
El Papa invita a visitar a los abuelos y a las personas que viven solas con motivo de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, que la Iglesia celebrará el próximo 26 de julio

«Yo no te olvidaré». Estas palabras del profeta Isaías dan título al mensaje del papa León XIV para la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, que se celebrará el domingo 26 de julio, festividad de san Joaquín y santa Ana.
El Santo Padre dirige una palabra de consuelo y esperanza a quienes experimentan la soledad o sienten que su vida ha dejado de interesar a los demás. Frente a ese sentimiento de abandono, recuerda que Dios no se olvida de ninguna persona y que su amor acompaña también los momentos de fragilidad y oscuridad.
El Papa denuncia que sobre la vida de muchos mayores parece haberse extendido «un velo que difumina los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido». Esta situación se hace especialmente visible en hogares marcados por la soledad y en centros hospitalarios o residenciales, donde cada persona corre el riesgo de quedar reducida al número de una cama o a una determinada enfermedad.
Recuperar la costumbre de visitar
León XIV presenta la Jornada como una oportunidad para redescubrir que la Iglesia está llamada a ser madre de todos, sin excluir a nadie por su edad. Por eso, dirige una invitación especial a los jóvenes para que recuperen «la bella costumbre de visitar a los propios abuelos», a los mayores de la familia y también a quienes no reciben ninguna visita.
La presencia, la escucha y el afecto pueden hacer que la promesa «Yo nunca te olvidaré» se transforme en un encuentro concreto. El Papa advierte de que, aunque la cultura digital multiplica las conexiones, «el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad».
El mensaje reconoce también las situaciones de abandono, los prejuicios que presentan a los mayores como una carga y las consecuencias de una economía que debilita los vínculos familiares. Ante estas realidades, la Iglesia quiere anunciar que cada persona continúa siendo hija amada de Dios, también cuando aparecen la enfermedad, la dependencia o la pérdida de capacidades.
La fragilidad no elimina la vocación
El Papa invita a no tener miedo de la fragilidad. Cuando es aceptada y reconocida, explica, puede abrir el corazón a la ayuda mutua, a la reconciliación y a una paz que ningún poder humano puede garantizar.
La ancianidad puede convertirse también en un tiempo propicio para iniciar o retomar una vida espiritual. «Nunca es demasiado tarde para comenzar a dirigirse a Él», afirma León XIV, quien recuerda que los mayores pueden seguir siendo un gran don para sus familias, para la Iglesia y para la sociedad.
El mensaje concluye con una llamada a la oración por la paz, especialmente ante la violencia bélica y social que marca nuestro tiempo. El Papa agradece a los mayores que sostengan cada día a la Iglesia con sus oraciones y les desea que el Señor los renueve «en la fe, en la esperanza y en la caridad».
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