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sábado, 28 de enero de 2023

SANTO TOMÁS DE AQUINO

 

SÁBADO DE LA III SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

SANTO TOMÁS DE AQUINO, presbítero y doctor de la Iglesia

 

 

El 6 de diciembre de 1273, habiendo celebrado la Misa de San Nicolás, cuando Reginaldo, su secretario, esperaba que Santo Tomás reanudara el dictado teológico habitual, éste le respondió: "Reginaldo, no puedo, porque todo lo que he escrito parece como paja para ".

Después de la experiencia mística ocurrida durante la Eucaristía, ya no escribió nada más, pero su obra teológica es ingente y determinante en el pensamiento cristiano.

Por obediencia emprendió el camino para participar en el Concilio de Lyon, pero sufrió un accidente y enfermó gravemente.

Fue acogido en la abadía de Fossanova, donde los monjes cistercienses le atendieron.

Tras haber recibido la Unción exclamó: "Yo te recibo, rescate de mi alma. Por amor a ti he estudiado y velado, trabajado, predicado y he enseñado".

Falleció el día 7 de marzo de 1274.

Misa: Heb 11, 1-2. 8-19; Lc 1, 69-70. 71-72. 73-75; Mc 4, 35-41

El capítulo de las parábolas termina con la "cristofanía" de la tempestad calmada.

Las fuerzas del Mal quieren impedir que la Palabra sea proclamada en tierras paganes, "la otra orilla".

El escenario es la noche, la tempestad, el miedo y la barca casi a la deriva.

Jesús duerme confiado en la misión que el Padre le ha confiado.

El relato es una catequesis sobre la vida y la travesía de la Iglesia, que deberá vivir en la fe, como si el Señor no estuviese.

En Marcos, la barca simboliza la Iglesia.

Los discípulos despiertan al Señor con una palabra que suena a reproche.

Con ironía, el evangelista resalta cómo el Maestro les había prometido la vida eterna y ahora ellos persiguen salvar su vida temporal: "¿No te importa que nos hundamos?"

Jesús, en una imagen que preludia su gloriosa Resurrección, se levanta "exsurgens" e increpa al mar, casi como un exorcismo.

El mar es una realidad creada que no puede escuchar, pero pertenece al Padre y, por tanto, también a Jesús: por ello se calma, "Et facta est tranquillitas magna".

Se necesita una inmensa serenidad y paciencia para llegar a puerto, al destino.

No dejemos que olas del desánimo inunden la barca eclesial ni nuestra vida.

Jamás creamos que no importamos al Señor.

Él nunca deja de amarnos.

En la travesía eclesial no vamos solos: Jesús está con nosotros y navegamos al viento del Espíritu Santo, confiados todos en, con el Padre.

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