En el fragmento central del
capítulo 10 de san Juan se manifiestan los desvelos del pastor por su rebaño hasta la muerte y el
mutuo conocimiento de Él con sus ovejas,
un conocimiento cuya profundidad se
fundamenta en lo más íntimo de Dios: "Igual que el Padre me conoce y yo conozco al
Padre".
El pastor prefiere dar su vida por las ovejas antes
que abandonarlas.
Esto último es propio
de los asalariados.
En la primera lectura, el apóstol Pedro proclama el kerigma: es el Señor Resucitado quien ha realizado el milagro, no él.
Jesús, el Señor,
es realmente "la piedra
desechada por los arquitectos que se ha convertido en piedra angular, ningún otro nombre bajo
el cielo puede salvarnos".
Con razón la
asamblea reemprende una vez más el Salmo pascual por excelencia y se deleita en cantar: "La piedra que han desechado los arquitectos es ahora la
piedra angular".
San Juan, en su primera carta, escribe las palabras
esenciales: "Somos hijos de
Dios y aún no
se ha manifestado lo que seremos", sin embargo: "Veremos
a Dios tal como es".
La oración sobre las ofrendas posee un alto contenido de teología litúrgica: "Que
la actualización continua de tu obra
redentora sea para nosotros fuente de
gozo incesante".
El texto de la antífona de comunión no es bíblico, pero lleva la hondura de la
tradición litúrgica:
"Ha resucitado el Buen Pastor, que dio la vida por las ovejas y se dignó
morir por su rebaño" "Surrexit Pastor bonus".
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