PÁGINA PRINCIPAL

Mostrando entradas con la etiqueta NAVIDAD. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NAVIDAD. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de enero de 2026

RENOVACIÓN BAUTISMAL

 


La parroquia de Santa Emerenciana acogió el pasado domingo, 11 de enero de 2026, la tradicional celebración de Navidad de Acción Católica en la diócesis de Teruel y Albarracín. El encuentro reunió a miembros de los distintos sectores del movimiento y a fieles de la comunidad parroquial en un clima de oración, participación y profundo simbolismo, coincidiendo con la solemnidad del Bautismo del Señor, que pone cierre al tiempo litúrgico de Navidad.

La celebración comenzó con el saludo de la nueva presidenta diocesana de Acción Católica, Rocío Féliz de Vargas, quien dio la bienvenida a los asistentes y presentó el sentido del encuentro bajo el lema «Hijos amados y enviados». Desde el inicio se subrayó la centralidad del bautismo como fundamento de la identidad cristiana y punto de partida de la misión laical en la Iglesia y en el mundo.

Uno de los momentos más significativos fue la lectura escenificada del Evangelio del Bautismo de Jesús en el Jordán, en la que participaron adolescentes y adultos. A través de un sencillo teatro leído, con la intervención del narrador, Juan el Bautista, Jesús y la voz del Padre, se recreó el pasaje evangélico que recuerda a cada bautizado su condición de hijo amado de Dios y su llamada a anunciar la Buena Noticia con la propia vida.

Tras la proclamación del Evangelio, se abrió un tiempo de silencio y reflexión personal, acompañado de música, que dio paso al diálogo en pequeños grupos. Las preguntas planteadas invitaron a tomar conciencia del significado del propio bautismo y a agradecer el don recibido. Como gesto comunitario, los participantes escribieron una breve acción de gracias que fue depositada simbólicamente en un “río” preparado en el presbiterio, evocando las aguas del Jordán.

La segunda parte de la celebración estuvo centrada en un recorrido catequético por los signos del bautismo: la cruz, el agua, la unción con el óleo, la vestidura blanca y la vela encendida. Cada símbolo fue presentado con una breve explicación y acompañado de gestos sencillos —como la señal de la cruz compartida, la aspersión con agua o el encendido de las velas— y de cantos que ayudaron a interiorizar su significado. Este itinerario permitió a los asistentes releer su propia historia de fe desde una clave adulta y comprometida.

Especial intensidad tuvo la renovación de las promesas bautismales, en la que los participantes reafirmaron su fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y expresaron su deseo de seguir a Jesucristo con ilusión, siendo sal y luz en los distintos ámbitos de la vida cotidiana.

La celebración concluyó con la presentación de un proyecto solidario de la Asociación Internacional de Caridad, destinado a apoyar a personas y familias en situación de vulnerabilidad, y con un gesto de colaboración económica por parte de la asamblea. La jornada finalizó en un ambiente festivo y fraterno, con una merienda compartida, prolongando el encuentro más allá del espacio litúrgico.

Una vez más, Acción Católica quiso hacer visible que la Navidad no se cierra solo con una fecha en el calendario, sino que se prolonga en una vida bautismal vivida con coherencia, compromiso y esperanza.

domingo, 11 de enero de 2026

EL BAUTISMO DEL SEÑOR


El Domingo del bautismo del Señor es el "primer" Domingo del Tiempo ordinario.


No sin razón teológica forma parte todavía del ciclo de la Epifanía y en cierto modo es su conclusión.

Es el inicio y la confirmación en el Espíritu Santo de la misión del Mesías.

El Hijo de Dios se ha manifestado al mundo y al mismo tiempo nos manifiesta al Padre.

Y es esto lo que subraya la Liturgia: una verdadera teofanía de la Trinidad.

El cielo rasgado pone al descubierto el misterio de Dios.

Jesús se revela como Hijo del Padre y Ungido del Espíritu.

El Padre manifiesta su complacencia en el Hijo muy amado.

Es inexplicable que en la reforma litúrgica este Domingo no tenga el rango de solemnidad ya que se trata de un misterio mayor de la vida del Señor: su bautismo prefiguraba el nuestro.

En la oración colecta se ruega: "Concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolència".

Hoy es un día apropiado para rememorar nuestro Bautismo. Rememorar, no renovar.

Será durante la Vigilia pascual cuando los cristianos renovemos propiamente, en sentido teológico fuerte, nuestras promesas bautismales.

Un signo apropiado para esta rememoración es la bendición y aspersión del agua al inicio de la Eucaristía, en lugar del acto penitencial.

 

Misa: Is 42, 1-4. 6-7; Sal 28, 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10; Hch 10, 34-38; Mt 3, 13-17

 

Hoy, en el bautismo de Jesús, se realiza la segunda epifanía, el cielo se abre: el Padre confirma y acepta la alianza de Jesús, "conviene que así cumplamos toda justícia", lo reconoce como el hijo amado y, con la donación del Espíritu Santo, lo unge como Mesías.

El relato deviene icono de la santa Trinidad.

"Convenía", este verbo es muy propio de Mateo, la obediencia de Juan, porque por él la fe de Israel, como en el seno de María en la Anunciación, se abriera al Mesías.

Él cumple la alianza de Israel largamente rota y asume la misión de iluminar los pueblos.

