Sus últimas recomendaciones fueron: "Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y a María Auxiliadora y veréis lo que son los milagros. Ayudad
mucho a los niños pobres, a los enfermos, a los ancianos y a la gente más necesitada, y conseguiréis grandes
ben- diciones y ayudas de Dios. Os espero en
el Paraíso".
Cuarenta mil personas desfilaron ante su cadáver
en la iglesia, y sus
funerales fueron una especie de cortejo triunfal: toda la ciudad de Turín salió
a la calle durante tres días a honrar a "Don Bosco" por última
vez.
Gran pedagogo, se le conoce como "padre y
maestro de la juventud".
Es el fundador de la extensa familia salesiana.
Murió tal día como hoy de 1880.
Su cuerpo
se conserva incorrupto en la Basílica de María Auxiliadora de Turín.
Misa: Heb 12, 1-4; Sal 21, 26b-27.
28 y 30. 31-32; Mc 5, 21-43
Según la crítica
textual, los dos relatos
se transmitieron juntos:
la curación de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo.
Ésta tenía la misma edad que
años hacía que la mujer
estaba enferma.
Hay que admirar
la fe de la desvalida
mujer que se acerca anónimamente al Señor, pues su enfermedad la hacía impura ante los demás.
Parece una fe poco ilustrada, pero es sublime:
tocar el vestido del Señor como el más humilde gesto de
súplica.
Exhausta por la pérdida de sangre, se siente mirada
por el Señor y cuen- ta humildemente su verdad.
Jesús le da el nombre de
"hija", que conlleva
una gran connotación afectiva
y paternal, pues la devuelve a la vida.
Entretanto, también el jefe de la sinagoga se presenta para que
el Señor imponga las manos sobre su hijita moribunda.
Jesús le dice que no tenga miedo, que tenga fe.
Acompañado únicamente por los tres apóstoles que serán testigos de la gloria del Tabor y de
la agonía de Getsemaní, entra en la casa
desbordada de llantos.
Jesús manda callar
y echa fuera a todos, como a los mercaderes del Templo: ¿cómo puede haber luto si entra
la misma Vida?
Una vida
que regala a la pequeña entregándola a sus padres, a sus juegos,
a su instrucción, "les dijo que dieran de comer a la nina".
El relato tiene un claro significado pascual.
Es admirable la fe de la hemorroísa y de Jairo.
Ambos pueden decir, como Paul Claudel: "No
me queda nada, sólo las rodillas para rezar".
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