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lunes, 19 de abril de 2021

III SEMANA DE PASCUA

 LUNES

Hoy y mañana en la primera lectura, el martirio de Esteban.

En el pasaje de hoy, el protomártir es acusado de "blasfemar contra la Ley", la misma acusación que profirieron contra Jesús.

Pervive también la acusación contra el templo santo por la cual igualmente se condenó al Señor.

Mientras discutían, la faz de Esteban se transfigura.

La presencia de Dios se irradia en el rostro de Esteban de tal manera "que les pareció un ángel".

Es la belleza del rostro de los santos: "no hay edificio de tanta hermosura como una alma limpia y llena de virtudes(Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección 28,9).

Durante toda la tercera semana de Pascua escuchamos la enseñanza de Jesús sobre el Pan de vida.

El motivo es "la gente que lo busca porque comieron pan hasta saciarse".

Sin embargo, el pan que el Señor da no es un alimento "que perece, sino que perdura para la vida eterna".

Por ese pan no es necesario trabajar, es puro don.

El único trabajo es creer que el Padre le ha enviado y "le ha sellado con el Espíritu".

La mistagogia de la Iglesia durante estos días tiene como objeto aden- trar a los fieles en el misterio inagotable de la Eucaristía.

 

MARTES 


Sin ningún temor, Esteban arguye contra sus acusadores: "Siempre  resistís al Espíritu Santo".

Sin piedad se lo quitan de en medio lapidándolo "fuera de la Ciudad", como con Jesús.

El Señor concedió a Esteban una muerte semejante a la suya, con una única diferencia: su plegaria es cristològica, "Jesús recibe mi Espíritu".

También, como Él, murió perdonando: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado".

Las capas las dejan a los pies del joven llamado Saulo y con ello se ex- presa el principio que más tarde formulará Tertuliano: "la sangre de los mártires es semilla de cristianos".

Se canta el Salmo 30 con el versículo que el Señor recitó desde la cruz: "A tus manos, Señor encomiendo mi espíritu".

En el Evangelio, Jesús dice claramente que Él es "el Pan de Vida", capaz de saciar el hambre y la sed insaciables del ser humano, anhelante y buscador del Dios vivo.

El pan del desierto, el que dio Moisés, era sólo una figura del pan que el Padre da "para la vida del mundo".

Los discípulos suplican: "Señor, danos siempre este pan".

Con el mismo tono y sentido que la samaritana suplica al Señor:

"Dame, Señor, siempre de esta agua" (Jn 4,15).


MIERCOLES

 

Se desata la primera persecución contra la Iglesia.

Una "persecución" que el texto de los Hechos califica de "violenta".

La Iglesia se dispersa por "Judea y Samaria".

Sin embargo, los que huyen no dejan de ser misioneros que van "de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva" de la Palabra.

Felipe, uno de los siete diáconos, predica la palabra en Samaría.

La alegría del Espíritu Santo llena la ciudad donde el Evangelio es predicado.

Así el Evangelio empieza a divulgarse "por toda la tierra", como dijo el Señor.

El Salmo 65, con su respuesta "Aclamad al Señor, tierra entera", es pascual y se canta también en la Vigila pascual: realmente, a causa del anuncio del Evangelio toda la tierra debe alabar al Señor.

La voluntad del Padre, en el Evangelio que se proclama, es: que no se pierda nadie, darles la vida eterna, Él mismo es la vida eterna, y resucitarles en el último día, un día que no tiene un día después.

Esa es la voluntad del Padre que el Hijo ha venido a cumplir.

La prenda es el Pan de la vida, que es él mismo: "Yo soy el pan de la vida".

En el lenguaje del IV Evangelio "ver" y "creer" son lo mismo. "Perderse" en el lenguaje del IV Evangelio es "quedarse sin Dios"; en realidad y casi literalmente, es "perder a Dios".

 

JUEVES 


En la perícopa de los Hechos, el bellísimo relato de la conversión del etíope.

Felipe explica al eunuco la verdadera exégesis del texto de Isaías que está leyendo desentrañando el enigma de la identidad del Siervo sufriente de Yahvé.

El orden es paradigmático, ya que primero es la fe y luego el sacramento de la fe: "¿Qué dificultad hay en que me bautice?"

