LUNES
Desde muy antiguo, en la Cuaresma se lee la célebre historia de Susana, siempre acompañada del texto de la mujer adúltera perdonada por Jesús.
En el caso de Susana, la
mujer inocente es liberada ante los que la acusaban; en el Evangelio, la mujer
culpable es perdonada, también ante los que la acusaban.
Jesús da el perdón de modo
que nadie puede acusar a nadie.
En el Antiguo Testamento,
tenía primacía la Ley; en el Nuevo Testamento, la gracia.
San Jerónimo exhortaba: “No
dude del perdón, pues, por grande que sean sus culpas, la magnitud de la
misericordia divina perdonará, sin duda, la enormidad de sus muchos pecados”
(Comentario al profeta Joel 3,5).
MARTES
En el Evangelio aparece uno
de los temas culminantes del IV Evangelio: la elevación del Hijo del hombre:
“Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy".
Se refiere naturalmente a
la elevación de la Cruz.
Es allí donde se
manifestará como “el Que es, el Dios amor".
La Cruz manifiesta la
verdadera gloria e identidad del Mesías.
Sin la fe en Jesucristo
podemos morir con nuestros pecados.
Los Padres siempre han
interpretado la serpiente elevada en el desierto como la prefiguración de la
santa Cruz, así el Prefacio de la Pasión canta: “Por la fuerza inefable de la
Cruz, se hace patente el juicio del mundo y el poder del Crucificado”.
MIÉRCOLES
En la primera lectura, el sorprendente relato de los tres jóvenes arrojados al horno: entre ellos aparece un cuarto que “parece un ser divino”.
Los Padres y la Liturgia
han contemplado en esta narración una profecía del descenso de Jesús “ad
ínfera”.
También lo testimonia la
más antigua iconografía cristiana.
Los Padres predicaban el
relato como una
imagen del Bautismo: los cristianos reciben en él la efusión del “fuego”
del Espíritu Santo.
Jesús es el Ángel,
“mensajero” que Dios ha enviado, y que con su Verdad, Él mismo, nos libera.
Cristo es la única verdad
que nos hace libres, pues la verdadera esclavitud es la del pecado.
Son preciosas las palabras:
“El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para
siempre”.
ANUNCIACIÓN
DEL SEÑOR
Es una fiesta ecuménica: en
el calendario bizantino es una de las “doce fiestas”.
Se ha llamado de diversas
maneras: “Festum incarnationis; initium re- demptionis; conceptio Christi;
anuntiatio Christi; anuntiatio dominica”.
Su historia es compleja e
influyó mucho en la confección del calendario litúrgico.
Disposiciones conciliares
antiquísimas piden que este día se celebre como si fuera el Día del Señor.
Realmente es un día fuera
de la Cuaresma: se celebra la plenitud del tiempo y el inicio de la redención.
La Liturgia de la Misa y de
las Horas se reviste de una gran belleza teológica.
Pastoralmente, esta
celebración debería revitalizarse.
La Liturgia hoy celebra al
Señor Resucitado, adora la Santa Trinidad,
única fuente de vida y de alegría, haciendo memoria de la Madre de Dios,
“venerantes memoria” y proclamando
el Evangelio de la
anunciación del Señor que es un texto verdaderamente “mayor” de la
Escritura.
Realmente, está repleto de
significados dogmáticos y espirituales, y en este sentido es inagotable.
El contexto es la “teofanía”
del ángel, mensajero de Dios y mediador de Dios mismo.
Éste saluda a la joven de
Nazaret, desposada con José.
Tanto el saludo “Alégrate”,
como la expresión “no temas”, tienen resonancias de los relatos de las
apariciones del Resucitado.
La llama “llena de gracia”
y le dice “el Señor está contigo” “Emmanuel”.
Le anuncia que será la
madre del Mesías: “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás
por nombre Jesús”.
