demasiado ideologizada», afirmó, apelando a permanecer «unidos a Pedro» y a discernir desde la comunión eclesial.

El cierre de Mons. Carlos Escribano

El arzobispo de Zaragoza, Mons. Carlos Escribano, fue el encargado de clausurar el acto agradeciendo la intervención de Fernando Vidal y situando esta reflexión dentro del camino iniciado en España tras el Congreso Nacional de Laicos de 2020.

Recordó que aquel congreso planteó cuatro grandes líneas de trabajo: el primer anuncio, el acompañamiento, la formación y la presencia en la vida pública. Sin embargo, explicó que la pandemia y posteriormente el impulso sinodal promovido por el papa Francisco alteraron profundamente el contexto e hicieron todavía más urgente esta cuestión.

«En un momento de discernimiento se entendió que era prioritario trabajar la presencia en la vida pública», señaló el arzobispo. «Y yo creo que es un acierto y lo creo plenamente».

Mons. Escribano retomó además una de las imágenes centrales de la conferencia, la de las flechas amarillas del Camino de Santiago, para agradecer a Vidal su aportación.

«Tú nos has ofrecido flechas amarillas indudablemente en el camino y las agradecemos profundamente», concluyó.

La conferencia de Fernando Vidal se enmarca en el nuevo ejercicio sinodal impulsado por la archidiócesis de Zaragoza sobre el protagonismo de los laicos en la vida pública y social.

martes, 19 de mayo de 2026

JOYAS BIBLIOGRÁFICAS!!!

 


El Instituto de Estudios Turolenses presentará el próximo domingo 10 de mayo, en el marco de la Feria del Libro de Teruel, la obra Joyas bibliográficas incunables: Diócesis de Teruel y Albarracín, un valioso trabajo de investigación realizado por Inmaculada Gómez, directora de nuestras bibliotecas diocesanas.

El acto tendrá lugar a las 11:30 horas en la Glorieta de Teruel y servirá para dar a conocer una publicación que recopila y estudia 64 ediciones incunables, además de un postincunable de 1502.

En el Espejo de la COPE de Teruel la hemos entrevistado por este motivo y nos ha podido hablar de esta obra.

Un incunable es una edición impresa entre la invención de la imprenta y el año 1500, caracterizada por una serie de rasgos formales propios de los primeros tiempos de la imprenta. Su estudio resulta fundamental para comprender la historia del libro y la difusión del conocimiento en Europa, aunque se trata de un ámbito de investigación complejo y especializado.

Ante la ausencia de un catálogo colectivo de incunables en la provincia de Teruel, el objetivo de esta obra ha sido reunir y documentar los ejemplares conservados en la Diócesis de Teruel y Albarracín, contribuyendo además al descubrimiento y reconocimiento de nuevos ejemplares existentes en la provincia.

Los volúmenes localizados han sido analizados exhaustivamente y trasladados a la Biblioteca del Palacio Episcopal de la Diócesis de Teruel y Albarracín, donde se les ha asignado una nueva signatura topográfica, conformando así un fondo especial de incunables.

Cada uno de estos ejemplares constituye una pieza única, no solo por sus características bibliográficas, sino también por la historia de propiedad y uso que conservan a lo largo de los siglos. La publicación supone, por tanto, una importante aportación para la conservación, estudio y difusión del patrimonio documental de la diócesis y de la provincia de Teruel.

La obra será publicada por el Instituto de Estudios Turolenses y representa una contribución imprescindible para el conocimiento de nuestro patrimonio bibliográfico y cultural.

lunes, 18 de mayo de 2026

ACCIÓN CATÓLICA Y APOSTOLADO SEGLAR

 

La Iglesia celebra el día de Pentecostés, este año el domingo 24 de mayo, el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, este año bajo el lema «Pueblo de Dios que sale al encuentro». Los materiales han sido elaborados por la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida.

En esta Jornada proponen conjugar en el horizonte del laicado en España dos elementos: la implementación del Sínodo y la reflexión sobre la presencia de los cristianos en la vida pública.

Materiales para el Día de la Acción católica

La Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida ofrece para la celebración de esta Jornada, junto con el mensaje de los obispos, materiales para la reflexión, subsidio litúrgico para el monitor y el celebrante, material para la celebración de la vigilia de Pentecostés, además de materiales de formación para adultos, jóvenes y niños.

Mensaje de los obispos

En el mensaje para este Día los obispos explican el contexto en el que se celebra la Jornada, que sigue la estela del  Congreso de Laicos «Pueblo de Dios en salida», celebrado en febrero de 2020.  En él se inició el proceso con las claves de trabajo  basadas en el discernimiento y la sinodalidad, confirmadas en el último Sínodo. Uno de los cuatro itinerarios propuestos en el Congreso fue la presencia en la vida pública, que ahora aborda este Día de la Acción católica.

