Domingo de los fariseos y la tradición
En la primera lectura
se contienen los mandamientos de Dios
que manifiestan su sabiduría, incomparablemente
más alta que toda sabiduría humana.
Jesús, en el Evangelio, predica el Reino de Dios, al cual se oponen tradiciones y doctrinas sólo humanas.
Los fariseos hacen ostensión de esos
rituales, y Jesús les recrimina duramente.
La citación solemne del
profeta Isaías ocupa el
lugar central del fragmento del Evangelio: "Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí".
Ante la nimiedad de las
prácticas judaicas de
limpieza, "purificación", Jesús se explicará
de manera dràstica, esto es válido para los cristianos formulistas de todos los tiempos: lo que ensucia, "contamina" realmente el corazón
del hombre es lo que sale de su interior, no lo externo.
Lo que sale del corazón y no está
plantado desde la Palabra
de Dios, como dice Santiago
en la segunda lectura: hemos sido engendrados
en la palabra de la Verdad y toda mentira ensucia
nuestro ser, le impide
brotar y crecer en humanidad.
La palabra que el Señor ha puesto en
nuestro interior es como una ley en
nuestros corazones, la auténtica Ley.
No sería bueno, y aún sería peor polemizar e incluso pelearnos, por los aditamentos de la tradición y dejar de lado lo
realmente essencial, "los mandamientos de Dios".
El combate espiritual
cristiano siempre tendrá como objetivo la pureza del corazón.
Son éstos los que viven en un corazón
puro, los dignos
de habitar en el "tabernáculo" de la
Iglesia del Señor, como canta y
recuerda el Salmo responsorial.
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