La concordancia entre
la primera lectura de Isaías y el Evangelio es perfecta, es una cita literal:
"para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías".
En Dios nada se precipita.
Jesús, al enterarse del encarcelamiento de Juan, vuelve a Galilea, pero no
a Nazaret, sino a Cafarnaún, la ciudad medio judía y pagana.
Allí, como una profecía, la Luz, Él mismo, empieza a brillar "para
los que habitaban en tierra y sombras de muerte".
He aquí que, en medio de la ciudad de los hombres y las mujeres, está la
presencia escondida de Dios.
Desde allí se siente fuerte la llamada a la conversión: "Convertíos,
porque está cerca el reino de los cielos".
En la sinopsis, la palabra de Jesús "està cerca el reino de los
cielos" significa "tener delante": porque Cristo ha
venido, me he de convertir.
No al revés.
La misión de Jesús no es individualista: desde el principio llamada
cooperadores, en el sentido propio de la palabra, que actúen juntamente con Él.
Los discípulos oyen la invitación sobrecogedora: "Venid en pos de
mí".
Ellos lo abandonan todo para seguirle, pero al final, ellos serán los
mismos que le dejarán solo.
Le abandonarán en la Cruz.
En la segunda lectura, queda claro que en la Iglesia están prohibidos los
partidos y las divisiones.
Todos formamos parte del Cristo.
En esta cuestión se juega algo tan grande y esencial como la eficacia de la
Cruz de Jesús: "Para no hacer ineficaz la Cruz de Cristo".
Toda persona que conoce el Cristo y contempla en la fe su Rostro pue- de
cantar: "El Señor es mi luz y mi salvación".
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