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viernes, 19 de febrero de 2021

PRESENTACIÓN DEL CICLO B PARA LOS DOMINGOS DE CUARESMA

Es decisivo seguir la proclamación de la Palabra de Dios en el ciclo dominical.

El ciclo A es siempre paradigmático, debe utilizarse siempre que en la comunidad haya catecúmenos.

Es tan importante este ciclo A que en los años B y C los textos propuestos quedan como lecturas opcionales para cualquier día de la semana.

El nuevo Leccionario, en la disposición de las lecturas, destaca perfectamente su importancia.

En la forma en que la Santa Iglesia lee la Escritura encontramos siempre círculos cada vez más convergentes y concéntricos alrededor de Cristo  Resucitado.

Todo lo que se da como "en parte" en la Liturgia de la Palabra cuaresmal se apiña en la Liturgia de la Palabra de la Vigilia Pascual: entonces se proclama el Evangelio de todos los Evangelios, el anuncio de la Resurrección de nuestro Señor.

Allí toda la Escritura se entrega como un "todo", puesto que todo se refería a Él.

En la catequesis de Emaús el Señor dice a los peregrinos: "Había de cumplirse todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos" (Lc 24, 44).

El ciclo B acude tres veces al Evangelio joánico para la elección de las perícopas evangélicas.

Marcos se lee el I y el II Domingo.

Los Domingos restantes, el Evangelio es según san Juan.

Con ello se centra más la temática cuaresmal en torno a la persona de Cristo y la identificación del cristiano con su Maestro.

I Domingo: El cristiano debe identificarse con Cristo que va al desierto para ser tentado, y escuchar la invitación a la conversión; debe subir al monte para recibir la confirmación del Padre y la presencia del Espíritu Santo en su misión: II Domingo.

Debe participar en el culto de la Nueva alianza, puesto que el antiguo culto fue abolido con la purificación del templo: III Domingo.

Debe elevar sus ojos hacia la Cruz, donde el Hijo del hombre será levantado, para tener vida eterna: IV Domingo.

Finalmente, debe participar de la condición del grano de trigo que a semblanza de Señor muere para dar fruto: V Domingo.

El ciclo de las lecturas en el año B realmente es precioso y cristiforme.

Las primeras lecturas, con su correspondiente Salmo responsorial, y acompañadas de la lectura apostólica, reproducen el esquema típicamente cuaresmal de las alianzas de Dios en la creación y en la historia de Israel: ciclo de los patriarcas, ciclo de Moisés y del Éxodo, ciclo de David y la promesa davídica y, finalmente, ciclo del exilio y retorno del exilio.

En el I Domingo, la alianza de la creación, que evoca el nuevo diluvio de salvación y debe leerse con la Profecía V de la Vigilia pascual, el oráculo de Isaías: "Con amor eterno te quiere el Señor"

El apóstol Pedro explica la tipología del diluvio en el Nuevo Testamento como figura del Bautismo.

En el II Domingo, el sacrificio de Abraham, como profecía del Hijo amado del Padre.

La misma lectura se repite en la Vigilia pascual y es comentada en la carta a los Romanos: "Dios no se reservó a su propio Hijo".

En el III Domingo, la proclamación de las Diez Palabras, los mandamientos de Dios, se completa con Aquel que es la fuerza de Dios y la sabiduría de Dios, segunda lectura, y se relaciona con la profecía de Baruc de la Vigilia pascual.

En el IV Domingo, la ira y la misericordia de Dios se manifiestan en el exilio y en la liberación de Israel.

Momentos que evoca la profecía de Ezequiel en la Vigilia pascual: el Señor reúne a su pueblo y derrama sobre él agua pura y crea un corazón nuevo.

San Pablo enseña que "muertos por el pecado somos salvados por pura gracia".

El Salmo "Super flumina Babylonis" es el canto de la Iglesia que, lejos del Señor, en tierra de exilio, canta la nueva Jerusalén.

En el V Domingo, la promesa de una alianza nueva, cuando el Señor, después de aquellos días, perdone los pecados del pueblo y escriba su ley en sus corazones y sean todos colmados de su conocimiento, de manera que no tendrán que ir por allí y por allá diciendo: "Conoced al Señor".

Evoca la profecía de Isaías, quinta lectura, de la Vigilia pascual: "Sellaré con vosotros una alianza perpetua".

Todo estaba orientado a la Resurrección de Cristo, y todo recibe luz, incluso lo que en el Antiguo Testamento estaba fragmentado y sin sentido, desde la Resurrección de Nuestro Señor.

Él lleva a su consumación todas las alianzas, pero todo vuelve a empezar con Él, en una Alianza Nueva y Eterna.

También universal.

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