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domingo, 8 de septiembre de 2024

LA CURACIÓN


El apóstol Santiago menciona en la segunda lectura la "reunión litúrgica" en la cual, por el mandamiento divino, no debe haber acepción de personas ya que "los pobres de este mundo los ha elegido para ser ricos en la fe y herederos del Reino".

 

Somos por consiguiente "príncipes".

 

El Evangelio tiene una clara significación litúrgico-sacramental.

 

El Señor, con un gesto sacerdotal, mira al cielo y con la palabra "Effetá" destraba la boca del mudo y abre sus oídos.

 

Lo hace con su saliva, que contiene su hálito divino.

 

Así el Señor, por los sacramentos de la Iniciación cristiana, abre los oídos del creyente para escuchar la Palabra de Dios, y su boca para cantar su alabanza.

 

Es Dios quien abre los labios para cantar su alabanza, como se dice en el "Invitatorio".

 

Tanto el signo como la palabra "Effetá" pasaron a la liturgia bautismal.

 

El corazón de la Iglesia canta en el Salmo responsorial: "Alaba, alma mía al Señor".

 

La gente, admirada "en el colmo del asombro" decían de Jesús "todo lo ha hecho bien", que recuerda la bondad de la primera creación: "Vio Dios que era bueno".

 

El sordomudo anticipa la humanidad nueva, recreada y santificada por el Señor.

 

La fe y la gracia nos hacen capaces de escuchar la Palabra de Dios, de ser oyentes de la Palabra y oficiantes de una Liturgia de alabanza.

 

El contexto bautismal de la Liturgia de la Palabra de hoy se confirma con la antífona de comunión que reza: "como la cierva busca corrien- tes de agua".

 

Es el Salmo de la procesión -en la noche pascual- al baptisterio, y de los sedientos de Dios, quienes sólo se sacian en este mundo con las aguas del Bautismo y con el Banquete eucarístico.

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