Señor,
que no sea yo
de
los que van viendo el error en el otro,
que
no cuide mi imagen,
para
que me valoren,
que
no quiera aparentar
más
de lo que soy,
que
enseñe mis fallos con libertad
y me
acepte con aciertos y errores, tal como soy.
Limpia
de nosotros, Señor,
toda
falsedad,
toda
mediocridad encubierta
o
apariencia engañosa,
enséñanos
a aceptarnos del todo,
como
Tú nos quieres,
a
potenciarnos comunitariamente,
a
facilitarnos la superación
de
dificultades,
a
darnos la mano para caminar
la
vida juntos,
y a
minimizar los fallos propios y ajenos.
Haznos,
como Tú,
cada
día más hermanos,
que
nuestro corazón amplíe sus puertas,
nuestra
mente sea comprensiva
con
toda situación,
nuestras
manos estén dispuestas
a
acoger a todos
y
nuestro espíritu sea empático,
como
lo era el tuyo.
Límpianos
de todo escrúpulo enfermizo,
borra
de nuestra mente toda culpa engañosa,
quítanos
las manías que nos separan
y las
rotundidades que nos alejan,
ensánchanos
el corazón y amplía nuestra mirada
para
entenderlo todo con cariño y respeto.
Mari
Patxi Ayerra
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