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lunes, 22 de marzo de 2021

V SEMANA DE CUARESMA

 

LUNES

 

Desde muy antiguo, en la Cuaresma se lee la célebre historia de Susana, siempre acompañada del texto de  la mujer adúltera perdonada por Jesús.

En el caso de Susana, la mujer inocente es liberada ante los que la acusaban; en el Evangelio, la mujer culpable es perdonada, también ante los que la acusaban.

Jesús da el perdón de modo que nadie puede acusar a nadie.

En el Antiguo Testamento, tenía primacía la Ley; en el Nuevo Testamento, la gracia.

San Jerónimo exhortaba: “No dude del perdón, pues, por grande que sean sus culpas, la magnitud de la misericordia divina perdonará, sin duda, la enormidad de sus muchos pecados” (Comentario al profeta Joel 3,5).

 

MARTES

 

En el Evangelio aparece uno de los temas culminantes del IV Evangelio: la elevación del Hijo del hombre: “Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy".

Se refiere naturalmente a la elevación de la Cruz.

Es allí donde se manifestará como “el Que es, el Dios amor".

La Cruz manifiesta la verdadera gloria e identidad del Mesías.

Sin la fe en Jesucristo podemos morir con nuestros pecados.

Los Padres siempre han interpretado la serpiente elevada en el desierto como la prefiguración de la santa Cruz, así el Prefacio de la Pasión canta: “Por la fuerza inefable de la Cruz, se hace patente el juicio del mundo y el poder del Crucificado”.

 

MIÉRCOLES

 

En la primera lectura, el sorprendente relato de los tres jóvenes arrojados al horno: entre ellos aparece un cuarto que “parece un ser divino”.

Los Padres y la Liturgia han contemplado en esta narración una profecía del descenso de Jesús “ad ínfera”.

También lo testimonia la más antigua iconografía cristiana.

Los Padres predicaban  el  relato  como  una  imagen del Bautismo: los cristianos reciben en él la efusión del “fuego” del Espíritu Santo.

Jesús es el Ángel, “mensajero” que Dios ha enviado, y que con su Verdad, Él mismo, nos libera.

Cristo es la única verdad que nos hace libres, pues la verdadera esclavitud es la del pecado.

Son preciosas las palabras: “El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre”.

 

ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

 

Es una fiesta ecuménica: en el calendario bizantino es una de las “doce fiestas”.

Se ha llamado de diversas maneras: “Festum incarnationis; initium re- demptionis; conceptio Christi; anuntiatio Christi; anuntiatio dominica”.

Su historia es compleja e influyó mucho en la confección del calendario litúrgico.

Disposiciones conciliares antiquísimas piden que este día se celebre como si fuera el Día del Señor.

Realmente es un día fuera de la Cuaresma: se celebra la plenitud del tiempo y el inicio de la redención.

La Liturgia de la Misa y de las Horas se reviste de una gran belleza teológica.

Pastoralmente, esta celebración debería revitalizarse.

La Liturgia hoy celebra al Señor Resucitado, adora la Santa Trinidad,  única fuente de vida y de alegría, haciendo memoria de la Madre de Dios, “venerantes memoria”  y  proclamando  el  Evangelio  de la  anunciación del Señor que es un texto verdaderamente “mayor” de la Escritura.

Realmente, está repleto de significados dogmáticos y espirituales, y en este sentido es inagotable.

El contexto es la “teofanía” del ángel, mensajero de Dios y mediador de Dios mismo.

Éste saluda a la joven de Nazaret, desposada con José.

Tanto el saludo “Alégrate”, como la expresión “no temas”, tienen resonancias de los relatos de las apariciones del Resucitado.

La llama “llena de gracia” y le dice “el Señor está contigo” “Emmanuel”.

Le anuncia que será la madre del Mesías: “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús”.

