PÁGINA PRINCIPAL

domingo, 1 de febrero de 2026

SERMÓN DE LA MONTAÑA


El Sermón de la Montaña, la carta magna de la predicación de Jesús, empieza con la proclamación de las bienaventuranzas.

¡Toda la enseñanza del Señor está ahí!

"Makárioi" significa "dichosos según Dios", no según "el mundo", en sentido joánico.

"Bienaventurados" podría traducirse como "bendecidos por el Señor" o "consagrados al Señor": son quienes le pertenecen.

El Reino no es algo prometido, sino algo concedido, ya dado: el Reino es  Dios mismo y no otra cosa.

El pasivo divino lo expresa: Dios es riqueza de los pobres, tierra prometida para los desheredados, misericordia suma para los misericordiosos, consuelo para los afligidos, saciedad para los que tienen hambre y sed de justicia, hijos suyos porque han trabajado por la paz, y dignos de contemplarle por ser limpios de corazón.

Los dones del Reino que el Señor da comparten el tiempo y la eternidad: llenan el presente y se manifestarán plenamente después.

La recompensa del cielo es Dios mismo, por eso deben alegrarse y hacer fiesta.

Dios es la fuente de la dicha.

Dios y sólo Dios es fuente de alegría.

Jesús, en la montaña, como nuevo Moisés, proclama la Nueva Alianza, y los discípulos, con una actitud de inmensa confianza, se acercan a Él.

Ellos manifiestan "el pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor", primera lectura.

Las bienaventuranzas que el Señor predica en la luminosa Galilea volverá a predicarlas desde la cátedra de la Cruz.

La Iglesia no debe tener otra pretensión sino manifestarse como el pueblo de las bienaventuranzas.

Unas bienaventuranzas que debe mostrar en su vida, es decir, en la existencia de todos y cada uno de los creyentes.

Por esos caminos transcurre su peregrinación en este mundo.  Por esas ocho vías va hacia Dios.

San Juan Clímaco, en su obra "Escala del paraíso"enseña que las bienaventuranzas son como una ascensión espiritual.

Realmente, es un don y el combate de toda una vida, pero sobre todo son siempre gracia y don del Espíritu Santo.

"El pueblo humilde y pobre" que escuchaba al Señor queda reflejado o mostrado por la comunidad de Corinto, segunda lectura, formada por gente de condición muy sencilla, pero a quien, por tres veces, Pablo afirma que Dios ha elegido.

También a cada uno de nosotros nos ha escogido, de manera que estamos, lit.: somos en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros "sabiduría, justicia, santificación y redención" (cf. 1 Cor 1, 27-30).

En lo juzgado como débil y necio por el mundo resplandece aún más la gloria y el poder de Dios.

En el Salmo responsorial, las bienaventuranzas se convierten en canto de alabanza.

En otro sentido, también el Señor refleja en las bienaventuranzas su propia persona, ya que Él las vivió una por una y en plenitud.

Por eso, uno de los himnos cristianos más antiguos canta: "¡Oh luz gozosa de la santa gloria del Padre celeste inmortal, Santo y feliz, Jesucristo!".

No hay comentarios:

Publicar un comentario