El ángel comunica el
Misterio con elementos del misterio pertenecientes a las categorías bíblicas
del Antiguo Testamento: “Será grande”, Dios mismo, “se llamará Hijo del
Altísimo”, hijo del Dios inaccesible y trascendente, “el Señor Dios le dará el
trono de David, su padre y su reino no tendrá fin”.
“Reinar”, bíblicamente,
significa “salvar”.
Las últimas palabras, “non
eris finis”, entraron en la Profesión de fe.
Ante la turbación y el
anuncio, la Virgen de Nazaret pregunta comprensiblemente: “¿Cómo será eso, pues
no conozco varón?”
Literalmente: “¿Cómo se
hará esto?”
Será por obra del Espíritu
Santo, que la “cubrirá con su sombra”, como la nube que acompañaba al pueblo
santo de Dios en el desierto.
El fruto que nacerá de Ella
será el “Santo”, el gran Sacerdote.
Y será “Hijo de Dios”,
consustancial con el Padre como Dios, y consustancial a la madre como ser
humano.
La Virgen de Nazaret acepta
total y humildemente la Palabra-Evento: “Hágase en mí”, por parte de Dios, “según tu palabra”.
El anuncio viene acompañado
de la buena nueva de la concepción de Isabel.
No es una cuestión menor.
Como en las mujeres
bíblicas estériles, así Sara, la fecundidad resplandece más como un don de
Dios, Señor, incluso, de lo imposible, que la virginidad de la “Siempre Virgen
María”.
De la mistagógica en la liturgia hispana:
Queridos hermanos,
alcemos nuestros ojos al cielo
para ver la gloria de nuestro Salvador:
cómo ensalza a la Virgen para que le conciba;
cómo gratifica a la Madre cuando le da a luz.
Él se ha hecho al mismo tiempo don e hijo:
infundido en ella, le otorga lo que a ella le falta;
nacido de ella, no se lleva lo que a ella le ha dado.
No le priva del honor de llevarlo en su seno
ni la entristece con los dolores del parto.
Acalla el gemido materno cuando va a nacer
y deja que se manifieste la ternura hacia el ya nacido.
Pues no estaría bien que gimiera de dolor
la que alumbraba el gozo de todo el universo,
o que el origen de la alegría
conociera la opresión del dolor.
En lo profundo del corazón,
la fe acoge con ardor el anuncio del ángel,
el oído recibe la palabra que no deja lugar a dudas
y la seguridad de su fe queda confirmada con la
esperanza
de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete.
Así el alma concibe lo que la fe le enseña,
así el espíritu alcanza en plenitud lo que ha elegido.
No nos diferencia de nuestro Redentor
la verdad de su naturaleza humana, sino su poder.
VIERNES
El fragmento de las
“Confesiones de Jeremías” y el Salmo expresan los sentimientos de confianza en
Dios en medio de la persecución.
Los enemigos del profeta
son los enemigos de Dios.
El Evangelio ya vaticina el
desenlace de la historia de Jesús: Él, el profeta por excelencia es también
incomprendido y perseguido.
Sus enemigos intentaban detenerlo,
pero se les escapaba de las manos.
Su “hora no” había llegado.
Lo acusaban que, siendo
hombre, se hacía Dios.
No entendían las obras que
hacía, como tampoco entendían que el Padre estaba en Él y Él en el Padre.
SÁBADO
Hoy es el último sábado de
Cuaresma.
Con el Domingo de Ramos,
mañana, empezaremos la Semana Santa.
Ezequiel, en el tiempo del
exilio, anuncia los caminos del retorno y la reunión de los hijos de Israel
dispersados.
También anuncia la unidad
del pueblo santo de Dios bajo un mismo rey.
Asimismo, se establecerá
una alianza de paz, una alianza eterna.
La profecía se cumple en
Jesús que morirá para “congregar a su pueblo sin cesar”.
Así lo anuncia Caifás, sumo
sacerdote, cuando se sentencia la condena y muerte de Jesús.
El cántico de Jeremías, que
ocupa el lugar del Salmo, canta gozoso la alegría del regreso: “Entonces se
alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos”.
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