La Iglesia hace memoria hoy de la primera
aparición de la Virgen María a santa Bernadette, acaecida el 11 de febrero de
1858, en la gruta de Massabielle, en Lourdes. Un acontecimiento prodigioso que
ha hecho de esa localidad, situada en los Pirineos franceses, un centro mundial
de peregrinaciones y de intensa espiritualidad mariana.
En aquel lugar, resuena con fuerza el llamamiento de la Virgen a la oración y
a la penitencia, eco casi permanente de la invitación con la que Jesús comenzó
su peregrinación en Galilea: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está
cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» (Marcos 1,15). Ese santuario se ha
convertido, además, en meta de numerosos peregrinos enfermos, que al ponerse a
la escucha de María Santísima, reciben aliento para aceptar sus sufrimientos y
para ofrecerles por la salvación del mundo, uniéndoles a los de Cristo
crucificado.
A causa de este lazo entre Lourdes y el sufrimiento humano, hace quince años, el querido Juan Pablo II quiso que, con motivo de la fiesta de la Virgen de Lourdes, se celebrara también la Jornada Mundial del Enfermo.
Quisiera extender mi saludo a los agentes sanitarios de todo el
mundo, consciente de la importancia que tiene en nuestra sociedad su servicio a
los enfermos. Sobre todo deseo manifestar mi cercanía espiritual y mi afecto a
nuestros hermanos y hermanas enfermos, con un particular recuerdo para aquellos
que están afectados por enfermedades particularmente graves o dolorosas: a
ellos se dedica en particular en esta Jornada nuestra atención. Es necesario
apoyar el desarrollo de los tratamientos paliativos que ofrezcan una asistencia
integral y que dispensen a los enfermos incurables ese apoyo humano y
acompañamiento espiritual que tanto necesitan.
Quisiera encomendar ahora a la protección de la Virgen Inmaculada, con la
oración del Ángelus, los enfermos y los que sufren en el cuerpo y en el
espíritu en el mundo entero.
Hoy se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, encomendemos a la
protección materna de la Virgen María a cuantos sufren alguna enfermedad y a
sus familiares, para que sientan también en todo momento el consuelo de la
ternura y misericordia del Señor. ¡Feliz Sábado!
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