El Papa León XIV da 5 claves para fortalecer la formación litúrgica
Recuerda que la liturgia no es asunto de expertos, pide formar a sacerdotes y fieles, y subraya la importancia del domingo, la reverencia y la fidelidad a los textos aprobados.
El Papa León XIV ha dirigido un mensaje al cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, con motivo de un encuentro celebrado en la Abadía de Mount Angel, en Oregón, dedicado a la formación litúrgica del pueblo de Dios.
En el texto, fechado el 29 de junio de 2026, el pontífice recuerda que la formación litúrgica no puede entenderse como “una especialización para unos pocos expertos”, sino como una disposición interior de todo el pueblo cristiano.
En el documento, León XIV ofrece varias claves para revitalizar la vida litúrgica de la Iglesia.
1º Una formación para todos
La primera idea es que la liturgia no pertenece solo a sacerdotes, estudiosos o responsables pastorales. León XIV anima a buscar caminos concretos de formación “en todos los niveles del Cuerpo de Cristo”. La liturgia, por tanto, exige una educación amplia, paciente y continua, capaz de llegar también a los laicos.
Al mismo tiempo, el Papa recuerda que hay una prioridad especial: la formación de quienes han recibido el sacramento del Orden. Los sacerdotes están llamados a ser “mistagogos”, es decir, a tomar de la mano a los fieles y acompañarlos en el conocimiento de los santos misterios.
2º El domingo como primera escuela
Para León XIV, la primera oportunidad práctica de formación litúrgica aparece cada semana, en la celebración dominical de la Eucaristía. No se trata solo de asistir a Misa, sino de comprender que el domingo se inserta en el ritmo del año litúrgico, con el Misterio Pascual en el centro.
Por eso, las celebraciones dominicales deben ser profundamente formativas. En ellas, los fieles aprenden el sentido de la fe no solo escuchando explicaciones, sino participando en la oración de la Iglesia.
3º Formados para la liturgia y por la liturgia
El Papa subraya que los católicos deben ser formados “para la liturgia” y también “por la liturgia”. La expresión resume una idea sencilla: hace falta preparación para celebrar bien, pero la propia celebración, cuando es digna y reverente, educa al creyente.
Esta formación incluye el llamado arte de celebrar, que no se refiere únicamente al sacerdote que preside, sino también a toda la asamblea. La liturgia no es una acción individual ni un espectáculo observado desde fuera.
4º Reverencia y fidelidad a los textos aprobados
Otra clave del mensaje es la fidelidad a los textos e instrucciones de la Iglesia. León XIV insiste en la necesidad de respetar los ritos promulgados por San Pablo VI y San Juan Pablo II, especialmente por parte de quienes preparan las celebraciones y de los sacerdotes.
Ese respeto, precisa, no debe ser solo formal o externo. Debe nacer de una actitud interior de apertura a Dios, humildad ante su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial.
5º Celebrar mejor para creer mejor
El mensaje deja una conclusión de fondo: la formación litúrgica no es un añadido decorativo ni un asunto secundario. La manera de celebrar influye en la manera de creer, rezar y vivir.
En este sentido, León XIV encomienda los trabajos del encuentro a María, Sede de la Sabiduría, y anima a seguir profundizando en una formación litúrgica que ayude a la Iglesia a celebrar con dignidad los misterios de la fe.
[Abadía de Mount Angel (Oregón, EE. UU.)]
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Les envío un cordial saludo a ustedes y a todos los reunidos en la Abadía de Mount Angel en Oregón, mientras debaten sobre el importante tema de la formación litúrgica del pueblo de Dios.
En su Carta Apostólica Desiderio Desideravi , que describe la belleza de la profundidad teológica y espiritual de la liturgia, el Papa Francisco enfatizó la necesidad de una formación atenta y continua tanto del clero como de los laicos para revitalizar la vida litúrgica de la Iglesia universal (cf. n.º 38). Posteriormente, nos recordó que este tipo de formación «no es una especialización para unos pocos expertos, sino una disposición interior de todo el Pueblo de Dios» ( Discurso a los participantes en el Plenario del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos , 8 de febrero de 2024). Por lo tanto, los animo a explorar caminos concretos para la formación litúrgica en todos los niveles del Cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, no debemos «excluir la prioridad en la formación de aquellos que, en virtud del sacramento del Orden Sagrado, están llamados a ser mistagogos, es decir, a tomar de la mano a los fieles y acompañarlos en el conocimiento de los santos misterios» ( ibíd. ).
Las primeras oportunidades prácticas para la formación litúrgica se presentan en nuestra práctica habitual de reunirnos cada domingo para celebrar la Eucaristía. Estas celebraciones se enmarcan en el ritmo anual del año litúrgico, con el Misterio Pascual como centro. Por ello, es fundamental que sean profundamente formativas, promoviendo una comprensión cada vez más profunda del arte de celebrar , expresado no solo por quien celebra la liturgia, sino también por toda la asamblea (cf. Desiderio Desideravi , n. 54). De este modo, mediante una educación adecuada y una liturgia reverente, los católicos se formarán tanto para la liturgia como por la liturgia (cf. ibíd. , n. 34).
Además, para promover la celebración digna de los sagrados misterios, debemos enfatizar la necesidad de fidelidad a los textos e instrucciones aprobados. En mis recientes catequesis sobre la Constitución de la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium , he llamado la atención sobre el respeto que todos aquellos llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, y los sacerdotes en particular, deben mostrar hacia los ritos promulgados por el Papa San Pablo VI y el Papa San Juan Pablo II . Es vital que este respeto «nazca de una actitud interior de apertura y confianza en Dios, manifestando humildad ante su grandeza y sincera fidelidad a la comunión eclesial» ( Catequesis , 27 de mayo de 2026).
Con estos sentimientos, encomiendo vuestras deliberaciones a María, Sede de la Sabiduría, y con gusto os imparto mi Bendición Apostólica a vosotros y a todos los presentes en esta reunión como prenda de sabiduría y paz en el Señor.
Desde el Vaticano, 29 de junio de 2026
LEO PP. XIV

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