Sólo queremos triunfar, Señor,
para eso se nos ha educado.
Hemos de ganar al otro, competir
sin parar,
medimos constantemente.
Y Tú nos recomiendas que perdamos
la vida,
mientras todo nos dice que
aprovechemos,
que no seamos pringados,
que hay que ser un lince
en este mundo loco que tenemos
montado.
No te rindas, no te dejes, no te
achantes,
no te compadezcas,
no mires hacia el otro,
para que no te brote el amor
que llevas dentro
y se acabe el juego de la
competición,
del desencuentro, de la
comparación,
del aparentar, del vivir
pomposamente,
creando envidias alrededor.
Quiero seguirte, Señor,
quiero perder la vida, el poder,
el prestigio,
la imagen, las mil cosas que
acaparo.
Quiero renacer a la sencillez,
a la escucha atenta a la vida del
otro,
a que me importe tanto lo suyo
como lo mío,
a que me duela todo dolor de mis
hermanos,
a mostrarme pequeño y frágil,
como soy,
a compartir mis dudas,
mis miedos y fracasos,
a triunfar todos juntos,
a lograr en común,
a regalarme hasta el último
rincón de mi ser.
Ayúdame, Señor, a dar mi vida,
mi tiempo, mis cosas y mi yo.
En tus manos me pongo,
haz de mí lo que quieras…
Contigo a mi lado… ya
no necesito ganar.
Mari
Patxi Ayerra
No hay comentarios:
Publicar un comentario