Felipe, como nuevo Elías, "es arrebatado por el Espíritu".

El eunuco "sigue su camino, lleno de alegria", porque Cristo ha entrado en su vida con el sacramento.

Felipe continúa su tarea de misionero.

Démonos cuenta del protagonismo del Espíritu en el libro de los Hechos de los apóstoles.

El Espíritu siempre tiene la iniciativa.

Él pone a Felipe en el camino del funcionario real y cuando termina la misión "lo arrebata".

En el Evangelio, en  círculos cada  vez más anchos, el Señor finalmente dice: "El pan que yo daré es mi propia carne para la vida del mundo".

Hablaba así al mismo tiempo de su donación en la Cruz, perpetuada sacramentalmente en la Eucaristía.

La Palabra que el Padre dirige  al mundo es el verdadero alimento del hombre, es el "pan del cieloy, Jesús, como Palabra es este pan, y lo es como Palabra hecha carne y sangre.

En la Eucaristía hay que escuchar en la fe la Palabra encarnada pues el pan que recibimos es también esta Palabra encarnada: "escuchar, creer y comer" son una misma cosa.

Se termina el Salmo pascual  de ayer, el Salmo 65: "Aclamad al Señor, tierra entera", que canta la universalidad del don de Dios.

 

VIERNES 


En el capítulo 9 de los Hechos aparece ya la figura del apóstol Pablo.

Lo primero, en la lectura de hoy, es su conversión.

Cristo Resucitado sale a su encuentro en el camino de Damasco.

La luz fulgurante del Señor ciega a Saulo.

Lo ciega por exceso, tal es la cantidad y fuerza de esta luz.

"Recobra la vista" cuando recibe la luz de la fe por el Bautismo, es decir, cuando es capacitado para acogerla y asumirla.

Como en la fiesta de su Conversión, se canta el Salmo más breve del salterio, el 116: "Alabad al Señor todas las naciones".

Es una gema preciosa el verso que contiene toda la Revelación: "Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura para siempre".

En el texto evangélico, los judíos se preguntaban: "¿Cómo puede danos a comer ese su sangre?" 

Ellos "murmuraban", nosotros, la Iglesia, no podemos murmurar porque sabemos todo lo que ha hecho el Señor para darnos su cuerpo y su sangre: entregar sin reservas su vida en la Cruz.

Y los cristianos sabemos que su pan es "verdadera" comida y su sangre "verdadera" bebida, sin ningún ápice de simbolismo, sino desde el realismo dogmático de la transubstanciación.

Si no fuese verdadera, no sería posible la inhabitación trinitaria que se realiza cuando un cristiano recibe la sagrada Eucaristía.

La Eucaristía es comunión con Cristo: "Habita en mí y yo en Él".

La preciosa expresión "el que come vivirá por mí", se puede traducir también para mí.

Es decir, el cristiano vive por Cristo y para Cristo.

Él vive por el Padre.

Así termina Jesús su enseñanza sobre el Pan de Vida en la sinagoga de Cafarnaún.

 

SÁBADO 


Escuchamos el final del capítulo  de los Hechos, donde se describe la vida y el crecimiento de la vida eclesial con estas palabras: "La Iglesia gozaba de paz y se iba construyendo y progresaba en el temor de Dios con el consuelo del Espíritu Santo".

Luego se narran los milagros de Pedro, que actúa en el nombre del Se- ñor.

En Lidia cura al paralítico Eneas y en Jafa y resucita a Tabita, una mujer muy querida por la comunidad, reproduciendo el mismo gesto que hizo el Señor, años ha, con su suegra: "le dio la mano y la levantó" (cf. Mc 1,31).

El ministerio de Jesús es continuado por los apóstoles en virtud del Espíritu Santo.

En el texto evangélico, el desenlace del discurso en la sinagoga de Cafarnaúm: la llamada "crisis de Galilea".

Los que se quedan son unos pobres que no saben  a dónde ir si no está Jesús con ellos: andarían como perdidos, puesto que  saben que Él "es el Santo", referencia al sumo pontífice, y el que tiene "palabras de vida eterna".  El  salmista,  agradecido,  canta: ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?"

El cáliz que la Iglesia levanta es la Eucaristía de la Iglesia, la plenitud de su acción de gracias.

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