El ángel comunica el Misterio con elementos del misterio pertenecientes a las categorías bíblicas del Antiguo Testamento: “Será grande”, Dios mismo, “se llamará Hijo del Altísimo”, hijo del Dios inaccesible y trascendente, “el Señor Dios le dará el trono de David, su padre y su reino no tendrá fin”.

“Reinar”, bíblicamente, significa “salvar”.

Las últimas palabras, “non eris finis”, entraron en la Profesión de fe.

Ante la turbación y el anuncio, la Virgen de Nazaret pregunta comprensiblemente: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”

Literalmente: “¿Cómo se hará esto?”

Será por obra del Espíritu Santo, que la “cubrirá con su sombra”, como la nube que acompañaba al pueblo santo de Dios en el desierto.

El fruto que nacerá de Ella será el “Santo”, el gran Sacerdote.

Y será “Hijo de Dios”, consustancial con el Padre como Dios, y consustancial a la madre como ser humano.

La Virgen de Nazaret acepta total y humildemente la Palabra-Evento: “Hágase en mí”, por  parte de Dios, “según tu palabra”.

El anuncio viene acompañado de la buena nueva de la concepción de Isabel.

No es una cuestión menor.

Como en las mujeres bíblicas estériles, así Sara, la fecundidad resplandece más como un don de Dios, Señor, incluso, de lo imposible, que la virginidad de la “Siempre Virgen María”.

 

De la mistagógica en la liturgia hispana:

 

Queridos hermanos,

alcemos nuestros ojos al cielo

para ver la gloria de nuestro Salvador:

cómo ensalza a la Virgen para que le conciba;

cómo gratifica a la Madre cuando le da a luz.

Él se ha hecho al mismo tiempo don e hijo:

infundido en ella, le otorga lo que a ella le falta;

nacido de ella, no se lleva lo que a ella le ha dado.

No le priva del honor de llevarlo en su seno

ni la entristece con los dolores del parto.

Acalla el gemido materno cuando va a nacer

y deja que se manifieste la ternura hacia el ya nacido.

Pues no estaría bien que gimiera de dolor

la que alumbraba el gozo de todo el universo,

o que el origen de la alegría

conociera la opresión del dolor.

En lo profundo del corazón,

la fe acoge con ardor el anuncio del ángel,

el oído recibe la palabra que no deja lugar a dudas

y la seguridad de su fe queda confirmada con la esperanza

de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete.

Así el alma concibe lo que la fe le enseña,

así el espíritu alcanza en plenitud lo que ha elegido.

No nos diferencia de nuestro Redentor

la verdad de su naturaleza humana, sino su poder.

 

 

VIERNES

 

El fragmento de las “Confesiones de Jeremías” y el Salmo expresan los sentimientos de confianza en Dios en medio de la persecución.

Los enemigos del profeta son los enemigos de Dios.

El Evangelio ya vaticina el desenlace de la historia de Jesús: Él, el profeta por excelencia es también incomprendido y perseguido.

Sus enemigos intentaban detenerlo, pero se les escapaba de las manos.

Su “hora no” había llegado.

Lo acusaban que, siendo hombre, se hacía Dios.

No entendían las obras que hacía, como tampoco entendían que el Padre estaba en Él y Él en el Padre.

 

SÁBADO

 

Hoy es el último sábado de Cuaresma.

Con el Domingo de Ramos, mañana, empezaremos la Semana Santa.

Ezequiel, en el tiempo del exilio, anuncia los caminos del retorno y la reunión de los hijos de Israel dispersados.

También anuncia la unidad del pueblo santo de Dios bajo un mismo rey.

Asimismo, se establecerá una alianza de paz, una alianza eterna.

La profecía se cumple en Jesús que morirá para “congregar a su pueblo sin cesar”.

Así lo anuncia Caifás, sumo sacerdote, cuando se sentencia la condena y muerte de Jesús.

El cántico de Jeremías, que ocupa el lugar del Salmo, canta gozoso la alegría del regreso: “Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos”.

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