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domingo, 22 de agosto de 2021

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO

 

La asamblea de Siquén y la solemne renovación de la alianza en la primera lectura sitúan el desenlace del discurso del Pan de Vida en un contexto de alianza.

Jesús no retira nada de lo dicho e insiste que sus palabras "son espíritu y vida".

Ante Él no es posible la neutralidad.

De hecho, Judas no es el único que le traiciona, pues el Evangelio dice: "muchos discípulos suyos se echaron atrás".

Pedro confiesa la fe de los pocos que se quedan, el número no es importante para Jesús, y proclama que Él es el Santo consagrado por Dios, el pontífice de la Nueva Alianza.

También dice que sólo Él tiene "palabras de vida eterna".

La fe, al fin y al cabo, es un don de Dios: "Nadie puede venir a mí si el Padre no lo atrae".

Pedro es de éstos y, como él nosotros, aquellos que cada Domingo celebramos el Banquete que nos da la vida, vida divina, de gracia.

También en este convite se manifiesta que el Señor amó y se entregó a su Esposa, la Iglesia, y que por la Eucaristía la convierte en una esposa "sin mancha ni arruga".

La entrega del Señor es irrevocable y representa el cumplimiento final y definido de las promesas de Dios, incluso la de Siquén en la primera lectura.

El último Domingo de esta serie de "Domingos del Pan de Vida" se canta de nuevo el Salmo eucarístico por excelencia, el Salmo 33: "Gustad y ved que bueno es el Señor".

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