JUEVES DE LA III SEMANA
DEL TIEMPO ORDINARIO
SANTOS TIMOTEO y TITO,
obispos
En un mismo día se hace memoria de dos discípulos de Pablo.
Ambos son destinatarios de las llamadas
"cartas pastorales" que llevan sus nombres, dos a Timoteo y una a Tito.
Ambos recibieron la imposición de manos para ejercer
el episcopado.
Timoteo es el discípulo amado y
predilecto del Apóstol.
Nacido en Listra, ya de pequeño
conocía las Escrituras.
Es entrañable la mención
que el apóstol hace de su madre, Eunice y de su abuela, Loida.
Citado numerosas veces en el
Nuevo Testamento y siempre asociado al ministerio paulino,
aparece como un hombre tímido
de gran sensibilidad y de una fidelidad a toda prueba.
Pablo lo deja como cabeza de la
Iglesia (1Tm 1,3) en Éfeso.
Allí, según la tradición eclesial, recibió el martirio.
Sus reliquias se veneran en
Termoli, junto al Adriático, y fueron llevadas a la basílica de san Pedro en
ocasión de la celebración del primer "Domingo de la Palabra",
siendo veneradas por el Papa Francisco.
Tito es llamado por Pablo "verdadero hijo en la fe que
compartimos", segunda lectura.
Pablo le confió la Iglesia de
Creta, donde permaneció hasta la muerte.
Misa: 2 Tim 1, 1-8 (o bien: Tit 1, 1-5); Sal 95, 1-2. 2-3. 7-8. 10; Mc 4, 21-25
"Se trae el candil".
Es la "Parábola de la luz encendida
que llega".
El verbo es
intransitivo.
La Vulgata traduce bellamente:
"venit lucerna".
El Señor dice que la luz llega, no quién trae la lámpara.
Habla de sí mismo: Él es la luz
que es puesta en el candelero para iluminar todo y vencer las tinieblas.
La luz increada resplandeciente en su humanidad
no puede permanecer oculta.
Cada cristiano, con Cristo, es
portador de la luz de la fe, de la esperanza y de la caridad.
Un cristiano nunca se esconde,
nada opaco debe haber en su vida, pues la luz lo ilumina todo: lo interior
y lo exterior.
De la "medida"
usada respecto a la venida del Reino dependerá cómo será medido.
Es claro el pasivo divino: el don
de Dios añade siempre más de lo debido, y el mérito no es nada comparado con la
infinitud de su amor.
El que ha escuchado la Palabra de la predicación y
no ha creído puede pensarse que tiene algo, pero no tiene nada porque no tiene
fe.
Peor aún: puede acabar teniendo
cada vez menos fe y no soportar a los que creen.
En este sentido se entiende la
hipérbole: "Al que tiene se le dará, y al que no tiene le será quitado
hasta lo que tiene", es decir, nada.
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