Nuestro Obispo, don Antonio
Gómez Cantero, en su escrito de esta semana quiere hacernos una propuesta
novedosa para el Jueves Santo, celebrar un Cena de Pascua al modo del pueblo
judío.
En su artículo y en el
audio que adjuntamos explica como debería hacerse, y nos anima a que nos
mandéis alguna foto de esta cena (delegacionmediosteruel@gmail.com) y poder
publicarlas en nuestra web.
Estamos cerca del Jueves
Santo. Después del domingo y de una entrada en Jerusalén digna de un rey
mesiánico: ¡Hijo de David! gritaban, era el heredero de las promesas… pues
después de tanta algarabía las cosas se pusieron de mal en peor, los poderes
religiosos y políticos veían como se les removía el asiento. Todo un pueblo
gritando a un nuevo rey, era una pandemia peligrosa.
Jesús, sabiendo que había
llegado su hora, es decir, que le quedaba poco ya de trotar por este mundo,
adelanta la cena de pascua, algo tan sagrado para el pueblo judío y signo de su
liberación. Antes nadie se había atrevido a hacer algo así. Las tradiciones
eran inamovibles y perpetuas. Pero aquí puede el corazón a la Ley.
Nosotros, a causa de
nuestra pandemia, estamos también encerrados, los días trascurren en una lenta
monotonía, y el corazón nos pide encuentros de amistad, nos pide alegría y
fiesta. Es verdad que somos un pueblo creativo y las redes se han llenado de
simpáticas propuestas para salir del aburrimiento.
Este año que los católicos
no tendremos celebraciones de Semana Santa, más que las televisadas, este año
que no procesionaremos y no olerán a cera e incienso nuestras calles, ni se
llenarán de penitentes y turistas, podíamos celebrar el jueves la Cena de
Pascua. Es muy fácil, se trata de preparar la cena al modo del pueblo judío,
como lo prepararon los discípulos para estar con Jesús. Bueno todo esto dentro
de las posibilidades de este momento. Lo importante es que rompamos estos días
con una cena familiar entrañable, como hacemos en noche buena, pero con más
unción, haciendo memoria de aquel día en que Jesús, como siempre rompiendo
esquemas, se queda entre nosotros en un trozo de pan, nos da el mandamiento del
amor y para volvernos a repetir que los últimos serán los primeros lava los
pies a sus discípulos como un esclavo de la familia.
Como hace el pueblo judío,
nuestro hermano mayor en la fe, ese día sacaríamos el mantel bueno, la mejor
vajilla y cubertería, y además pondríamos unos candelabros o unas velas,
convenientemente adornadas en la mesa, como signo de fiesta. El mayor esplendor
para el mejor acontecimiento. Las familias judías tienen una vajilla especial
para este día, que heredan de padres a hijos. Por eso algunos, aunque les
gustaría que el cáliz de Jesús fuese de madera y pobre, como a Indiana Jones,
nada más lejos de la realidad.
El menú es muy sencillo:
ensalada de hierbas amargas (berros, lechuga, rúcula, canónigos…) pues los
egipcios amargaron la vida de nuestros padres (y el virus nos lo amarga a
nosotros). Cordero asado, pues con su sangre pintaron las jambas de las puertas
y se libraron del ángel exterminador, es decir de la muerte. Pan ázimo (sin
levadura) para estar preparados para salir a la tierra prometida a la
liberación. Y el vino, signo del reino nuevo y del cumplimiento de las
promesas. Después las comunidades judías de la diáspora (dispersados por todos
los países) añadieron humus, olivas, higos secos, dátiles y pastas. En fin, que
nos puede salir una buena cena para poder celebrar algo en medio de esta
travesía.
Ya os digo que esta cena
sería como una liturgia en casa. Comenzaríamos encendiendo las velas y leyendo
uno de los textos evangélicos que habla de la última cena, por ejemplo, en el
evangelista Marcos 14,12-26. Y luego a
celebrarlo, sigue habiendo esperanza para todos. ¡Ánimo y adelante!
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