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lunes, 20 de julio de 2020

CELEBRANDO EL DÍA DE MI SANTO



Hoy es el día de mi santo, o para ser más precisos, es el día en que celebro mi santo.

Una de las tradiciones más comunes en España es recibir felicitaciones de todo el mundo no solo el día del cumpleaños, sino también el del día que uno celebra su santo.

La fiesta onomástica (la de celebración anual del propio nombre) es común a casi todas las culturas por una razón muy simple, y es que el nombre era la materia prima de la celebración del cumpleaños; es decir que si el cumpleaños aportaba la fecha, el nombre aportaba el contenido de la celebración.

Con el paso de los siglos, esta costumbre se cristianizó, celebrando la onomástica en el día de la fiesta del santo con el mismo nombre, aunque no coincidiera con la fecha de nacimiento.

Actualmente se suele escoger el nombre del recién nacido por preferencia, aunque, a veces, también se escoge el nombre de algún santo esperando la protección a nuestro hijo en su vida futura. También es frecuente  poner a nuestros hijos el mismo nombre del padre, de la  madre, de los abuelos o algún familiar querido.

En cualquier caso, la Iglesia, al canonizar a miles de mártires y santos, lo ha hecho con la finalidad de proporcionarnos modelos de las muchas y diferentes maneras de seguir e imitar a Jesucristo.
  
Los santos interceden por nosotros a través y por los méritos de Jesucristo, efectivamente el único mediador. Los santos pueden interceder por nosotros precisamente por su unión con Cristo.

Todo eso son actos de amor y veneración, no de adoración; o en todo caso, una veneración que es compatible con la adoración a Dios porque no le sustituye, como es el caso de la idolatría.

Así de sencillo; cuando un católico realiza un acto de veneración respetuosa ante una imagen de un santo o de la Virgen, lo está haciendo a quien esa imagen representa.
  
La tradición cristiana también ha ido nombrando a santas y santos como patronos de pueblos, ciudades, naciones, gremios, profesiones, buscando su protección.


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