Por ello, al subrayar la importancia de la presencia en la vida pública por parte de los cristianos, «estamos hablando de querer potenciar una conversión a la dimensión social del Evangelio como inherente a la propia vocación bautismal y a promover que nuestras comunidades sean auténtica Iglesia sinodal en salida, que existe para evangelizar, se constituye en instrumento de anuncio, liberación y promoción de la dignidad de toda persona», indican los prelados.

domingo, 17 de mayo de 2026

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

 


La solemnidad de la Ascensión se origina en Jerusalén en el siglo V y desde los orígenes la lectura de los Hechos está presente en la Liturgia de la Palabra.

El texto y la memoria litúrgica van unidos y la Liturgia actualiza el misterio.

Ubicada entre Pascua y Pentecostés, la Ascensión sólo puede entenderse en relación con estos dos acontecimientos salvíficos.

La Ascensión es parte del increíble despliegue de la Pascua: por su Muerte y su Resurrección, Cristo salvó a la persona humana e hizo que se comprendiera llamada unirse a Dios para vivir en su gloria.

La humanidad entera ha sido glorificada en Él.

Todas las Iglesias celebran con gran solemnidad y gozo la Liturgia de la glorificación  del Señor pues gracias a ella la humanidad caída ha entrado en el seno de la Trinidad.

La Ascensión del Señor no inaugura una ausencia de Jesús, sino una nueva presencia en el Espíritu, en la Iglesia y en sus sacramentos.

Un día grandioso, pues "el Señor asciende entre aclamaciones se sienta en su trono sagrado" (Salmo 46):es lo que alegres cantamos con el salmista en la Liturgia  de hoy, sobrecogidos de asombro.

Los Prefacios propios proclaman y cantan de forma sublime el misterio que hoy celebramos.

Este Domingo de la Ascensión del Señor debe ser solemnizado al máximo, ya que proclama el artículo de la fe: "Sedet ad dexteram Patris".

La humanidad ha sido glorificada en Él.

Aquel que vino "nudus" ha vuelto al Padre vestido de nuestra humanidad.

Ahora, Él es nuestro cielo.

Estar con Cristo es estar ya en el cielo.

Su promesa se ha cumplido "en esperanza": el Señor volverá, ha vuelto ya, está volviendo, pues todo lo que hemos sembrado con lágrimas en los ojos, lo recogeremos entre cantos de alegría.

El gozo es inmenso, porque los pobres de nuestro Señor son reivindicados y los que han sido "primeros" en este mundo, cuando Él se hace presente, devienen "últimos".

La III edición del Misal Romano ha enriquecido esta solemnidad con la "Misa de la Vigilia" propia.

 

Misa del día: Hch 1, 1-11; Sal 46, 2-3. 6-7. 8-9; Ef 1, 17-23; Mt 28, 16-20

 

La Pasión y la Resurrección de Cristo culminan con la misión universal confiada a los discípulos.

Es el final grandioso y solemne del Evangelio de Mateo.

El Señor que se hace presente y ante quien se prostran los discípulos, es ya el Señor glorificado: a quien el Padre ha dado todo "todo poder en el cielo y en la tierra".

Esta palabra se repite varias veces en el texto.

"Todo" le ha sido dado porque "todo" lo ha recibido del Padre.

Ahora él los envía a enseñar "todo" lo que él les ha mandado.

Deben ir a todos los pueblos en una misión que no conocerá límites ni en el tiempo ni en el espacio.

Ante la misión excesiva y colosal, ellos no deben tener miedo: "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos". Este "estoy con vosotros" es la gran inclusión de Mateo: había comenzado su Evangelio con el nombre del niño "Emmanuel", Dios-con-nosotros.

En la segunda lectura, el magnífico texto a los Efesios de San Pablo.

Sólo teniendo los ojos puestos en el Señor glorificado se puede conocer "cuál es la esperanza a la que nos llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los Santos".

Cristo ha sido dado a la Iglesia, que es su cuerpo y su complemento.

A la Iglesia no le es permitido encerrarse en sí misma, sino que tiene que abrirse  al mundo para que éste se abra a la plenitud de Cristo: "plenitud del que llena todo en todos".

El Salmo 46, secularmente aplicado al misterio que hoy celebramos, canta la alegría de la Ascensión de Jesús al Padre.

El Cristo Resucitado que asciende debe ser alabado por todos: "Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de jubilo".

Es una alegría universal.

 Texto de la tradición patrística

 

"Mientras Él está, sigue estando con nosotros; y nosotros mientras estamos aquí, podemos estar ya con Él, ¡allí! Él lo realiza con su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos hacerlo como Él en la divinidad,  lo podemos hacer con el amor..."

San Agustín (Sermón sobre la Ascensión del Señor)