He aquí que el Señor ilumina la historia trágica de Israel y también la historia trágica del mundo, abriendo "los ojos de los Ciegos", de quienes vivían encerrados en sí mismos,  y "liberando de la prisión a los que habitan en tinieblas".

En la segunda lectura, escuchamos la predicación de Pedro en la casa de Cornelio, el centurión pagano: "Dios no hace acepción de personas, sinó que acepta al que lo teme y practica la justícia, sea de la nación que sea".

También proclama a Jesús de Nazaret, ungido en el Jordán, "que pasó haciendo el bien, curando y dando la libertad a todo el mundo porque Dios estaba con él".

El bautismo del Señor es el inicio del Misterio de Pascua, cuando el Señor será bautizado en la muerte para resucitar glorioso y dar el Espíritu Santo.

Prefigura el bautismo de la Nueva Alianza cuando los creyentes, sumergidos en la muerte y en la resurrección de Cristo, oyen la voz del Padre: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco".

"Hijos e hijas en el Hijo", son ungidos por el Espíritu en la crismación y participan de la misión de Cristo en la Iglesia.

La Liturgia, hoy, emplea en abundancia el Salmo 28 y lo aplica al misterio del Jordán, donde se ha escuchado la voz de Dios, pidiendo que la bendición que dirigimos a Dios se transforme en bendición para nosotros, una bendición de paz, "shalom".

La bendición siempre vuelve a quien bendice: "El Señor bendice con la paz".

La teofanía de Jesús en el Jordán llena de gozo toda la Iglesia.

martes, 6 de enero de 2026

EPIFANÍA DEL SEÑOR

 

La Epifanía del Señor no es un mero complemento del acontecimiento navideño.

Es una gran solemnidad, verdaderamente ecuménica.

Es la manifestación del Enmanuel al mundo, no como perteneciente al pasado, sino como actual y permanente.

El Hijo que nos ha sido dado está destinado a ser "Luz para todos los pueblos.

El inspirado y exultante pregón de Isaías, primera lectura, la Iglesia lo escucha como dirigido a ella: "¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor y su gloria se verá sobre ti".

También: "Levanta la vista en torno a ti, mira: todos esos se han reunido,  vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos".

La vocación de los gentiles a la fe es constitutiva para la naturaleza misionera del pueblo de Dios que, simbolizada como primicia en los magos, es un pueblo que camina,  "guiado por la estrella de la fe, para contemplar en el Reino consumado la hermosura infinita de Cristo", como dice la oración colecta del día.

En este peregrinaje sale al encuentro de la humanidad todavía "sin-Epifanía", para la cual Cristo es el "gran desconocido".

Lo hace para abrirles la puerta y llevarlos hacía Él, para que se unan al gran peregrinaje del pueblo santo de Dios.

Toda la Liturgia de la Epifanía es resplandeciente de luz pascual.

La Epifanía es la celebración siempre nueva y actual de la manifestación de Dios a nosotros, como canta el Invitatorio de la solemnidad"A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle".

La Epifanía del Señor, con su valor ecuménico y pascual, debe celebrarse con profusión de luz y de canto, tanto la Misa como la Liturgia de las Horas.

Después de Pascua es la solemnidad que sigue en importancia: así es vivida en la tradición de la "unam sanctam".

 

Misa: Is 60, 1-6; Sal 71, 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13; Ef 3, 2- 3a. 5-6; Mt 2, 1-12

 

Mateo es un gran teólogo y la narración de los magos es "Evangelio,   anuncio de salvación", hecho relato.

Los magos representan los paganos, que descubren, por la fe y escrutando  los cielos, que la luz que han visto en el oriente, "anatolê" se manifiesta  en el niño Jesús nacido en Belén.

El oriente es el lugar del nacimiento de la luz, "oriens ex alto".

Cuando lo encuentran, su alegría es "inmensa cayendo de rodillas lo adoraron".

Cuando los magos llegan donde está el Niño, tienen la certeza de que han llegado al lugar donde tenían que llegar, de estar finalmente donde el corazón los llevaba, de estar en casa.

Con sus dones anuncian la realeza del Niño: entre estos obsequios, destaca la ofrenda de la mirra, que significa ya la sepultura real del Mesías y, con ésta, el Misterio de la Pascua.

El acontecimiento es claramente simbólico: anuncia y preludia la elección de los paganos, más de una vez Jesús encontrará en ellos una fe más grande que la de Israel.

La lectura de Isaías es una verdadera oda de Epifanía.

La Iglesia, Jerusalén, no tiene luz propia, pero ahora ha llegado su luz y ha amanecido sobre ella "la gloria del Señor".

Por esta razón, únicamente por esta razón, la Iglesia puede contemplar cómo los pueblos "caminan a su luz, al resplandor de su aurora".

Se trata del nuevo pueblo de Dios, elegido entre todos los pueblos  de la tierra, de la que los magos son las primicias.

Pablo lo anuncia solemnemente en la segunda lectura: "los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa  en Jesucristo, por el Evangelio".

La Iglesia de Cristo en la fe ve la estrella que resplandece en Cristo y cómo su claridad resplandece en el mundo entero.

La estrella es Cristo: "la estrella de la mañana" (Ap 2,28; 22,16), "la estrella de Jacob" (Núm 24,17) y la estrella fulgurante o "relámpago" de la parusía (Mt 24,27).