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sábado, 25 de abril de 2020

LA CINCUENTENA PASCUAL



Pasada la octava de Pascua continúa el "gran Domingo" de la Cincuentena Pascual, que conviene que se diferencie de todos los otros ciclos por su carácter extraordinario y por el conjunto de sus signos festivos.

Los cincuenta días se celebrarán y se han de vivir (también en cuanto a los signos litúrgicos) como un solo Domingo prolongado.

Este "gran Domingo" constituye como una invitación a intensificar la vivencia de la originalidad radical del cristianismo como Evangelio o buena noticia festiva de la Resurrección que esperamos y pregus, tamos anticipadamente en estos días.

Para significar la novedad de la vida cristiana, durante estos días, en la Misa, se suprimen las lecturas del Antiguo Testamento, que son sólo figura y profecía de lo que Cristo, con su Resurrección, ya ha realizado.

Los cincuenta días de Pascua constituyen, pues, una única fiesta que celebra la presencia del Espíritu que resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros; la última semana, entre la Ascensión y Pentecostés, se distingue un poco e intensifica las alusiones al Espíritu Santo, pero está muy lejos de constituir un ciclo diverso (un tiempo de la Ascensión como se llamaba antes); la presencia del Espíritu Santo es propia de toda la Cincuentena, no sólo de sus últimas ferias.

SAN MARCOS, evangelista

Celebramos con gozo al apóstol y evangelista san Marcos.

Algunos creen que es el joven que huyó desnudo del huerto de los Olivos cuando prendieron a Jesús, y que se identifica con el Juan Marcos del libro de los Hechos (Hch 12, 12-27).

Es testimonio de la Iglesia naciente, compañero de Pablo en el segundo viaje apostólico.

Lleno de ternura, el mismo Apóstol escribe a Timoteo: "Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio" (2Tm 4,11).

También es colaborador de Pedro en Roma: "La iglesia que está en Babilonia (Roma), a la cual Dios ha escogido lo mismo que a vosotros, os manda saludos, y también mi hijo Marcos" (1P 5,13).

La tradición le conoce como "intérprete de Pedro" (Petri interpretes) y autor del segundo Evangelio.

La tradición antigua afirma que, tras la muerte de los apóstoles, partió de Roma, y puso los cimientos de la Iglesia de Alejandría, que custodia su memoria y venera el lugar de su  martirio.

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